
A
lo largo de toda la historia, la ciudad ha sido un tema recurrente en
las expresiones artísticas de prácticamente todas las culturas. Sin
embargo, durante el siglo XX, el cambio en las ciudades y el cambio
en las artes ha hecho que esta relación se haya fortalecido hasta el
punto de haber trascendido lo meramente iconográfico. Es decir, que
durante el último siglo y pico, la ciudad ha pasado de ser una
imágen y un tema de las expresiones plásticas, a ser un escenario,
un soporte, y prácticamente un género de ellas, prácticamente en
todos los lugares del mundo. La ciudad que se ha convertido en un
icono cultural y hasta en un símbolo de la globalización es, por
antonomasia, la ciudad de la era del automóvil. Una maraña urbana
que es prácticamente un ser vivo, repleta de ecosistemas diferentes
con diferentes características pero atravesados por temas y líneas
comunes. Y en la mayor parte de las interpretaciones plásticas en
torno a la ciudad, el automóvil es protagonista o agente: El asfalto
de las calles, los atascos, las luces distorsionadas al pasar rodando
por las calles nocturnas, los barrios alejados del centro, los
centros comerciales, la arquitectura simbólica de las estaciones de
servicio... casi todo gira en una gran ciudad en torno al automóvil,
y eso ha impregnado definitivamente el arte vinculado a la ciudad en
el siglo XX. El arte con la ciudad, el arte de la ciudad, y el arte
para la ciudad.
La
ciudad y el automóvil como Tema en el Arte
En
las artes plásticas, el automóvil y la ciudad tuvieron su primer
abrazo en términos meramente topográficos: la ciudad era el
escenario donde el automóvil había surgido. Algunas ciudades
crecieron urbanisticamente al rebufo de un importante desarrollo
industrial, mientras que en otros casos las grandes megápolis, por
su condición de focos de la cultura y la modernidad, vieron como el
automóvil pasó rápidamente a formar parte de su paisaje.
El
automóvil, en sus etapas más tempranas, y prácticamente hasta la
Primera Guerra Mundial, fue más bien un exótico juguete de
aristócratas y adinerados industriales. En el ambiente de la
renovación de las artes plásticas del cambio de siglo, ese mismo
ambiente también se entrecruzaba con el de los artistas que
investigaban sobre las artes y la nueva sociedad. Por eso el
automóvil causó un gran impacto entre algunos de los grupos de
artistas más revolucionarios. Las tres primeras décadas de la
historia del automóvil mostraron una capacidad de evolución técnica
que fascinó rápidamente a los artistas. Del extravagante y
desvalido carruaje sin caballos de la década de los 80 del siglo
XIX, a los Mercedes Simplex de principios del siglo XX o los bólidos
de competición de los años 10 había un gran trecho, y esto excitó
la creatividad de artistas de todos los campos. La incorporación de
la velocidad como concepto a las artes (con la hermosa paradoja del
cine, recién nacido, cuyo "leit motiv" era "imagen en
movimiento") supuso algunas novedades plásticas relevantes. Los
futuristas, tanto en la teoría, como en Marinetti, como en la
práctica pictórica, como en Balla, o escultórica, como en
Boccioni, explotaron estas novedades. Del mismo modo, Le Corbusier
encontró en el automóvil la pieza clave para sus ciudades del
mañana, y su concepto de vivienda como "Máquina de habitar",
se pudo extender a la ciudad entera; además, en su "Hacia una
arquitectura", Le Corbusier comparaba con envidia la evolución
técnica de la arquitectura en el último siglo con la evolución
técnica del automóvil desde su origen hasta 1919, fundamentando en
la estandarización y compartimentación de las técnicas un nuevo
concepto de arquitectura que debería desterrar completamente el
encorsetado modelo pasado.

