
(see english text below)
Ayer, 3 de septiembre, se cumplían 76 años de uno de los hechos automovilísticos más legendarios del siglo XX, y uno que despertó una gran excitación en la cultura popular en un periodo, los años 30, que fue el del máximo apogeo del entusiasmo tecnológico en torno al automóvil, ese en el que se soñaron ciudades surcadas por coches voladores y ciudades en otros planetas. Ese día, Malcolm Campbell, el inglés que había tenido una discreta carrera en competición, a pesar de alguna victoria con Bugatti, batió por última vez en récord de velocidad sobre tierra con su legendario "Bluebird", un coche con motor Rolls Royce de aviación diseñado con un objetivo: superar las 300 millas por hora sobre tierra.
En el momento, Campbell tenía 50 años. Después de haber servido en la RAF durante la Primera Guerra Mundial, y de haber tenido una breve carrera en competiciónes de motos y también de coches en los años 20, desde 1924 entró en el mundo de los récords de velocidad sobre tierra, cuando consiguió los 233'86 km/h con un Sunbeam. Para 1935, Campbell era ya una leyenda de la velocidad.
Desde los mismos incios del automóvil, las carreras y los récords de velocidad fueron una obsesión para pilotos, fabricantes y países. Desde que Jenazty superó los 100 km/h (105'26) con su Jamais Contente eléctrico, en apenas 25 años la velocidad máxima alcanzada por un vehículo a motor se multiplicó por dos y medio, y en 1927 ya se habían superado ampliamente los 300 km/h.
En Estados Unidos, particularmente durante la Gran Depresión, comenzaron a hacerse populares las carreras intentando alcanzar la máxima velocidad posible, tanto en Daytona, como en el lago salado de Bonneville, o en el californiano Lago salado Rogers donde después estuvo la Base Edwards del ejército americano, que años después serviría como lugar de referencia para los viajes de los transbordadores espaciales. Son los años en los que los Hot Rod, animados por el popularísimo motor V8 de Ford, comenzaron a gestar un icono de la cultura popular que florecería durante los años 50.
En esta misma década, en Europa, la caza del récord de velocidad tenía un escenario predilecto: las Autobahn alemanas donde los fabricantes del país, particularmente Mercedes y Auto Unión, disputaban el cetro de la clase B con sus míticos monstruos de competición (a diferencia de los coches de clase A, como el Bluebird, que solamente competían en los récords de velocidad). Esta batalla vio además pasar a los mejores pilotos de competición del momento, los Caracciolla, Stuck o Rosemeyer.
En la década de los '30, como decíamos antes, la batalla por el récord de velocidad era un nítido reflejo de las perspectivas de la sociedad del momento: era la época en la que parecían eclosionar algunas de las ideas del Futurismo, con edificios rabiosamente modernos como la fábrica de Ford en River Rouge, Detroit, o el Lingotto de Fiat en Turin; era la época del Dymaxion de Buckminster Fuller, que preveía una sociedad futura altamente tecnificada y eficiente; la de las ciudades entregadas al automóvil y la velocidad de Le Corbusier, las arquitecturas hechas para ser disfrutadas en coche de Lloyd Wright, o el diseño moderno y atrevido de la Bauhaus. Y por supuesto, la plasmación de todo esto en la cultura popular y el arte abrió la puerta a nuevas claves e interpretaciones plásticas y conceptuales. Las obras de los futuristas Boccioni, Balla o Russolo, la fascinación de las máquinas de Picabia o las modernas estampas urbanas de Kirchner. Y por supuesto visiones del futuro como las de Fritz Lang en "Metrópolis", o del diseño como las de Norman Bel Geddes en su "Futurama" de la Feria Mundial de Nueva York de 1939.
A todo este ambiente de optimismo tecnológico, los récords de velocidad de Campbell con su estilizado mónstruo azul supusieron un estímulo más, pero uno legendario. Porque entre todos los récords y logros, el de ser el hombre más rápido sobre la tierra no era el menor.
