
Hace
ya algunos años, publiqué un artículo sobre las intervenciones de
Sonia Delaunay, la artista y esposa del pintor Robert Delaunay, sobre
automóviles, concretamente sobre un Bugatti T35. En el mismo,
hablaba también de otro coche decorado con los mismos patrones
geométricos y coloristas de la "Boutique Simultaneista" de
la artista de origen ruso. Una temprana asociación de automóvil y
moda, 1925, y el que puede ser el primer coche decorado por un
artista y con fines de promoción de una actividad de diseño. A causa de ese
artículo, me envió un correo alguien que parecía saber el
terreno que pisaba, sugiriendo que el coche era un Citroën 5 CV. El
autor del comentario era, nada menos, el propietario de la Colección
de Automóviles Salvador Claret,
el mismo Salvador Claret y Sargatal. Pronto pude averiguar que esta
colección estaba asociada al Sistema
de Museos de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña,
y que era algo más que una acumulación de coches: era la obra de
dos generaciones de amantes del automóvil desde una óptica que va
más allá de los centímetros cúbicos, los caballos de potencia o
los kilómetros por hora de velocidad.
Iniciada
por Salvador Claret y Naspleda en torno a 1950, con la compra de un
Ford T, durante años él y su hijo, Salvador Claret y Sargatal,
actual director de la colección, fueron acumulando vehículos hasta
el actual estado, con un gran número de automóviles, motocicletas y
bicicletas históricas. Pero ¿qué hace a la Colección de Salvador
Claret algo un tanto diferente?. En mi opinión tres cosas.
Por
un lado en la colección, a lo largo de los años, se han incorporado
vehículos de todas las clase, procedencias y marcas, desde Voisin a
De Dion, pasando por Opel, Ford, Cadillac, BMW o Jaguar. Sin embargo,
especialmente en los últimos veinte años, hay un interés especial
y muy meditado acerca de las marcas españolas anteriores a los años
70, y también a los fabricantes extranjeros que tuvieron plantas en
España. Pero además, este interés se centra también en coches
populares de los dos primeros tercios del siglo. De este modo, no
sólo se encuentran algunos archiconocidos casos, como el Biscuter o
el Gogomóvil, sino también algunos otros hitos dentro de la
automoción española, como un ejemplar de 1936 de uno de los Ford
que la compañía americana fabricaba en su planta de Avenida Icaria,
en Barcelona desde 1923; o también un Buick de competición
carrozado por Abadal, el importador que, en virtud de sus
acuerdos con General Motors, ensamblaba, en su factoría de Plaza
Letamendi de Barcelona, sus carrocerías a los chasis Buick que
venían desde Estados Unidos. Así, la colección, con un eje
principal, que es la automoción popular y la automoción española,
es más fácil de interpretar y aporta más cuando se visita
detenidamente. Y eso no impide que haya piezas absolutamente
deslumbrantes como un magnífico Voisín, algunos Alfa y Mercedes o,
mi favorito, un hermoso Maybach.
Por
otro lado, resulta muy enriquecedor y estimulante la actitud de
Salvador hacia los coches, su estado de conservación y las
intervenciones. El planteamiento de la intervención y restauración
sobre los coches de la colección tiene mucho que ver con el de la
conservación de las obras de arte en el mundo de los museos o
coleccionistas. Independientemente de que casos diferentes puedan dar
lugar a respuestas diferentes, en el caso de la Colección Salvador
Claret siempre hay una búsqueda del resultado más honesto posible
para los coches. Así, las restauraciones, en el sentido de
recomposiciones, son excepciones, ya que el principal criterio es la
conservación de los coches siempre que estén en un estado aceptable
de funcionamiento. Esto quiere decir, sencillamente, mantener los
coches lo mejor posible, pero dejar que en ellos se aprecie el paso
del tiempo, como debería ser en vehículos que, en muchas ocasiones,
rondan los 100 años de antigüedad.
Por
ultimo algo muy destacable en la Colección, y que se explica
especialmente cuando uno conoce a Salvador Claret, y su energía por
transmitir y compartir, es la voluntad por participar y realizar
actividades didácticas y divulgativas. Y lo que es más importante,
con la intención general no ya de dar a conocer los valores de cada
vehículo de la colección, sino de usar el gran fondo de la misma
para contar historias acerca de diferentes periodos del pasado,
relatos transversales en torno a la industria y otros temas que
afectan a algo más que la historia del automóvil.
Todo
esto, se encuentra acompañado por un abrumador fondo bibliográfico
y documental, que puede hacer las delicias de cualquier aficionado. O
bien, quizá no de cualquiera, más bien de un grupo concreto y no
muy amplio de aficionados, pero eso sí, satisfacerlos de modo
completo, debido a la gran cantidad de libros, catálogos, revistas,
imágenes y documentos en torno a los pioneros de la automoción,
diseñadores, pilotos o marcas que se acumulan en sus fondos.
La
visita a la Colección Salvador Claret está condicionada por el
espacio del que se dispone para la exhibicion de los fondos. En
algunos casos el espacio está obligado por la necesidad de dejar un
pasillo por el que transitar. Pero precisamente esta visual
acumulación física de automóviles que, por otra parte, han sido
cuidadosamente seleccionados en muchos de los casos, hace que se
perciba de un modo más humano la obra de una persona (en este caso
de dos), más que si nos enfrentásemos a un espacio mucho más
amplio y contenido en un edificio de diseño más moderno. En este
paseo, que al principio parece desordenado, se van hallando algunos
magníficos tesoros. Desde un magnífico Wanderer hasta un fascinante
Mercedes 150 diseñado por Porsche a partir de los trabajos del
deshauciado Joseph Ganz. Desde un hermoso Maybach azul (uno de los
pocos, si no el único, que se pueda ver en España), a un Chandler
Six, pasando por varios Hispano Suiza, o un impactante Voisin. El
deambular entre los coches va descubriendo, poco a poco, detalles de
las carrocerías, de los neumáticos, así como dejando ver algunas
otras piezas más que dignas de consideración, o incluso parte de la
historia de los deportes del motor en España. Como el Ford Sierra
Cosworth con el que Carlos Sainz debutó en el Mundial de Rallyes
corriendo tres carreras (Córcega, Portugal y RAC), o una de las
maravillosas J. J. Cobas con las que el equipo del llorado ingeniero
Antonio Cobas logró el campeonato del mundo de 125 cc en 1989,
gracias a un joven llamado Alex Crivillé. Y como tantas otras joyas
que uno puede ir descubriendo cada vez.
La
Colección puede visitarse de Jueves a Domingo de 10 a 14, así como
los festivos. De Lunes a Miercoles previa reserva para grupos. Los
horarios se pueden ver en la propia
web del museo,
así como las direcciones de contacto. La visita bien vale la pena
para los aficionados, pero también para quienes quieran comprender,
a través de los automóviles, el mundo que nos rodea.
* Agradezco sinceramente a Salvador Claret y su familia el agradable trato que me dieron en el fin de semana que estuve en Sils, en el que generosamente compartieron su tiempo conmigo tanto en la visita al Museo como en largas e interesantes conversaciones en torno al automóvil.
** Enlace a galería de Picasa con más fotos de la Colección Salvador Claret