Esta
ebullición de las artes en torno a la velocidad y la técnica
encontró rápidamente la representación plástica de la relación
automóvil ciudad: por un lado, las ciudades repletas de automóviles
eran símbolo de modernidad. Mejor cuanto más rápido, los
fotógrafos y pintores comenzaron a incorporar automóviles a sus
vistas de la ciudad como un elemento topográfico que ubicase la
escena. Del mismo modo, el automóvil pasó a incorporarse a la
imaginería de la arquitectura como un referente de modernidad
recíproco. Paradójicamente, visto hoy en día, la "nueva
arquitectura" de principios del siglo XX ha soportado mejor el
paso del tiempo que los novedosos modelos de coche del momento. Una
atractiva variante de la visión plástica de esta relación entre
ciudad y automóvil es la ofrecida por el cine. Los jóvenes (y poco
fiables) vehículos de aquellos años pronto se convirtieron en
personajes predilectos de las películas cómicas repletas de golpes
y desastres, el llamado "slapstick". Probablemente la
primera visión crítica de los efectos negativos de la presencia del
automóvil dominando las ciudades se da en las películas de Harold
Lloyd o Buster Keaton, y queda también reflejado algo más tarde en
la divertidísima novela "El hombre que compró un automóvil",
de Wenceslao Fernández Florez, en 1932.
La
imagen del automóvil en la ciudad se instaló durante varias décadas
en un terreno entre la exaltada promesa a la que se aferraban los
Futuristas, y un símbolo de modernidad y progreso. Así, del mismo
modo que en las imágenes de las ciudades ideales de Le Corbusier se
veían grandes
autopistas con coches lanzados a toda velocidad o calles
elevadas sobre los bloques de viviendas, en los cuadros de algunos de
los pintores más atados a la vida de las ciudades, como el
expresionista Kirchner, aparecen los automóviles como parte
integrada en la vida de la urbe. Dos vistas de la Puerta de
Brandenburgo pintadas por Kirchner en 1915 y 1929 muestran bien este
aspecto. Esta unión se produjo de un modo ciertamente generalizado y
parcialmente simultáneo en toda Europa, de modo que también en
España tenemos el caso de Ramón
Casas, que incorporó el automóvil a su imagineria social con
rapidez, mientras que en Estados Unidos, más o menos al tiempo, los
fotógrafos comenzaban a hacer del automóvil un habitante más de
las ciudades en la construcción de la imagen plástica de
la nueva metrópoli, como es el caso de Walker
Evans en 1930.
Precisamente
uno de los grandes iconos de la construcción plástica de la imagen
de la ciudad es la monumental película "Metrópolis"
de Fritz Lang. Una película futurista que más que adelantar lo
venidero mostraba los miedos que algunos manifestaban ante un
progreso cuya dirección no estaba clara. La gran ciudad aparece
reflejada con crudeza, alejada de "Berlín,
sinfonía de una gran ciudad", de Walter Ruttmann, sólo dos
años anterior (1927), y en la que se muestra una fascinación
por el maquinismo menos recelosa y donde, de paso, el
automóvil no tiene protagonismo alguno. En "Metrópolis",
aparecen convertidos en imagen artística en la pantalla algunos de
los elementos que muchos arquitectos se planteaban en el momento y se
seguirían planteando tiempo después. Las calles elevadas, ensayadas
por Matte Trucco en el "Lingotto" de Fiat, y alabadas
por arquitectos de primer orden como Le Corbusier o Frank Lloyd
Wright, se muestran como característicos de la ciudad del futuro, en
la que los aviones y los coches comparten las alturas en una ciudad
repleta de progreso... y escasa de humanidad.
Sin
embargo, la visión del automóvil como elemento opresor y tirano en
la ciudad fue desplazada durante décadas, debido entre otras cosas
al gran esfuerzo publicitario emprendido por los fabricantes
estadounidenses. El stand de GM en la Feria Mundial de Nueva York de
1939, Futurama, retomaba el concepto de la ciudad elevada y
futurista, aunque con los mismos elementos que "Metrópolis", Norman
Bel Geddes creó un escenario mucho más amable para nuestro
futuro. Un futuro que se estableció como presente durante décadas
(hasta la crisis del petróleo de los años 70), y que alimentó
también el afán productor y comercial de dichos fabricantes y su
gran influencia en las artes y la cultura popular, como ya explicamos
en el artículo dedicado a los Motorama
de GM. Durante décadas, la ecuación "automóvil + ciudad"
en el arte fue símbolo de progreso.
