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Artículos - marzo 2008

Los eventos, actos y proyectos en los que los automóviles y los museos de bellas artes se dan la mano no siempre suceden en las lejanas megápolis de Estados Unidos o en los tecnificados espacios de la potente Alemania. A veces, en lugares más próximos, se produce de forma magnífica y fluída ese abrazo.

El Museo Würth de Agoncillo, junto a Logroño, es un interesante y reciente espacio de arte contemporáneo puesto en marcha por Würth España. Siguiendo el modelo de gestión museística que la marca ya ha desarrollado para el museo que la empresa tiene en Alemania, junto a la planta de Agoncillo se construyó un atractivo y luminoso edificio que albergase parte de la extensa colección de arte (en torno a 11000 piezas) que ha ido acumulando con el paso de los años bajo la dirección del patrón Reinhold Würth. La exposición inaugural, Figura Humana y Abstracción: esculturas de los siglo XX y XXI, que ha mostrado obras de Max Bill, Jean Arp, Hans Hartung o Richard Deacon, cerrará el 13 de abril después de más de seis meses, con algunas obras que permanecerán en el museo como emblemas, especialmente la colosal cabeza de "Lillie", de Manolo Valdés (Uno de los ex-componentes de Equipo Crónica)

El pasado 11 de marzo, como conmemoración de la vuelta a las actividades del Automóvil Club Rioja después de dos décadas, se abrió en el Museo Würth una exposición temporal de vehículos clásicos que cierra hoy día 25, y con la que se produce también uno de esos interesantes y escasos encuentros físicos entre el automóvil y los museos. El edificio, un atractivo proyecto de Ingenieria Torrella, que ya había desarrollado otros proyectos para Würth, encontró un aliado magnífico para sus estructuras metálicas en los brillantes capós de los coches, que se miraban de reojo con la colosal "Lillie" de Valdés y su inmensa pamela. El venerable Ford T, un hermosísimo Bentley 3 litros, el Ford Fairlane que se aventuró por estas tierras, y un pasional Ferrari Mondial T que escoltaba la entrada al lugar donde se encontraban el resto de los clásicos descapotables. Junto a unos dibujos de Chillida reposan elegantemente un Jaguar, Austin Healey, Porsche 356, Alfa Spider, Triumph, una réplica del poderosísimo Cobra 427, y uno de los poquísimos y exclusivos Auto - Unión Type C V16... a pedales.

Las brillantes carrocerías de los coches parecían un perfecto complemento para la inmensa superficie acristalada del museo, y sus personales estructuras metálicas simbolizadas en la garra que permite anclar los cristales, y que está diseñada específicamente para el edificio. En cierto modo, es inevitable recordar en esta simbiosis la ya mencionada aqui barrera acústica de Utrecht, de ONL, con su concesionario de coches de lujo en su interior. Pero al tiempo, producía una extraña sensación de complicidad la inmensa cabeza de "Lillie", la reinterpretación de Valdés de ese personaje que se aprecia en el fondo del "Bar del Folies-Bergere" de Manet, a pocos metros del sedoso Bentley descapotable, como esperando a poder salir con él a dar un paseo por la tierra de La Rioja.

El Automóvil Club Rioja reaparece pues con un acto tremendamente interesante, una exposición en un museo de arte contemporáneo, una asociación, la del automóvil como objeto de diseño e incluso de arte, y el museo, que en si misma sugiere y conduce a interesantes reflexiones que ya abordamos en este mismo blog extensamente en el artículo "Coches de muestra. El automóvil en las exposiciones temporales de los museos de arte". Pero además del celebrado acto, es también muy de agradecer que un museo de arte contemporáneo, que ya en su concepción es singular (mantenido y financiado con el capital de una empresa privada en el que exponer su colección de arte, modelo no extraño en Estados Unidos y algunos lugares de Europa, pero prácticamente inédito en España), además muestre, aunque de forma modesta en estos inicios, que se encuentra abierto a visiones amplias acerca del arte contemporáneo y la cultura en el siglo XX que instituciones mayores o más veteranas no se han atrevido a abordar.

