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Artículos - noviembre 2008

martes, 25 de noviembre de 2008 18:34

Banksy is innocent! Los coches en la obra del grafitero más famoso del mundo

El graffiti es, probablemente, la manifestación artística con más densidad cultural de las que han surgido en las últimas décadas, y la más característica de la sociedad contemporánea. Aglutina las claves de nuestra "cultura de ciudades" en la forma de expresión, su plástica y su sintaxis, y probablemente es, a caballo del siglo XX y XXI, la manifestación artística con mayor capacidad de representación del presente y aceptación popular, por encima de cualquiera otra de las "grandes" artes, arquitectura, escultura, pintura convencional, y prácticamente más allá del cine. Creo que, al margen de otros debates no relacionados con el arte, el graffiti moderno es la manifestación artística y de cultura popular más genuina del tiempo que vivimos.

Probablemente Banksy es el grafitero más famoso del mundo. Aunque la definición "artista callejero" cobra en el caso de Bansky, (y en el de algunos otros grafiteros) su significado más acertado. Sea por sus obras en los muros de muchas ciudades del mundo, algunas emblemáticas y auténticos iconos, o por sus actuaciones introduciendo obras falsas en algunos de los museos más importantes del planeta, Banksy es alguien de quien mucha gente ha visto obras o ha oido hablar, incluso aunque no sepa su nombre. El grafitero que pinta con plantillas, es en realidad mucho más que un mero artista urbano, y en torno a él se establecen debates que se anclan en el mismo núcleo de la Teoría del Arte y de la Historia del Arte.

La obra de Banksy es, ante todo, crítica y militante. Las guerras, el poder económico, la misión alienante de la televisión y los medios de comunicación, el cuestionamiento del poder establecido y la sociedad regida por las normas, la libertad frente a las vidas anuladas del mundo urbano occidental... cada obra de Banksy es un alegato, una "pastilla roja" ofrecida a los ciudadanos para que salgan de su letargo y se planteen el mundo que les rodea y en cierto modo les empuja. Y esto lo consigue Banksy con un método perfectamente clásico y eficaz en el arte: el juego con las imágenes y los significados, las situaciones arquetípicas vistas al revés (la niña cacheando al soldado invasor), la invisible poesía de lo cotidiano, y la liberación de algunas formas de sus grises existencias para convertirse en símbolos de libertad y de humanidad. El mundo que dibuja Banksy es duro, ácido, incómodo. Y por ello moderno y transgresor. Sirviéndose de los animales para transmitir sus mensajes, siendo una perfecta transposición de las personas, como con sus fetiches, la rata urbana y el mono, que aparece una y otra vez en su obra invadiendo vallas, paredes y rincones de la ciudad (en una de sus más recientes obras, una falsa tienda de animales en Nueva York, la estrella es un inquietante mono que hace zapping ante la TV con sus auriculares). La obra de Banksy, en resumen, no deja de ser como la de unos modernos "Caprichos" goyescos, en los que los animales simbolizan a la sociedad, y en las que las imágenes siempre son lo que no se espera de ellas, con una profunda carga crítica acompañándolas. Unos "caprichos" urbanos que han bebido tanto de Hopper como de los surrealistas, particularmente de Magritte.

Pero entonces ¿que representan los automóviles en la obra de Banksy? Como decía más arriba, el inglés tiene un objetivo primordial en sus críticas: la sociedad capitalista y de consumo. Pero sus principales enemigos parecen ser la televisión, los poderes corruptos, y sobre todo el aletargamiento de las clases medias. Y dentro de este bestiario del mundo capitalista, el automóvil tiene generalmente un papel pequeño pero muy interesante: el de fósil arqueológico. Para Banksy, el coche es un habitante más de nuestras ciudades en cierto modo condenado a desaparecer. O que, como las calaveras de vaca, en su putrefacción final indica el lugar donde la vida se encuentra amenazada. Los coches abandonados aparecen en la iconografía de Banksy como símbolos de un pequeño fin del orden conocido, de una escatología de andar por casa.Para ver cómo se plasma esta idea en la obra del artista, basta con atender a unos pocos de sus dibujos y graffitis.

