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Artículos - agosto 2011

(see english text below)

La arquitectura efímera no es algo que se pueda considerar reciente. Un concepto que a priori podría resultar paradójico, ya que pone en la misma definición una idea, "arquitectura", que parece llevar incorporada la noción de durabilidad, con un adjetivo que indica temporalidad, e incluso brevedad. Si al hablar de arquitectura solemos pensar en construcciónes pensadas para durar, o que han durado hasta nuestros días, en determinadas ocasiones al hablar de algunas construcciones nos enfrentamos a espacios que han sido concebidos para alcanzar las mismas finalidades que cualquier otra construcción, solo que no tienen la obligación de durar. En Historia del Arte no es difícil encontrarse con estos conceptos, especialmente en dos contextos: aquellos relacionados con la religiosidad, con casos muy conocidos como los populares "monumentos" de Semana Santa, o más generalmente, aquella arquitectura destinada a proveer de escenarios rituales a los eventos relacionados con los poderosos y sus apariciones públicas (presentaciones de reyes, matrimonios reales, exequias fúnebres...) Hablando del siglo XX, la arquitectura efímera adquiere un carácter más relajado, y las Ferias Mundiales y Exposiciones Universales nos han acostumbrado a ver edificios que se construyen con una finalidad y desaparecen una vez cumplido su fin, como el destacable Pabellón de Alemania de Mies Van der Rohe para la Feria Internacional de Barcelona de 1929.

Por eso resulta muy atractivo e interesante cuando una empresa privada, como Audi, eleva su stand de una feria de automoción a la categoría de edificio efímero, aportándole además una serie de lecturas de gran interés que aproximan de nuevo los conceptos de "arquitectura efímera" y "arquitectura del poder".Pero empecemos por los datos:

Por lo que sabemos hasta ahora del imponente stand, la muestra de Audi para la próxima edición del Salón del Automóvil de Frankfurt tendrá 15000 metros cuadrados y ocupará una de las plazas interiores de la feria de la ciudad alemana. Costará 10 millones de euros, y al parecer una de sus características principales será contar con una pista de pruebas de 400 metros de cuerda en el interior del propio edificio donde se podrán probar los modelos de la marca por parte de los clientes. Sabemos que se desmantelará después de octubre, cuando haya podido ser reutilizado en la Feria del Libro de Frankfurt. Algunas de las partes probablemente se reaprovecharán para futuros stands de la marca en otras ferias, pero el edificio, como tal, desaparecerá y no volverá a instalarse en otro evento.

El stand ha sido diseñado por el equipo de arquitectos Schmidhuber and Partners, de Munich, y muestra un espectacular repertorio de recursos plásticos en los que se juega con las formas orgánicas, la interconexión de espacios, y un cierto sentido teatral de la vinculación entre interior y exterior, masa y vano. La firma muniquesa es especialista en arquitectura corporativa y efímera, lo cual hace doblemente interesante el reto. Ya vimos el gusto del grupo VW, y concretamente de la marca de Ingolstadt, por el importante refuerzo de la imagen al que contribuye la arquitectura corporativa, con ejemplos como el Audi Forum de Ingolstadt, o los diversos encargos a Henn Architekten, como la famosa "Fábrica de cristal" de Dresde. Ahora, la instalación de un nuevo espacio de características y mensaje muy similar, pero completamente efímero, incorpora una lectura más al complejo mensaje: que la marca se encuentra en un momento de expansión y diversificación tal que se puede permitir presentarse en su propio espacio, como si con ello manifestase que ha encontrado un camino propio.

La relación entre automóvil y arquitectura, como hemos expresado aquí en diversas ocasiones, se manifiesta a lo largo de la historia principalmente en dos planos: por un lado, el automóvil ha sido un agente de la construcción y teorización de la arquitectura del siglo XX, no sólo por su influencia sobre la vida cotidiana en las ciudades, sino también por los conceptos y avances técnicos que contribuyó a popularizar con la producción en serie y en masa; por otro lado, los fabricantes de coches se han erigido, a lo largo del siglo XX y parte del XXI, en comitentes de grandes proyectos arquitectónicos, en ocasiones tan trascendentes como el Chrysler Building o el Museo Mercedes Benz. Por ello, el desarrollo de esa relación abarcando el campo de la arquitectura efímera supone un aspecto más en el que enriquecer una relación a través de la cual se puede contar la historia reciente del mundo.