Una vez cerrada la exposición, el recuerdo de la experiencia queda como un breve pero prometedor inicio para ambos, y como una muestra casi inédita en España de esa unión entre automóvil, museo y arte contemporáneo que es, como sabéis una de las líneas por las que desde ¿Dónde está el depósito...? exploramos la relevancia del automóvil en el arte y la cultura del siglo XX.

En repetidas ocasiones hemos mostrado y mencionado en ¿Dónde está el depósito...? la labor de los fabricantes de automóviles como mecenas del arte a pequeña o gran escala. Desde la construcción de grandes edificios a la financiación de concursos para artistas noveles, el compromiso de las marcas con el arte, interesado o no, es evidente desde temprano en el siglo XX.

Decir Daimler - Benz es, hablando de automóviles, como decir Homero hablando de literatura: el principio y la referencia. Mercedes, la marca estrella del grupo es, después de casi un siglo, mucho más que un nombre de mujer, es un referente social de lujo y estatus, pero también de elegancia, innovación y diseño. Aunque desde los mismos inicios los Mercedes estuvieron vinculados al diseño, el arte y el estilo (nada más hay que ver historias como la del Mercedes del Conde Trossi o la preciosa historia del "Black Torpedo" del fotógrafo David Douglas Duncan), no fue hasta 1977 cuando el grupo Daimler decidió que su entonces pequeña colección de arte debía prestar además un servicio a la sociedad y tener un sentido unitario.

Centrada en el Modernismo y en el arte alemán representativo de ese periodo, la Colección de Arte de Daimler Benz consta hoy en día de en torno a 1500 obras fundamentalmente de artistas alemanes, pero también de artistas internacionales de gran relevancia. Si bien en la colección hay una dominante, que constituye su núcleo central, en torno a la Escuela de Stuttgart, con nombres relevantes como Oskar Schlemmer o Jean Arp, en ella se encuentran obras de otros creadores esenciales, como el omnipresente Warhol, pero también Jeff Koons, Nam June Paik, Keith Haring o Frank Stella. Lo cierto es que la colección de arte de Daimler, si bien no es comparable a la de museos de gran envergadura, está bien construída desde unos presupuestos artísticos definidos y sólidos. En palabras de Renate Wiehager, directora de la colección, "...orientando intensamente los contenidos hacia posiciones abstracto-constructivistas, conceptuales y minimalistas..." se ha conseguido un perfil nítido, particularmente bajo el comisariado de Hans J. Baumgart, y especialmente después de la apertura de su propio local de exposiciones en Postdamer Platz de Berlin, en 1999. La colección se gestiona con un marcado carácter filantrópico, de manera que se expone en muestras temporales tanto en las oficinas y plantas del grupo de Berlin, Stuttgart y Sindelfingen, como en colaboración con otras insituciones privadas y públicas dedicadas al mundo del arte.

Por esta tendencia a la itinerancia y la interacción, en España se han podido ver recientemente dos exposiciones con obras de la Colección Daimler, ambas organizadas por la Fundación Juan March.

Una de ellas "Antes y después del minimalismo", expuesta el Museo de Arte Contemporáneo Español de Palma entre el 22 de mayo y el 1 de diciembre de 2007, en la que se exploraba la influencia del minimalismo en el arte del siglo XX, con obras de muchos artistas entre los que se podía encontrar a Josef Albers hasta Sol LeWitt.

La otra se encuentra en exposición actualmente en la sede de la Fundación Juan March en Madrid, bajo el título "MaxiMin: Tendencias de máxima minimización en el arte contemporáneo", y durará hasta el 25 de Mayo. En ella se investiga acerca de la relación del minimalismo con el contexto de la abstracción y también con el de la figuración, por su carácter de "reducción formal" en nueve ámbitos temáticos diferentes.

La Colección Daimler tiene, no obstante, como tesoro más codiciado, la colección de obras sobre modelos de la marca realizada por Andy Warhol en 1986 y sobre la que hablaré próximamente. Estas obras, que han contribuído tanto a la popularización del arte entre los aficionados al automóvil, como a la popularización de los coches entre los aficionados al arte, son un emblema para la marca, y una perfecta guinda para una pequeña pero bien construída colección de arte. Y es que en un espacio como el Departamento de Arte del grupo Daimler, es posible hablar de minimalismo y constructivismo, al tiempo que de motores rotativos o mecanismos de inyección directa de gasolina, sin que sea un sinsentido.

