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Artículos - agosto 2009

martes, 18 de agosto de 2009 8:16

Continental Pop. Un Bentley decorado por Romero Britto para una subasta benéfica

¿Que tiene que ver el diseñador Romero Britto con la excéntrica Paris Hilton y un accidente de coche? Pues el nexo de unión entre ambos, es uno de los coches más hermosos y potentes de los últimos años, perteneciente a una mítica marca, Bentley. Nada menos que el Bentley Continental. Un indefenso Bentley Continental...

La vida que tienen los coches tras su nacimiento comercial me recuerda aquello que nos decía mi profesor Fernando Galtier acerca de los libros y artículos: que una vez que uno los ha publicado, tienen su propia vida al margen de nosotros. Con algunos coches parece suceder parecido. Desde el momento en el que echan a andar en su vida comercial, los planteamientos con los que los diseñadores los realizaron y para los que los técnicos de márketing lo prepararon de cara al mercado se van diluyendo, y adquieren su propia vida. El caso probablemente más célebre de lo que digo es el del VW Beetle, un coche diseñado por y para el ejército de Hitler que, después de la segunda guerra Mundial, se convirtió en un coche popular y masivo dentro de la reconstrucción económica alemana para, pocos años más tarde, en la década de los 50, dar el salto a Estados Unidos donde alcanzaría el cúlmen en su segunda vida como icono de la revolución contracultural y el movimiento Hippie de finales de los años 60. Incluso hoy en pleno capitalismo, y reencarnado en el New Beetle, el original VW es un objeto de deseo de una parte de la población esencialmente burguesa, vuelto a codificar en un papel que nada tiene que ver con los que jugó en décadas pasadas.

Supongo que quienes diseñaron el Bentley Continental sentirán de algún modo este curioso periplo del VW como algo suyo. Bentley es una de las marcas más míticas de la historia del automovilismo, con una leyenda forjada en Le Mans, cuyos parajes aún hoy bautizan a modelos como el Mulsanne, y con antecesores absolutamente inolvidables y únicos como el Blower. Uno puede desarrollar modelos con la máxima calidad y ser paradigma del lujo. Pero de repente un día, se cruza en la vida de un Bentley Continental un monstruo del papel couché y de las noticias de relleno como Paris Hilton, y el abolengo del coupé del emblema alado salta por los aires, pasando de mito a icono del pop más azucarado en menos que de cero a cien por hora.

Para quienes no conozcan la historia de Paris y los Bentley Continental, el relato es bien sencillo. La diva (o lo que sea) a la que todos los medios bailan el agua porque les rellena horas y horas y páginas y páginas, protagonizó un curioso incidente en 2005 en el que su novio de entonces (ni se ni me interesa si sigue siendo el mismo), conduciendo algo bebido, según decía la prensa del sector, chocó el Bentley Continental de ella contra un camión de reparto intentando ¿escapar? de unos paparazzi. Suceso celebrado por los medios más afines a estos personajes, y que se puede ver en Youtube. Años después, Paris, fascinada al parecer por el coche, o yo que sé, se decidió a encargarle a los muchachos de West Coast Customs (que les han hecho coches, entre otros, a Shaquille O'Neal o Kobe Bryant) una personalización a partir de otro Bentley Continental. El resultado, el famoso Bentley rosa de la muchacha, que es el producto de mezclar el dudoso estilo de unos customizadores de California con el gusto de una millonaria de gusto sospechoso y adicta a las televisiones... Pero que se convirtió rápidamente en uno de los coches más populares del momento.

Esta larga introducción no es más que una justificada descripción de todos los antecedentes previos que llevan a entender plenamente lo que supone que Romero Britto, un diseñador brasileño del que ya hablamos aqui en su momento, se decida a escoger un Bentley Continental para desarrollar otra de sus creaciones. En este caso, en el marco de una exposición en el VW Autoforum de Berlin, decoró el coche con sus motivos tan populares y coloristas, como ya había hecho en otras ocasiones con el Volvo V50 o el Audi RS4, que vimos aqui. El coche será subastado el 12 de Septiembre y los fondos obtenidos se destinarán a fines benéficos.