En su serie de cuadros clásicos paisajistas (y retratos) reinterpretados, Banksy coloca un coche destrozado y a su vez pintado con espray, en medio de un paisaje perfectamente clásico y bucólico al estilo de las pinturas de Constable. "Car Wreck" sitúa  un pedazo de nuestra civilización abandonado en un cuadro del siglo XVIII, muy en la línea de otras obras de la misma serie, donde en medio de otros clásicos paisajes ingleses aparecen cámaras de vigilancia (otro de sus temas recurrentes) o espacios acordonados por la policía para la investigación de un crimen. "Car Wreck" es una avispada declaración de intenciones y una de las muchas ocasiones en las que Banksy se sirve de la unión del arte clásico con la cultura urbana para mandar su mensaje.

En el mismo sentido se encuentra "Car" en la que unas cuantas personas de raza negra enarbolan sobre un coche una bandera de los Estados Unidos en una recreación de la famosa foto de Joe Rosenthal en la colina de Iwo Jima. Si la foto de Iwo Jima se convirtió en símbolo de unos Estados Unidos que, desde la Segunda Guerra Mundial, fueron convirtiéndose en la gran potencia económica mundial gracias a industrias como la guerra y el automóvil, la recreación de Banksy enuncia con sencillez el nacimiento de una contracultura norteamericana, que se erige sobre las ruinas de un automóvil. Una poderosa imágen que no necesita muchos más comentarios.

Pero también Banksy sale a la calle con su agudo sentido del arte y la comunicación, para crear una interesante obra (ya desaparecida en parte), a partir de un Triumph GT6 abandonado en Brick Lane, Londres. Banksy lo pintó de rosa para luego colocar en la ventana un grafiti que nos permitía ver al conductor del coche... la muerte. La muerte montada sobre un coche abandonado es probablemente la más poderosa de las imágenes generada por Banksy en la que aparezca un automóvil. Y seguramente una de las que más capacidad tiene de transmitir un mensaje. Quizá tenga algo que ver esto con un mensaje colocado sobre un puente en el que la vía del tren cruza a la carretera en una de las entradas a la ciudad desde la zona industrial, en la que Banksy colocó la lúgubre inscripción que rezaba a la puerta del infierno de Dante "Abandonad toda esperanza" (Abandon Hope)

De algún modo, el artista callejero ha pasado de ser algo más que un grafitero a ser un "artista urbano total", con sus instalaciones y actuaciones. En la primavera de 2008, Banksy invitó a una serie de grafiteros de todo el mundo a actuar en un túnel de la antigua estacíón de Waterloo, en Londres, donde crearon una larga serie de murales y obras de arte cuyo hilo conductor es una serie de coches manipulados que simulan un gran accidente de tráfico. En torno a ellos, murales del propio Banksy (un gorila con boina a la francesa que pinta una pared...) versiones transformadas de la Venus de Milo. El tunel de Waterloo es un ejemplo más del papel que los coches representan en la obra de Banksy. En medio de un tunel abandonado de una estación de tren, una serie de coches paralizados para siempre se rodean de arte urbano, que no es sino una reinterpretación contemporánea del arte más clásico posible. Por eso, en mi opinión, la obra de Banksy es tan atractiva: por su actitud de reinterpretación del arte más tradicional, en lugar de, como artistas callejeros y no tan callejeros hacen tan a menudo, adoptar una pose transgresora e infantil de negación del arte de la generación anterior.