En
cambio, con la crisis de los años 70, el petróleo subiendo de
precio, las guerras en Vietnam y el primer revés serio para la
industria automovilística mundial desde 1945, Las ciudades
contaminadas, los atascos, y las servidumbres geopolíticas derivadas
de la dependencia del automóvil hicieron que rápidamente cambiase
el resultado de la ecuación, y la relación entre automóvil y la
ciudad pasó, en el campo de las artes, a ser un símbolo de
opresión, injusticia y sinsentido. Por poner una referencia similar
a las anteriores en el campo del cine, probablemente "Trafic",
de Jacques Tati (1971), junto con "Weekend"
de Jean Luc Goddard (1967), basada esta última en el relato "La
autopista del sur" de Julio Cortázar, sean un perfecto ejemplo
de cómo la percepción del progreso de las ciudades y la sociedad a
través del automóvil había cambiado radicalmente. Son los momentos
de las acumulaciones
de Arman, de las ciudades vistas a través del omnipresente
automóvil, y de una profunda revisión de las artes hacia un
concepto mucho más militante y atado a la realidad cotidiana.
Con
un importante hiato, el final del siglo XX retomó la visión
opresiva de la metrópoli moderna que Lang había recreado en su
crítica a las ciudades americanas de finales de los años 20. En el
arte comenzaron a aparecer como tema los atascos, los efectos
negativos de la acumulación de bienes (automóviles) y del
descontrol en el crecimiento de las ciudades. Los accidentes, antes
raramente concebidos como Tema en el arte, con la salvedad del
magnífico "Accidente" de Ponce
de León, conservado en el Museo Reina Sofía, pasaron a ser
mirados con otros ojos por los artistas. Así, desde la serie "Car
Wreck" de Richard Estes, hasta las siniestras fotografías de
Valeríe Bellin, las peores consecuencias de la masificación en las
ciudades se hicieron patentes. A los ojos de los artistas, la
simbiosis "automóvil - ciudad", se había convertido en
una relación parasitaria. Y a día de hoy, esa visión todavía
domina el escenario general de la ciudad y el automóvil como Tema en
el arte.

La
metrópolis como agente en el Arte Contemporáneo
Todo
lo dicho anteriormente no resulta sino una visión panorámica y
forzosamente superficial a la intensa relación entre las artes
plásticas y el binomio "Automóvil - ciudad", aunque en lo
principal creo que se delimitan los aspectos clave sobre los que, a
posteriori, se puede seguir trabajando, y ello sin menoscabo de otras
visiones que se puedan cernir sobre este intenso aspecto de la
sociedad contemporánea. No obstante, en mi opinión, existe un
segundo punto de encuentro entre las artes y la relación entre
coches en las ciudades.
Si
la ciudad ha sido, a lo largo del siglo XX, un Tema predilecto del
arte, particularmente del más vanguardista, no se puede obviar que
durante ese mismo periodo las modernas urbes han sido también el
escenario donde la revolución de las artes ha tenido lugar. Desde
principios del siglo XX, las grandes "Capitales del mundo"
han sido el centro de las artes, de modo que la vanguardia artística
ha sido un fenómeno esencialmente urbano durante décadas, desde el
Paris de los impresionistas al Shanghai de los grandes rascacielos.
Esta misma relación de doble efecto, que convierte a la ciudad en
tema y escenario al mismo tiempo, es la que nos permite establecer
una visión complementaria e imprescindible de las artes en la
segunda mitad del siglo: si la ciudad contemporánea ha sido
escenario y Tema predilecto de las artes del siglo XX y parte del
XXI, entonces nos referimos a un tipo concreto de ciudad, cuyas
características devuelven a las artes algunos rasgos que nos permite
identificar el arte urbano de nuestros días como hijo de las
"ciudades de la era del automóvil". Si bien el "arte
de la ciudad" ha tenido características transversales desde el
Quattrocento, este Tema en nuestros días es absolutamente deudor de
un mundo pensado para el automóvil.