Campbell batió nueve récords de velocidad sobre tierra, el último el 3 de septiembre de 1935. Su bólido azul surcó la sal del lago de Bonneville a 485 km/h, superando por primera vez las 300 millas por hora sobre tierra. El inglés se convirtió en uno de los hombres más populares del momento, una especie de astronauta con treinta años de antelación. Anuncios, sellos, publicidad por todo el mundo... El reinado de Campbell duró sólo dos años más, hasta 1937 en que Georges Eyston lo batió por apenas 15 km/h, quedándose a las puertas de los 500 km/h.
La gloria de los récords está determinada por la eterna melancolía causada por la competición. Siempre otro será más rápido, antes o después, la única duda es cuándo y por cuánto, aunque basta un metro mas, una milla por hora más, para que nadie se acuerde de la cifra pero sí del nombre. Campbell, en cambio, perduró, en parte gracias a que su hijo Donald Campbell continuó compitiendo por los récords , aunque no consiguió ninguno en la categoría máxima. Pero el nombre del viejo capitán inglés ha quedado asociado para siempre a la historia de los récords de velocidad y, de alguna manera, como los Gagarin o Chuck Yeager, a la historia del siglo XX.
Hace sólo unos años, en 2007, dos lienzos de Jack Vettriano rememorando las hazañas de Campbell se subastaron en Sotheby's, siendo vendido sólo uno de ellos, por un precio próximo a los 690000 euros. Precisamente el vendido fue el que recordaba la hazaña de Campbell en Bonneville en 1935, mostrando lo fuerte que es aún hoy la huella de la hazaña del inglés en la cultura popular y también el arte.
El "Pájaro Azul" puede verse en la exposición permanente del museo que se encuentra en el circuito de Daytona, en Estados Unidos. Seguramente algo que contribuye a la leyenda de Campbell es precisamente el que el coche se conserve intacto, en vez de haberse desintegrado en algún intento. Y que el propio piloto muriese de muerte natural a los 63 años, y no en medio de una de sus carreras hacia la gloria. Ambas cosas profundamente inusuales en aquel tiempo intoxicado por la velocidad, hace sólo 75 años.
Hoy, cuando la sociedad es más veloz y la tecnología mayor, Andy Green y 1220 km/h casi no dicen nada, a pesar de ser los del poseedor del récord de velocidad sobre tierra y la marca que logró en 1997. Una sociedad en la que parece no importar un récord asi, mientras se mira hacia la sostenibilidad y hacia un mundo más equilibrado. Sin embargo, a pesar de pertenecer a otro tiempo, Malcolm Campbell y 485 km/h son un nombre y una cifra que han pasado de la historia a la cultura del siglo XX. Y eso es otra categoría. La diferencia entre los héroes y los dioses
* Los récord de velocidad sobre tierra
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Yesterday,
september 3rd, it was 76 anniversary of one of the most
legendary automobile facts in the Xxth century, and one that also
rose great expectation in the popular culture in a period, the
thirties, that turned to be the maximum point for the technological
enthusiasm around automobile, that in which everyone dreamt about
flying cars over cities and cities in faraway planets. That day,
Malcolm Cambpell, the englishman with a discrete career at car racing
despite some victories with Bugatti, got his last land speed record
over the legendary “Bluebird”, a car with a Rolls Royce aviation
engine designed on one purpose: to get over 300 mph.
At the
time, Campbell was 50. After having served the RAF during the World
War I, and having a brief career both at motorbike and car racing,
in the twenties, since 1924 he started in the world of land speed
records, when he set the world's absolute record into 233'86 km/h
with a Sunbeam. In 1935, Campbell was already a speed legend.
Since
the very beginnin of the automobile, racing and speed records were an
obsession for drivers, manufacturers and even countries. Since
Jenatzy took over 100 km/h (105'26) with his “Jamais Contente”,
an electric bullet shaped car, in just 25 years maximum speed reached
by a car had gone two and a half times faster, and for 1927, 300 km/h
were alredy gone.