Por último, la obra de Banksy es esencialmente urbana, es decir, el coche y el grafitero comparten su reino. Por tanto, todo lo que el coche genera para modficar su entorno es materia prima para el artista callejero. La ciudad se llena de metáforas visuales para expresar esta inteligente y creativa visión de Banksy al reinterpretar los símbolos de la ciudad de los coches. Por un lado, su serie de conos que, inclinados y semihundidos en el asfalto dibujan espirales o líneas sinuosas hasta desaparecer en el suelo de la ciudad. Las líneas que marcan el camino a los demás, líneas duras y de insipida experiencia dibujadas por estos conos, parecen romper filas y dejar de estar tiranizados por los coches. Los coches son ciudadanos, y sus líneas determinadas son las barreras a romper. Pero no sin el respeto a los demás.

De la misma y poética manera, las olvidadas líneas amarillas que prohiben que los coches aparquen, condenadas por la locura actual por la norma y el beneficio económico, obligadas a provocar multas, un día saltan la acera, y trepan por la pared para formar una humilde pero hermosa y enorme flor con sus pétalos abiertos.

Banksy es un poeta contemporáneo, que versifica con palabras y con imágenes al mismo tiempo. Alguien que está contando la sociedad de nuestro tiempo desde un punto de vista artístico y lírico, y que plantea, como tantos poetas en tantos otros momentos de la historia, un desafío a nuestro sentido crítico y a nuestra negación de la propia libertad. Los versos que Banksy dedica a los automóviles pueden ser la elegía a un mundo a cuyo nacimiento ya cantó Filippo Tomasso Marinetti.

domingo, 09 de noviembre de 2008 18:48

"Tire Tracks", el auténtico "american graffiti"

Hoy en día, casi en cualquier país desarrollado del mundo, se establece dentro de la sociedad un conjunto de importantes agentes que contiene juventud, música y automóvil. Un cultivo perfecto en el que crece mucha de nuestra cultura adulta, con sus dósis de sensación de libertad, competitividad, búsqueda de la individualidad, adicción a las sensaciones, y, por qué no decirlo, lo que trae a menudo accidentes, cierta clase de vandalismo, y otros problemas sociales. Este círculo de fuego, tan familiar para nosotros en nuestros días ejemplificado en la tríada Tuning - Tecno - Juventud, se comienza a forjar en realidad en Estados Unidos ya antes de la Segunda Guerra Mundial con la cultura de los Hot-Rod, y se consolida después de la misma con el surgimiento del Rock and Roll y el auge meteórico de la "Cultura adolescente"

Sobre los Hot-Rod, lo Custom y el auge de la cultura adolescente hablaré próximamente en uno o dos artículos más extensos, pero como adelanto, el documental "Tire Tracks" me parecía un perfecto aperitivo.

En Stonington, un pueblo en un apéndice de Deer Isle, Maine, la costumbre de los jóvenes, y no tan jóvenes, desde hace décadas, es dejar las carreteras totalmente marcadas con largas y densas marcas de neumático quemado, realizadas a base del brutal par de sus inmensas camionetas o sus coches de monstruosos motores. Cuando llega el verano, los jóvenes comienzan de nuevo a reunirse para su ritual de "marcar" las carreteras con sus largas y sinuosas marcas, sin importar el coste en neumáticos, u ocasionalmente transmisiones. "Hay gente que baja a pasar el fin de semana a Nueva York" afirman quienes lo ven como una forma más de diversión, un simple hobby.

John Steed, es un periodista de Stonigton que en 2006 decidió hacer un breve documental de 40 minutos en el que recoger las impresiones y motivaciones tanto de los jóvenes conductores como de los sufridos vecinos de la isla. "Tire Tracks", patrocinado por el refundado "Stonington Opera House", es un curioso documento que muestra una actividad tan irracional como cargada de profunidad cultural, que supone una auténtica fiesta para los jóvenes participantes, y tan habitual y con tanta carga social como un picnic o un botellón.