¿Por qué Britto entonces escoge el Bentley Continental? pues en mi opinión, por varias razones que no tienen que ver con el mundo del arte, aunque si en cierto modo con el de la cultura popular. Por un lado, la evidente: Bentley es una marca del grupo VW, y la exposición "Come to my World" está patrocinada por la marca y tiene lugar en su importante centro de Berlin. Pero por otro lado, las peripecias de este coche asociadas a la celebérrima y cargante Paris Hilton, han hecho que, como comentaba al principio, éste haya pasado ya a formar parte de la iconografía más Pop de nuestro tiempo. Britto había utilizado ya algún Bentley en los motivos para sus cuadros, quizá porque el arte Pop de nuestros días está más atado a la iconografía de lo banal y a símbolos bastante planos (lujo, diversión, inmediatez...) que lo estuvo el Pop de los cincuenta y sesenta. Pero el hecho es que Britto se atrevió con el Bentley y el resultado, cargado de brillantina, es una referencia en mi parecer clara al mundillo de brillantina de la excéntrica millonaria, cuyo propio Bentley rosa no está exento de buena dósis de brillos, piedras y excesos barrocos.

Britto es un artista pop cuyas obras son carne de éxito popular. Un estilo que vive una época dorada en su aplicación al diseño de objetos de consumo, como demuestra el furor de cualquier artículo de Tous, Hello Kitty, Jordi Labanda o Agatha Ruiz de la Prada. Claro que, para todos los bolsillos hay que ofrecer productos, y este Bentley es un capricho de lujo, pero genuinamente pop.

Eso sí, no nos extrañe que el Bentley de marras acabe en manos, también de Hilton. Y entonces el Continental de un paso más en su carrera en solitario en el mundo del colorín.

* El accidente de Paris y su novio chocando con el Bentley Continental de ella, en Youtube:

http://www.youtube.com/watch?v=_fEu9C8Wo9A

jueves, 13 de agosto de 2009 14:10

Intervalo 582, y el Pegaso 102 de Boltaña

Bajar desde Broto hasta Boltaña y Ainsa es siempre un placer por una razón u otra. Me gusta conducir, me relaja, me calma, a pesar de todo. La bajada desde el desvío de Buesa hasta Sarvisé, los llanos de Planduviar, la inquietante paz de la ribera del Ara a la altura de Lacort, Lavelilla y Jánovas (por fin vuelven a verse tierras labradas), o las enrevesadas curvas del estrecho de Jánovas, en las que vale la pena mirar de reojo a la imponente sinclinal de la orilla derecha, donde crece el té de roca... Es como un baile, una coreografía en la que danza uno con el paisaje, a veces paloteao, otras veces Vals, o la contradanza nocturna, como aquella oscura noche de julio subiendo desde Ainsa...

Así que cuando leí que el colectivo Intervalo 582 exponía sus escultura en el Hotel Monasterio de Boltaña, y que entre sus obras había algunas basadas en la carrocería del mítico Pegaso Z-102, decidí que valía la pena un paseo para ver la propuesta, además en un escenario tan imponente y sugerente como Boltaña y su Hotel Balneario Monasterio.

Las crujías del claustro del monasterio, pasillos del hotel hacia las habitaciones y zonas de convivencia, así como la piscina, albergan hasta el próximo 19 de Agosto la exposición "Distancias", que muestra las esculturas del colectivo Intervalo 582. Formado por Alfonso Vaquerizo, Jesús Blancas y Pedro Verón, los Intervalo 582 dicen buscar la realización de sus intereses comunes en el campo de la escultura, aunque explorando áreas bien diferentes e interesantes del mismo. En el caso de Vaquerizo y Blancas, tanto la geometría como los espacios y volúmenes sugeridos, en la forma o en el concepto, para llegar a piezas conseguidas tanto en madera, como en piedra o materiales compuestos,q ue resultan en ocasiones muy interesantes, aunque siempre también recordando inevitablemente las experiencias visuales junto a Oteiza, Chilida, etc.  Por otra parte, estaba el hecho de que estos tres artistas se presentasen como un "colectivo", o grupo artístico, un fenómeno relativamente habitual en los años sesenta y setenta en Aragón (y toda España), y menos frecuente en la actualidad, y sobre el que había trabajado ya hace unos cuantos años en el catálogo de la exposición "Kalos y Atenas: arte en Zaragoza, 1963 - 1979".

Sin embargo, no es esta la razón que me trajo hasta Boltaña para ver esta exposición, sino la inesperada presencia de un buen número de maquetas, creaciones y piezas en torno al Pegaso Z-102. Las piezas, realizadas por Pedro Verón Gormaz, padre de uno de los artístas de "Intervalo", servían de contexto a la obra principal Pedro Verón Navarro, una sugerente carrocería de Pegaso Z-102 Touring Thrill. La presencia de estas maquetas resultaba, como mínimo, una curiosidad en el entorno cargado de obras de arte más o menos convencional. Mucho más arropado y sugerente resultaba en cambio el modelo a escala de la carrocería de un Z-102 que se exponía en los jardines, junto a algunas de las demás obras esculltóricas de la exposición, y al que el potente bloque de la recepción del monasterio, y un olivo arrugado, ofrecían un marco muy atractivo.