In the
United Estates, specially during Great Depression, speed races became
popular, at Daytona, as well as in Bonneville's dry lake, or the
californian Rogers dry lake, the place where decades later the
Edwards Air Base was built and then made a reference for the Space
Shuttle program. It was the years in which very early Hot Rods,
powered by the very popular flathead V8 Ford engine, began to build
what showed as grown up in the fifties for the popular culture.
In the
same decade, in Europe, speed records chase had a main scenery: the
german Autobahn where country's car manufacturers, specially
Mercedes-Benz and Auto-Union, fought for the B-Class land speed
records with their legendary racing cars (B-Class cars were also
racing cars, as a difference with A-Class that were only build for
speed record purposes). This battle had also famous drivers as stars,
such as Caracciolla, Stuck or Rosemeyer.
In the
thirties, as we said before, the speed record battle was a fine
reflection of society's main concerns: it was the time in which
seemed to rise some of the Futurist artists ideas, with sharply
modern buildings such as River Rouge Ford factory, at Detroit, the
Lingotto, a Fiat factory at Turin, or even New York skyscrapers; it
was the time of Buckminster Fuller's Dymaxion car and house, that
headed for a very tecnified and efficient world; it was the time of
cities surrounded to automobile such as Le Corbusier's plans;
buildings being made to be used by car, such as some Frank Lloyd
Wright's projects; or even the modern and uncompromised design of
Bahuaus School. And, of course, the translation of all this into
popular culture and art opened the door to new themes, new styles,
and new concepts. The Futurist artworks by Boccioni, Balla or
Russolo, Picabia's machine fascination, or modern urban pictures
painted by Kirchner. And future visions such as Fritz Lang's
“Metropolis”, or Norman Bel Geddes' “Futurama” designed for
the New York World Fair in 1939.
To all
this overexcited technological optimism, land speed records by
Campbell with his smooth and stylish blue monster came as a new
stimulous, but a legendary one, bringing some mythology to the
society. Because, between all the records and achievements reached in
the last decades, being the fastest man on earth wasn't the smallest.
Campbell
beated nine land speed records, the last one on september the 3rd
1935. His blue car crossed the white salty land of Bonneville at 485
km/h making 300 mp/h for the first time. He became one of the most
popular men in the world at the time, some sort of an early
astronaut. Advertising, stamps, public appeareances all around the
world... Campbell's kingdom lasted only two years, since 1937 when
Georges Eyston beated it by mere 15 km/h, staring at the doors of 500
km/h.
Record's
glory is set together with an eternal melencholy caused by
competition. There will always be a faster man than the record
holder, soon or later, the only matter is when, and how faster, even
when a single mile per hour is enough to make the world forget the
fact and remember the name. Campbell's name, anyway, lasted, in part
because of his son, Donald Campbell, who kept on fighting for both
land and water speed records. But the name of the old english captain
got forever merged with the history of speed records and, somehow,
together with Gagarin or Yeager, with XXth century history.
A few
years ago, in 2007, some paintings by Jack Vettriano reminding of
Campbell's records, got auctioned by Sotheby's, being sold just one
of them by around 690000 €. The one sold was, precisely, the one
depicting the record attempt at Bonneville in september 3rd
1935, and it show how strong this story is still on popular culture.
The
“Bluebird” is shown as a permanent exhibition at Daytona's
racetrack museum. Probably something that brings Campbell's legend a
bit higher, is the fact that the car is still remaining, and wasn't
disintegrated in any record attempt. And the fact that the driver
itself died because of a heart attack at 63, and not in the middle of
one of his races and record attempts. Both things very unusual at
that time, intoxicated by speed, just 75 years ago.
Today,
when the world is fastest and technology much more complex, Andy
Green and 1220 km/h means very little, even when they are the name of
the land speed record holder and the fact of the speed reached in
1997. A society in which a record like that seems to mean nothing
when we're looking at concepts such as sustainability or balanced
development. But still, even when it comes from a different time,
Malcolm Campbell and 485 km/h are a name and a fact that became part
of history and popular culture of the XXth century. And that's a
different category. It means the difference between heroes and gods.
* Land Speed Record list