Quizá algún día todas estas obras constituyan un gran museo con colección permanente, el que sería el primer museo de arte creado por un fabricante de coches en Europa. Mercedes ya ha mostrado muchas cartas con su espléndido museo creado por UNstudio, y tiene una buena colección de arte. Los caminos apuntan en ese sentido.

En cualquier ranking de los diez iconos más relevantes del siglo XX, aparecerían, sin duda, Andy Warhol, y el VW Beetle. La imagen del coche diseñado por Ferdinand Porsche, y la interpretación en clave artística de la cultura popular, mucho más allá de la pintura, realizada por Warhol, constituyen dos pilares clave que permiten entender el desarrollo cultural y social del siglo XX respecto a épocas pasadas. Sobre ambos hay muy poco que se pueda decir que no se haya dicho ya o que no esté a un click de Internet, y ambos han sido mencionados repetidamente por una u otra razón en este blog. Ahora, el día 1 de Abril, en el local de Sotheby's en New Bond Street de Londres, se subasta una obra de Warhol que une a ambos mitos, una de las serigrafías de la tirada de 190 que Warhol realizó con el motivo de la mítica campaña "Lemon" de DDB para el VW Escarabajo en Estados Unidos.

Warhol es un artista de vital importancia no sólo por su obra artística, sino por su actitud en torno al arte y su vida pública. Pero dentro de su obra, que es muy interesante, son terriblemente populares algunas estampas,como las Marilyn coloreadas o las "Sopas Campbell", etc, que son a día de hoy iconos identificativos del siglo XX. En los últimos años, el artista realizó algunas series de serigrafías sobre Mitos (de la cultura popular, como Superman, Mickey...) y otra sobre publicidad y anuncios. Esta última, principalmente desarrollada en torno a 1985, dos años antes de su muerte, aparte de un cartel chino de "Rebelde sin causa", un retrato de Judy Garland, el logotipo de la Paramount o un anuncio de Chanel, Warhol reinterpretó uno de los anuncios más famosos de la historia de la publicidad, que es el anuncio de un coche, quizá el coche más famoso de la historia del automovilismo. "Lemon" es una de las míticas campañas de DDB que propiciaron en los años 50 y 60 el milagro del Escarabajo en Estados Unidos (y sin las cuales el coche no sería lo que es hoy), y de la que ya hablé en un artículo monográfico. Warhol escogió el anuncio de DDB para Volkswagen por su gran significación y modernidad, y también por el objeto que anunciaba, e hizo una de sus coloridas reinterpretaciones, con un resultado plenamente reconocible y personal. Warhol ya había tratado el tema del automóvil, aparte del célebre BMW M1, (el centro de la cultura pop) en otras conocidas series, como Car Crash, y en la exposición póstuma "Cars" de 1988 en el Guggenheim, comisionada por Mercedes - Benz, pero eso es otra historia para ser contada en otro momento.

Ahora, de aquella serie de 190 serigrafías sobre el anuncio "Lemon", se subasta la número 29, con un precio estimado de venta entre 8000 y 12000 libras esterlinas (entre 10500 y 15800 euros), en el lote 512 de la subasta de Sotheby's. El precio de la serigrafía no es muy elevado si lo comparamos con las 80000 libras de una Marilyn, las 35000 libras de un Mao o las 20000 de un Mick Jagger en la misma subasta.

Asi que si alguien tiene algo de liquidez y un hueco de un metro por un metro en una pared, puede pujar por una pieza de enorme densidad mitológica en la cultura del siglo XX, y que no es inalcanzable como un Goya. Y si alguien se ve empujado a hacer un regalo de 15000 euros, le doy mi dirección rápidamente...

 

Desde las primeras gasolineras, la forma que han tomado para configurarse se ha dilucidado en una pugna entre los lugares arquitectónicos singulares, como el extraño Chinese Garaje de Beckenham, en el condado de Kent, construído en 1928, y las estaciones de servicio de las grandes cadenas petroleras, que surgieron principalmente en Estados Unidos, y de la que son una buena muestra las gasolineras de Texaco diseñadas en los años 20 por Walter Dorwin. En la actualidad, prácticamente todas las gasolineras responden al segundo tipo, al de las gasolineras diseñadas para ser instaladas en cualquier parte del mundo. Pero eso no quiere decir que no tengan su valor arquitectónico.