¿No es una provocación o incluso una herejía traer unos cuantos coches a escala a una exposición de arte? Por un lado, creo que las cualidades escultóricas de las carrocerías están fuera de toda duda. Un volumen de carácter funcional pero que pretende transmitir algunos valores inmateriales mediante las formas plásticas (dinamismo, elegancia, solidez...), algo que, por tanto, está en el centro mismo de la definición de escultura. Pero además de las cualidades físicas y de volumen, creo que no es ninguna baladronada otorgarle a algunas de estas piezas (las carrocerías) un valor artístico, por sus adecuadas proporciones, por su real capacidad para transmitir estos valores mencionados, o por la fidelidad con la que transmiten información acerca de la sociedad que las creó a partir de sus formas plásticas.

En cualquier caso, las esculturas y pequeños montajes de Pedro Verón tienen una explicación que radica en su pasión por los automóviles clásicos. Verón Gormaz, el padre del artista, es uno de los socios fundadores del recién creado Club Nacional Pegaso, una asociación cultural cuyo propósito es dar a conocer el patrimonio, la historia y la importancia de la marca Pegaso y, según ellos mismos afirman, especialmente de sus coches. Y quizá no por casualidad, padre e hijo se dedican también a realizar recreaciones de las diferentes carrocerías del Pegaso Z-102 y 103, así como algunas otras del "bisiluro" de competición, en Pevel's cars. Y son estas algunas de las piezas que se muestran en la exposición de Boltaña, junto con una interesante recreación de un Pegaso Thrill, carrozado por Touring, que es la que da la bienvenida a los visitantes.

Aparte de las maquetas a escala, que poco aportan desde el punto de vista artístico más allá de la reproducción de las carrocerías originales, las composiciones escultóricas en las que aparecen modelos formando parte de una materia escultórica que se modela en forma de placa, en ocasiones con un caracter monumental evidente. La conjunción de las curvadas y bien proporcionadas formas del Pegaso unidas a la materia ruda y un tanto informe que le sirve de plataforma, resultan particularmente sugerentes en la placa que muestra al Z-102 Saoutchik semihundido en diagonal en la placa que lo soporta. Aunque con un acabado diferente, es inevitable recordar el hermoso Alfa Brera presentado por el Centro Stile Alfa Romeo a la muestra MiArt en Milan en marzo de 2007.

Aunque quizá colocadas en la peor posición posible dentro de una vitrina de aire rústico, estas placas resultaban lo más interesante relativo al Pegaso en el interior del edificio, teniendo en cuenta que la pieza más llamativa y atractiva era la recreación de la carrocería del Thrill en el exterior. A pesar de que Verón se refiere a la carrocería del Thrill como un proyecto que podría llegar a terminarse como una maqueta con ruedas, lo cierto es que la carrocería desprovista de sus ruedas, y simplemente anclada al suelo por la propia gravedad aparece aún más interesante, mostrando con más pureza sus líneas, pero además revistiéndose de un sentido que admite muchas lecturas en torno a la paradoja del coche varado, o de las formas dinámicas establecidas firmemente en el suelo.

El resto de las esculturas de Verón exploran de algún modo la composición de las formas en el espacio, casi siempre de un modo dinámico. El alabastro "Un caracol me guió", con sus formas orgánicas intersectadas por otras geométricas, o "Sinuosa altura en technicolor", una interpretación colorida de una de las torres mudéjares de Calatayud, representan diferentes interpretaciones de un "tema" muy similar al del Pegaso.

La presencia del Pegaso en una exposición de caracter desenfadado y fresco como esta no deja de resultar una curiosa aparición más del automòvil como elemento de inspiración artística, algo que viene sucediendo con frecuencia entre un buen número de artistas de diferentes concepciones pero para los que, en todos los casos, el automóvil cruza en uno u otro lugar sus razonamientos plásticos. Sin embargo, una vez más la potente estética de las formas visuales del automóvil, y su intensa carga semántica en nuestra sociedad, hacen que esta anecdótica reunión adquiera un caracter más solemne y que merecía ser mencionado aquí.

* Para ampliar información sobre Pegaso y sus deportivos, dos excelentes historias online:

- http://www.pegasoqueestasenloscielos.es/

- http://www.pieldetoro.net/z/pieldetoro/0pegaso.asp

 

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