Los jóvenes quemando neumáticos por las calles de Stonington es una estampa tan habitual como las nuevas zonas residenciales creadas al abrigo de un maravilloso entorno natural (Maine es el estado más al norte de la unión tras Alaska). Y en cierto modo, estas ruidosas y agresivas "pintadas" sobre la carretera son una muestra también del conflicto que existe en la zona entre la primitiva actividad obrera y pesquera y su nuevo enfoque residencial y semi-turistico. "Tire Tracks" pone especial atención en un personaje de la zona, Chucky Proper, un encargado de la construcción pasado de los cincuenta, que es un auténtica "estrella" de las marcas de neumáticos, y que pone el contrapunto a la abrumadora mayoría de jóvenes que se dedican a esta suerte de deporte. Para la mayoría de los habitantes de Stonington, con la edad las marcas en la carretera pasan de una costumbre excitante a una molestia insoportable.

Pero ¿hay además algo de artístico en esta actividad? ¿es una especie de graffiti hecho con coches? Para John Steed, y para mi mismo, no hay en estas grandes firmas en goma sobre el alquitrán un valor artístico. Lo cual no quiere decir que no haya una intención estética en las mismas. Las largas series de sinuosos trazados, alternados con otras marcas curvadas de diferente ritmo y forma, generan en ocasiones impactantes mosaicos sobre la carretera, y parece que los "burners" procuran respetar durante algun tiempo las marcas dejadas por otros. Entre algunos de ellos, resultan particularmente apreciadas las "jotas" dejadas por las descomunales fricciones de las ruedas creadas al pasar bruscamente de "Reverse" a "Drive" (marcha atrás a marcha alante) en las rudas camionetas que manejan.

Sin embargo, no hay nada más que una intención de poseer. Como un "Aqui estuve yo", o "Esto es mío". Una pulsión meramente adolescente, desprovista de intención artística, pero si cargada de densidad cultural. Desde los años 30, cuando los jóvenes comenzaron a modificar sus viejos Ford A para alcanzar las máximas velocidades posibles y la máxima aceleración, hasta el tuning y la estética "tecno-callejera" de éxitos mundiales como la saga "Fast and Furious", esta mezcolanza de ruido, adrenalina, música, coches, juventud, y sentido de la posesión del mundo a través del automóvil es una constante. Los jóvenes de Stonington sobre los que John Steed puso el foco en "Tire Track" no son sino una pequeña muestra que podría extrapolarse a casi cualquier lugar de EEUU o de Europa.

En términos comparativos, la diferencia entre EEUU y Europa es que allí la cultura de los jóvenes y el automóvil es puramente cultura "teenager" pues pueden conducir a partir de los 16, con todo lo que eso aporta en términos de afirmación personal y de relación social. Y si desde aqui apreciamos que muchos de estos fenómenos están limitados al país cuya bandera debería ser un coche o una rueda, nos equivocamos profundamente. En Europa solemos mirar por encima del hombro a la cultura estadounidense argumentando a menudo, sin mucha reflexión, que Estados Unidos es un país que sólo tiene doscientos años de historia, frente a los casi tres milenios de la vieja Europa. Pasando por alto que Estados Unidos es una nación fundada por europeos (con el mismo arraigo y sustrato cultural que los que se quedaron en el continente) a menudo olvidamos que, aunque el tronco cultural de occidente esté arraigado en el viejo continente, la cultura en la que vivimos nosotros en el presente es, esencialmente, norteamericana.

Por ello, si "Rebelde sin Causa" y "American Graffiti" hicieron inmortal la cultura adolescente del automóvil, éste como elemento símbolo de libertad, independencia e individualidad no ha perdido ni un poco de vigencia desde los años 50 hasta nuestros días, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo.

Otra cosa es que, ochenta años después, hayamos aprendido a detectar que lo que este "trinomio" promete, y todas esa libertad e identidad, formen más parte de la literatura y el imaginario popular que de la realidad, que suele ser mucho más cruel y desprovista de lírica. Pero en eso, entraremos en otro momento.

* Ver el trailer de "Tire Tracks" en Youtube aqui

** Foto: Herb Swanson para "The New York Times"

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