La importancia de la presentación de este stand y de la relación que transmite entre el automóvil, la ciudad y la sostenibilidad se complementa con un importante acto que Audi convocará el día antes del inicio del Salón, la Audi Urban Future Summit, en la que se reunirán expertos de todo el mundo a debatir acerca del futuro de las ciudades y la movilidad, y qué energías liderarán los cambios que se han de producir en las grandes urbes y los conceptos automovilisticos. La cumbre complementa el esfuerzo que Audi viene haciendo desde hace meses con su Audi Urban Future Initiative, y el premio en el que diversos arquitectos de todo el mundo han hecho propuestas acerca de cómo ven las ciudades del futuro. 

Y claro, no conviene olvidar el sentido ritual. Audi presentará durante el Salón de Frankfurt su propio concepto urbano eléctrico, el coche con el que pretende asomarse a la movilidad futura y que, probablemente debería de ser la primera piedra de una nueva era en la marca. Así que, si uno va a presentar a tan especial miembro de la familia, cuánto mejor hacerlo en su pequeño "templo" construído con ese fin, por aquello de propiciar el futuro exitoso desde el primer minuto...

* Gracias a Autopista.es y Audi España y Audi AG, ¿Dónde está el depósito...? asistirá al Audi Urban Future Summit en Frankfurt, donde habrá ocasión de conocer y contrastar las más sólidas y vanguardistas propuestas acerca del futuro de las ciudades, las sociedades y el automóvil

--------------------------------------- English Text

Ephemeral architecture isn't something we should think about as a recent trend. It's a concept that could seem to be a paradox, since it gathers in the same definition an idea “Architecture”, that seems to talk about lasting goods or items, together with the word “ephemeral” which talks about temporality or brevity. If, at talking about architecture, we use to think of buildings made for lasting as long as possible, in certain cases when we talk about some buildings or constructions we face spaces that were conceived in order to get the same goals as any other contruction, but not those dealing with long term. They were simply not supposed to last forever, but for a short and defined period of time. In Art History, it's not that hard to meet this kind of concepts, specially in two precise context areas: Those dealing with religiousness, with very well known cases such as the popular “Monuments” of easter or, more likely, those contructions made in order to provide stages and settings for the public appeareances of the powerful and wealthy in the XVIth to XIXth century (Royal weddings, Royal births, Funerals, etc...) In the twentieth century it seems much easier to find this kind of epehemeral buildings in much more relaxed and popular contexts, specially those dealing with World Fairs and similar events, bringing a good bunch of nice buildings designed and made for short periods of time, some of them really remarkable, such as Mies Van der Rohe german pavillion for the International Fair in Barcelona, 1929.

That's why it seems so appealing and interesting when a private company such as Audi AG, lifts their own automotive fair stand to a new category of ephemeral building, bringing to the stand itself some new and interesting readings that brings together again rich and complex concepts such as “ephemeral architecture” and “architecture of power”. But first, let's start from the facts:

For what we know to the date of the astonishing building, the Audi Ring, will be 15000 sqm big, and will be settled in one of the open air squares of the IAA showground in Frankfurt. It will cost 10 million euros and, for what it seems, one of its main features will be holding a 400 meters long test track inside, where customers will be able to test the cars. The building will be dismantled after the fair, but not before october, where it will hold a part of the Frankfurt Book Fair, and since some parts will be taken and re-used in some future Audi stands, the whole ring won't be built and gathered anymore.

The Audi Ring has been designed by the architecture studio Schmidhuber and Parners, from Munich, and shows a broad and impressive repertoire of plastic resources and alternatives, in which brings organic forms as well as a fluent linking up of spaces, and a certain and theatrical sense of the links between interior and exterior or mass and hollow. Schmidhuber is an specialist in corporate and ephemeral architecture, which makes the challenge twice as interesting. We already had a hint of the taste of VW AG, and specially their Ingolstadt brand, about the important reinforcement of the brand image that corporate architecture brings, with samples such as Audi Forum Ingolstadt or the several assignments to Henn Architekten, as the famouse “Glass Factory” in Dresde. Now, with the installation of a new spaces with similar characteristics and message, but temporary, it brings a new reading to the complex message of corporate architecture and design: that the brand finds itself in a broadening and diversifying process so that it can be presented in its own space as if that would be claiming to have found a very own path.

The relationship between automobile and architecture, as we said here several times, shows along history mainly in two different levels: in the one hand, automobile has been an agent of the construction and theory of architecture all long the XXth century, not only because of its influence on everyday life in the cities, but also for the new concepts and technical advances that cars mass production brought to industry in a broad view; in the other hand, car manufacturers has been setteling themselves as big architecture sponsors in the last century, with remarkable moments such as Chrysler Building or Mercedes Benz Museum. Thus, the development and widening of this relationship, bringing inside ephemeral architecture, gives a new feature to this powerful link that could explain alone the recent history of the world.