Las
ciudades extendidas en interminables extrarradios, las diferencias
sociales en todos ellos, los centros comerciales en los extrarradios
rodeados de inabarcables párking, los inmensos cinturones de ronda y
nudos de comunicación a diferentes niveles, los atascos en los
centros, la polución, las aceras amenazadas... todo ello forma parte
del adn de las ciudades contemporáneas, y como tal, es el núcleo
del que beben las artes crecidas en la ciudad. La alienación en la
masa de población de las mismas ha sido uno de los temas recurrentes
en el arte de las últimas décadas, con todas sus variantes
posibles. De la misma manera, otro leit motiv de mucho del arte
reciente, tanto en soportes tradicionales como en otros más
novedosos, como el video, ha girado en torno a la velocidad de la
sociedad actual, muy a menudo representada en las calles de las
ciudades con un constante flujo de coches durante los días y las
noches.
Al
mismo tiempo, muchas otras intervenciones urbanas han girado en torno
al automóvil como icono, aunque dentro de los cánones de una
reinterpretación plástica que conduce a un mensaje nuevo. Los ya
mencionados aqui coches
cubiertos de césped de 1 por ciento, el coche
de ladrillo de "Mmmmm..." en el Matadero de
Madrid.
Por
otro lado es innegable que la ciudad de la era del automóvil ha sido
el escenario y soporte de la más genuina de las manifestaciones
urbanas del arte contemporáneo, tanto que hemos decidido llamarla de
forma genérica "arte urbano". Graffiti, instalaciones,
acciones, stencil, danza... una enorme variedad de expresiones
plásticas que están creadas desde, por y para las grandes ciudades.
Hijas de los barrios de la periferia y de las terribles consecuencias
de los desajustes de la planificación en las crecientes ciudades de
la era dorada del consumo, todas estas expresiones plásticas son las
más auténticas consecuencias de la "ciudad de la era del
automóvil" como agente del arte contemporáneo. Así, a los
nombres de los artistas que se convirtieron en cronistas plásticos
de las ciudades de su tiempo, como Toulouse Lautrec, Mucha, Kirchner
o Grosz, me parece obligatorio unir los de otros artistas
completamente atados a la condición urbana, como Banksy, Dran o
Blu, que no son sino la trasposición de otros que recorrieron
previamente el camino de la expresión plástica desde lo más
profundo de la metrópoli, como Hopper, Tacita Dean, o fotógrafos
como Brassai y Mapplethorpe.
A
modo de resumen:
Por
lo visto en estos cuatro artículos en torno a la influencia del
binomio ciudad - automóvil en el arte, existen una serie de ricas
e interesantes interacciones entre estos tres vectores de la
sociedad, manifestados en diferentes aspectos que pasamos a enumerar:
-
La ciudad es, en el siglo XX, el hábitat donde se desarrolló la
gran eclosión del auotmóvil, al mismo tiempo que la explosión de
las vanguardias artísticas.
-
El automóvil fue, en sus primeros estadios y hasta los años 30, una
inspiración determinante en la historia de algunas vanguardias
artísticas, y aceptado universalmente como símbolo predilecto de la
modernidad.
-
En las visiones futuras de la ciudad de los arquitectos de la primera
mitad del siglo XX, el automóvil fue siempre la pieza clave en torno
a la que giraba el urbanismo.
-
La ciudad contemporánea de la segunda mitad del siglo XX, producto
de un urbanismo "autocéntrico" cambió radicalmente la
forma en la que se vivía en las ciudades hasta el momento, creando
nuevas estructuras sociales.
-
Las nuevas estructuras sociales y de relación surgidas en la ciudad
de la era del automóvil pronto dieron lugar a sus propias formas de
expresión artística, nuevos temas, estilos, técnicas y reflexiones
plásticas y creativas que han sido el tronco central de la
vanguardia de la segunda mitad del siglo XX.
-
El futuro de la ciudad, el automóvil y el arte están atados entre
si. Los dos primeros no pueden vivir por separado en el mundo
moderno, pero el éxito de la sociedad futura depende de una profunda
redefinición de ambos y de sus relaciones mútuas. En este proceso
de redefinición, el arte, la expresión artística del diseño, pero
también las reflexiones sociales creadas al calor de las artes más
recientes, tendrán un papel protagonista en la construcción de la
realidad y la imagen de la sociedad del futuro inmediato.
* Los cuatro artículos de esta serie han sido etiquetados con el tag exclusivo "Urbanismo y automóvil", para que sea más sencillo acceder a la serie completa.