En 1997, Repsol decidió renovar la imagen de sus estaciones de servicio, y tratar a través de ello de actualizar la imagen corporativa de la marca. Para ello, proyectó una serie de novedosas estaciones de servicio que encargó al arquitecto inglés Norman Foster, de cuya factoría surgió un interesante diseño para dichas estaciones de servicio. La base es una serie de elementos verticales rematados en unas pérgolas de estructura piramidal invertida, y de planta cuadrada, que se reparten a diferentes alturas cubriendo toda el área abierta de la estación. Las "palmeras" se decoran en los tres colores corporativos de Repsol, blanco, naranja y rojo, dejando por otra parte un gran espacio diáfano y muy luminoso (aunque probablemente no sea la fórmula más eficaz de guarecer de la lluvia) Repsol repartió por España unas 200 estaciones de las diseñadas por Foster a partir de 1997.

Paradójicamente (teoría de la percepción pura) una de estas elegantes agrupaciones de "palmeras" se encuentra muy cerca de mi casa, en la autovía de Zaragoza a Logroño a la altura del barrio rural de Villarrapa, y junto al restaurante "Los Faroles", en dirección Zaragoza. Instalada en 2001, se trata de la única estación de Foster en territorio de Aragón, como comenta sonriente Alfonso, el encargado, que me ayudó amablemente en una ventosa y horriblemente fría tarde de cierzo. Los parterres que la rodean discretos pero agradables jardínes de grava blanca de mármol, fueron una adición personal para esta gasolinera incorporadas por el propio Alfonso. Aunque la posición de la estación, totalmente expuesta al pertinaz Cierzo de Zaragoza, hace que a menudo no sea muy acogedor pasear junto a ella, sin duda al pasar por la carretera se aprecia que aquella gasolinera no es una cualquiera, y si al detenerse en ella, se separa uno unos metros de los surtidores y observa con detenimiento las palmeras, se percibe el trazo limpio y atractivo del objeto arquitectónico de diseño creado por el equipo Foster, metálico pero cálido y atractivo.

Foster diseñó también la Torre Caja Madrid, un rascacielos construído en los antiguos terrenos de la ciudad deportiva del Real Madrid, y destinado a ser la sede central de Repsol en España. Aunque la compañía ha decidido cambiar su estategia y actualmente se construye su propia "ciudad empresarial" en la zona de Méndez Alvaro, bajo proyecto de Rafael de la Hoz, la torre de Foster sigue en construcción y Repsol mantendrá su propiedad. Cuando esté acabada será uno de los edificios más altos de España, en torno a 250 metros.

Las gasolineras fueron uno de los primeros tipos arquitectónicos que aparecieron como consecuencia de la invención y popularización del automóvil. No fueron las carreteras, que eran sobre todo antiguos caminos de carreta, ni siquiera los aparcamientos (los particulares tenían caballerizas que transformar y los parking públicos no tenían sentido), sino las gasolineras. Aquellos nuevos "coches de caballos sin caballos" eran artefactos extraños que precisaban de un carburante para funcionar que se servía por litros directamente al depósito, lo cual obligaba a una estructura para las "postas" o paradas en los caminos, diferente a la necesaria para refrescar y alimentar un caballo. Las gasolineras pronto se convirtieron en lugares de referencia en la cultura, la literatura y el cine, y en todo caso símbolos, particularmente en el medio rural de la inequívoca llegada del progreso.

Aún hoy, proyectos como el de Foster son un ejemplo de que el automóvil sigue siendo un factor de dinamismo en el mundo de la arquitectura, más allá de las carreteras. La arquitectura "de servicio" se ha convertido en sí misma en un tipo de prestigio en cuanto, en los últimos años, algunos arquitectos de nivel mundial han desarrollado algunos proyectos, como el intercambiador de autobuses de Estrasburgo, de Zaha Hadid.