The importance of the introduction of this stand and the relationship it shows between automobile, cities and sustainability, meets an important event Audi will be hosting the day before the IAA start, the Audi Urban Future Summit, which will gather experts all around the world debating about the future of cities and mobility, and which energies will lead the changes to be made in cities and automobile concepts. The summit joins the effort Audi has been making for the last months, with its Audi Urban Future Initiative, and the award for which several architects worldwide applied in order to propose new views to urban future.

And, last but not least, we shouldn't forget about the ryth and its meanings. Audi will premiere in the IAA show their very own urban electric concept to face a new era into personal mobility in the cities, and that could well be the first stone of a new age in the brand's goals. So, if one's introducing such special memeber of the family, why not make it in its own little “temple” built on that purpose, because it's a nice thing to favour a successful future from the very first minute...

* Thanks to Autopista.es, Audi Spain and Audi AG, ¿Dónde está el depósito...? will attend Audi Urban Future Summit, where I'll get to know and share the newest and most interesting proposals about city, society and automobile future.

Nuestro periplo alemán por los principales museos de fabricantes de coches (faltó VW Autostadt...) no terminó en el tiempo con el Museo Porsche, pero en el ranking de contenidos, vivencias y sensaciones, el imponente museo de Zuffenhausen tiene todas las características para ser la pieza con la que haga el cierre de este relato de un viaje maravilloso y, aunque no irrepetible, si auténticamente iniciático. Viniendo desde Cannstatt, el barrio de Stuttgart donde se encuentra el Museo Mercedes, nos dirigíamos hacia Zuffenhausen por una zona un tanto desarticulada, entre industrial y residencial. Al final de una larga calle cuesta arriba, comenzó a surgir la gran espalda blanca del museo, emergiendo del paisaje como un enorme y brillante cetáceo que iba haciéndose cada vez más grande conforme uno se acercaba, hasta que, puesto al lado, podía uno levantar la vista. Y delante, como unos pílonos Hi Tech, como una "Puerta de los leones", la entrada a la fábrica de Porsche, que se extendía alrededor nuestro de forma masiva y a la vez solemne. Y sé que los artículos de ¿Dónde está el depósito...? siempre estan cargados de datos, de sesudas reflexiones, de conceptos a veces complejos, y llenos de letra. Y este no será una excepción, pero tiene algo más también.

Creo haberlo contado ya, pero según me parece, el primer coche que posiblemente ví en mi vida fue un Porsche. Me cuentan que mi padre compró un Scalextric días después de nacer yo. En aquella pista (que aún conservo) venían dos coches: dos Porsche 917K, uno decorado en blanco, y el otro con un azul celeste que era un homenaje a la decoración de Gulf del equipo John Wyer, hecho inmortal por la película de H. Lee Katzin y Steve McQueen,  "Le Mans". Uno de los coches de competición más famosos y admirados de todos los tiempos. No creo que eso haya determinado absolutamente nada, pero a veces las cosas parecen encajar de un modo especialmente armonioso. Cuando en Zuffenhausen, en el templo de Porsche, estuve delante del 917K con la decoración de Gulf, con el dorsal nº 20 que aparecía en la película "Le Mans", sentí que llevaba toda la vida esperando para aquello, y que de algun modo se cerraba un círculo. Aunque se abriese otro.

Todos los mitos tienen su propia etiología, que en ocasiones es lo mismo que su propia literatura de ficción. En el caso de Porsche, el origen del mito es tan complejo y amplio que abarca toda la historia del automóvil. No es porque el Dr. Porsche fuese, junto con Wilhelm Maybach, el ingeniero más importante de la historia del automóvil en su primer medio siglo. No es porque el 80% de los Porsche construidos en la historia sigan funcionando. Ni por las 16 victorias en Le Mans desde 1970. Ni siquiera por tener el deportivo más famoso de la historia del automóvil. Todo en Porsche es una leyenda, porque, parafraseando a Darwin, todo lo que la marca hace en el presente explica todo lo que hizo a lo largo de su historia, y la forma más fiel de respetar la tradición es seguir innovando, investigando y, sobre todo, haciendo coches con un ADN inconfundible. Rápidos, ligeros, estables. Con tanta fidelidad que incluso el controvertido Cayenne puede presumir de que mantiene el código genético de la marca de Stuttgart.

Pero el Museo Porsche es algo más que sensaciones personales. Un edificio deslumbrante (firmado por Delugan & Meissl) con un exterior digno de eso que algunos críticos han llamado "starchitecture", pero realmente eficaz y funcional, salvando una zona de terreno desnivelado de una forma solvente y hasta aprovechándolo a favor. Y un espacio interior en el que se da una paradoja: siendo el Museo Porsche el menos complejo y elaborado de los que vimos desde el punto de vista museográfico, pues en este caso los protagonistas absolutos son los coches, sin embargo es el que con más facilidad consigue transmitir un mensaje al visitante: El abrazo entre la competición y la innovación para la serie son los pilares de la marca, y los modelos actuales son producto de, en algunos casos, una larga investigación en los conceptos del diseño de automóviles. ¿Cómo es posible que siendo los recursos expositivos menores, el discurso se haga más visible? Principalmente porque la propia genealogía de la marca se explica a si misma con una nitidez asombrosa.

Y eso es lo que uno encuentra en el Museo Porsche. No sólo una galería de coches míticos y de ensueño que uno solamente ha visto en fotografías, sino una importante serie de hitos técnicos y de innovación producto de la investigación de la marca, y una selección de coches de competición con los que se puede trazar la historia del automovilismo en el siglo XX.

Recibiendo al visitante, una hermosa carrocería modelada a mano del Typ 64 que es el auténtico predecesor de todos los Porsche, para dar paso a una completa galería de coches diseñados por el Dr. Porsche antes de 1948 (año de la creación de la propia marca) entre los que están el Wanderer W22, el Mercedes Benz “Monza” de competición o el Cisitalia Typ 360 de motor central y tracción a las cuatro ruedas, técnica en la que el ingeniero alemán fue pionero ya con su recientemente reconstruído “Semper Vivus”.

Para enunciar el listado de coches legendarios en competición o claves en producción que se muestra en el Museo Porsche habría que enumerarlos a todos, así de intenso y relevante es el conjunto que se muestra en el templo de la marca. De los que a mí me causaron una gran impresión, me quedo con un puñado de iconos absolutamente personales. Por ejemplo, el primer 356 “Carrera” (nombrado así en honor a la Panamericana) o el ultraplano y ligero 908/03 Spyder de la Targa Florio, expuesto junto al musculoso Carrera RSR. Girar la sala te enfrenta a dos ensayos de 911 de cuatro plazas, los Typ 754 y Typ 915, piezas únicas que demuestran el interés de Porsche en el concepto de deportivo de cuatro plazas desde hace décadas. A estos los escoltan dos conceptos clave en la historia reciente de la marca: el Studie Boxster, que terminó en la serie con el exitoso modelo, y el Studie Panamericana, que retomaba los homenajes a la carrera mejicana. Pero sólo es un aperitivo para un aluvión de piezas legendarias de competición, en las que se puede encontrar coches victoriosos para todos los gustos. Seguramente la unidad más cotizada es el 917K con el que Herrmann y Atwood ganaron por primera vez para la marca las 24 Horas de Le Mans en 1970 (por cierto, por delante del equipo oficial John Wyer con sus populares colores de Gulf Oil). Pero junto a él pasea uno embriagado por coches hermosísimos como el 908 LH de 1969, y otros menos conocidos pero protagonistas de literarios episodios de la historia del automovilismo. El 936/81 es un ejemplo de ello. Ganador de Le Mans en 1976 y 1977, en 1981 la marca decidió correr con el antiguo modelo por falta de tiempo para desarrollar uno nuevo: el coche, que fue cronometrado a 360 Km/h en la recta de Hunaudiéres, ganó con Jackie Ickx y Derek Bell al volante sacando 14 vueltas de ventaja al segundo. Pero no es el único caso de coches que, desde un plano menos destacado, han contribuido a la construcción de la imagen de éxito de la marca. El Porsche 959 es un ejemplo de ello, y llama la atención que en el museo se puedan ver, además de una unidad de calle, dos configuraciones de competición diferentes, una la del rallye Paris Dakar, y otra desarrollada para competir en Le Mans. Lo que hace a estas dos unidades especiales, es que ambas corrieron sus respectivas competiciones en el mismo año, 1986, ganando en su categoría en las 24 horas, y ganando el Dakar... ¡con el mismo piloto, René Metge!.