Así, hasta que se construya definitivamente el edificio central de la Ciudad del Motor, quienes paséis junto a la gasolinera de Villarrapa podéis deteneros a ver un Foster menor.

* Muchas gracias a Chemi, una vez más, por la información que dió lugar en origen a este artículo, y a Alfonso por su amabilidad al explicarme algunos detalles de la estación Repsol de Foster en Villarrapa.

 

Oi hablar por primera vez de Alessandro Baricco en casa del gran Alejandro (no confundir con Alejandro Magno). Me habló de "Seda" su tercera novela, y creo recordar que también de "Oceano Mar". Puede incluso que en algún momento haya oido hablar a Sierra de este autor. Es curioso que ¿Dónde está el depósito...? haya propiciado que Baricco vuelva a cruzarse en mi camino, o más bien que Toni y Ruth me lo hayan descubierto a través de una historia tan hermosa. Porque "Esta historia" es una novela con coches desde la primera página a la última, pero es ante todo una hermosa y profunda historia.

Lo primero que debería decirse de "Esta historia", de Alessandro Baricco, es que no es una novela "de coches". Diría más bien que es una novela "con coches", con muchos coches, pero en la que aparecen siempre de una forma muy lírica y escenográfica, más que como personajes protagonistas. Lo segundo que conviene decir es que es un libro que no gustará a los aficionados a los coches que si no lo son además de la literatura, porque el libro encierra una cierta dificultad para su lectura algo superior a del estandar de los "best-seller" de consumo rápido. Dicho esto, "Esta historia" es una novela que puede emocionar y atrapar irremediablemente a quienes perciban a los coches y el automovilismo como algo especial, que forma parte de la historia del siglo XX, pero sobre todo que se percibe por canales alternativos a los de la razón, las fichas técnicas y los datos.

En la novela, los coches, los circuitos y las carreras van estando presentes en las vidas de los protagonistas desde el mismo inicio de la novela, un precioso y elegante relato acerca de la fallida carrera Paris - Madrid de 1903, hasta las Mille Miglia, pasando por la implantación del automóvil en la sociedad de principios de siglo, las dos guerras mundiales o la aparición y popularización de los circuitos de velocidad. Se trata de las vidas de las personas que nacieron prácticamente al tiempo que el automóvil, y que quedaron fascinados, horrorizados o simplemente descolocados por la aparición de este invento.

Pero es también la vida de una generación que, en Europa, tuvo que vivir las dos Guerras Mundiales (la Primera, un conflicto devastador y desproporcionado), pero también vivió la épica exploración del polo sur o la transformación definitiva del mundo del arte. Por tanto, en el trayecto que recorre la novela, vamos conociendo las vidas de diferentes personas vinculadas al mundo del automóvil, precisamente haciéndolos a ellos protagonistas, pero al automóvil y las carreras el hilo conductor. Desde Libero Parri, un agricultor italiano que percibe que el futuro debe pasar por el automóvil, hasta su hijo Ultimo, un niño fascinado por esas máquinas y los caminos que recorren, pasando por el conde D'Ambrosio, un aristócrata que encuentra en las carreras de coches de principios de siglo. Y todo ello con paisajes en los que aparecen nombres como Itala Pescara, Tazio Nuvolari, o el sensual Jaguar XK120.

Si existen las "novelas rio", la de Baricco sería más bien una "novela carretera". Con su destino impreciso pero inexorable, sus lentos ascensos, sus zonas de curvas ciegas y de radio variable, sus sinuosos descensos junto a los barrancos, y sus tramos llanos y sosegados pero igualmente hermosos. La carretera con la que sueña Ultimo Parri, la carretera que es una vida.

Todo al final gira en torno a la construcción de un circuito, que no es sino una perfecta metáfora de la vida. Ciclica, sinuosa, pero siempre diferente. Dieciocho curvas para una filosofía de vida. Si en una carretera ves algo más que una línea en el mapa, y en un coche algo más que un medio de transporte, probablemente cuando hayas leído "Esta historia" creas que ha valido mucho la pena.

* Muchísimas gracias a Toni y a Ruth por haberme dado a conocer este libro, que no sólo me interesa para ¿Dónde está el depósito...? sino que también he disfrutado profundamente en lo personal.

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