No es posible asimilar en una visita todo el imponente legado de competición y producción de la marca. La galería de los 917, desde el H16 atmosférico hasta el famoso H12 de 1200 cv de la CanAm, es todo un canto a la competición automovilística. Junto a la misma, esa versión extrema del motor del 917 se expone en un montaje abierto en el que se pueden apreciar todos los detalles de su arquitectura interna, como los enormes turbos o el intimidante ventilador de la aspiración forzada. Pero eso sigue dejando hitos magníficos, como el Fórmula 1 804 conducido por Dan Gurney en 1962, único F1 construido enteramente por Porsche, el precioso y elegante 904 Carrera, recientemente homenajeado, o los diversos GT1 victoriosos en Le Mans. Y por supuesto, la evolución del 911, en la que puede uno ver en pocos metros el añorado Carrera RS 2.7 de 1973, el Turbo 3.3 de 1977, o la reciente edición limitada “Sport Classic”.

Y todo esto aún deja sitio para joyas con las que los aficionados disfrutamos y esbozamos una sonrisa, como el famoso tractor “Standard”, el 928 H50 de cuatro puertas de apertura opuesta, o el exótico 911 Speedster de 1993.

El Museo Porsche es un lugar de referencia para cualquier persona interesada en la historia de la automoción. De algún modo, todos los museos de fabricantes de coches en Alemania son el Museo Porsche, ya que el ingeniero, que abrió su oficina independiente de diseño, Porsche Design, en 1916, participó en el desarrollo de coches tremendamente importantes en la historia de la automoción alemana tanto con Mercedes – Benz, como con Auto Unión, y por supuesto con Volkswagen. Por donde uno va se encuentra con la huella del genial profesor, en un sistema de suspensión, una carrocería aerodinámica, una estructura de motor central... El edificio que alberga la colección de la marca es, en si mismo, un auténtico relato literario, un poema épico. Quizá tanto por lo que dice como por lo que calla, ya que la historia de la marca y de su creador está llena de sucesos de vital importancia, algunos relacionados con la marca que lleva su nombre y otros no, y también en el ámbito de la Segunda Guerra Mundial. Pero al final el museo cuenta un relato sencillo y no muy elaborado: el de la historia de la pasión por la competición y la innovación, que es la historia del origen del automóvil en si mismo.

Cuando llegamos al Museo Porsche, dejamos el coche en el párking que está debajo. Un párking en el que había un 928, un 911 GT3 y un 911 GT2... subimos por el ascensor y aparecimos en la cafetería. Tal como veníamos, sin comer, del Museo Mercedes Benz, decidimos tomar algo rápido antes de entrar a las salas. Degustando unos dulces y aún habituándonos a la blanca luz que inunda el edificio, miramos hacia una gran cristalera que estaba a nuestro lado. A través de la misma, se podía ver un taller impoluto en el que descansaban el histórico 550 Panamericana, o el 911 Rothmans con el que Jackie Ickx corrió el Dakar de 1985, el mismo en el que el piloto belga había dado una vuelta al Director Técnico de Autopista, Miguel García, semanas antes, y del cual el propio Miguel me había hablado. Intentando aún adaptar los ojos a la visión del taller, ni siquiera habíamos reparado que junto a la cristalera, a unos centímetros de nosotros, había un imponente 935 con su intimidante alerón posterior.

Ahora, cuando han pasado ya unos meses desde aquel viaje, comprendo que en realidad ahí está el resumen de lo que la marca Porsche supone en la historia de la automoción, y lo que la hace especial, No el lujo asociado a sus vehículos, no la espectacularidad de sus líneas, sino el respeto hacia la técnica y la devoción hacia la innovación y el trabajo bien hecho. Lo que explica que el taller de restauración y mantenimiento de los coches esté a la vista y junto a la cafetería del museo, para darle tanta relevancia como al resto de la exposición y para que se comprenda la diferencia, sutil pero trascendental, entre costumbre y tradición.

Claro, que todo esto lo dice alguien que, probablemente, el primer coche que vio en su vida fue un Porsche... aunque fuese de juguete.

* Enlace a galería de fotos del Museo Porsche

** Muchas gracias a Abel, Patricia y Emilio, sin cuya paciencia y apoyo este viaje hubiese sido completamente imposible, particularmente en agotadoras jornadas como la de Stuttgart

*** Mi más sincero agradecimiento a Isabel García y Miguel García, sin cuyo apoyo incondicional desde hace tiempo, y sus desvelos totalmente desinteresados, probablemente no habría tenido lugar este inolvidable viaje, ni tantas otras cosas.

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