
(see English version below)
Los
héroes no son, probablemente, sino personas normales que se
comportan de un modo excepcional en circunstancias excepcionales. En
ocasiones, aquellos que aparentemente son un débil escalón frente a
las adversidades, resultan convertirse en destacados cuando se trata
de afrontar problemas inesperados.
En la
Primera Guerra Mundial, el automóvil tuvo un papel secundario frente
a, por ejemplo, la incipiente aviación. La Segunda Guerra Mundial
fue, en cambio, un campo de pruebas para algunas de las tipologías
de vehículos más reconocibles del siglo XX, y especialmente para
los vehículos especializados en los terrenos y usos más duros.
Hasta tal punto que tres de los coches más famosos de todos los
tiempos nacieron con propósitos militares relacionados con la
segunda gran guerra. Se trata del VW Typ 1 (Escarabajo) del ejército
alemán, resultado de las investigaciones de diversos ingenieros como
Ganz, Jaray o Ledwinka, aunque finalmente firmado por el Dr. Porsche
(y embrión de los primeros coches construídos bajo su propia
marca); el Jeep, creado tras una competición entre American Bantam y
Willys Overland para el ejército estadounidense y bautizado como
"General Purpose Vehicle" (de ahí la abreviatura GP, y su sonido
"Jeep"); y el Land Rover de los hermanos Wilks, nacido en 1948
como un intento de mejorar el Jeep de Bantam para uso civil, y
perpetuado hasta suplantar con el nombre de su marca el nombre común
para "todoterreno".
Pero
ninguno de los vehículos anteriormente descritos estaba introducido
comercialmente a finales de los años '30, sino que se trataba de
prototipos de exclusivo uso militar. Por esta razón, la movilidad de
los civiles (y buena parte de los militares) durante la Segunda
Guerra Mundial, tuvo lugar con coches "no especializados",
vehículos de toda clase, rápidos y lentos, lujosos y humildes, que
se vieron envueltos en circunstancias especiales y fueron usados
para, en ocasiones, algunas proezas que aún se recuerdan, y en otras
desesperadas aventuras que acabaron de forma dramática.
La
última película de Anthony Asquith, director entre otras de
"Pigmalión" (1931 con Leslie Howard) o "El caso Browning"
(1951, con James Redgreave), fue una producción al estilo de
Hollywood con una gran cantidad de estrellas, en la que el hilo
conductor era un Rolls Royce Phantom II de 1931. Con "El Rolls Royce amarillo" Asquith no creó una
obra "de ensayo", recién llegado desde el Reino Unido a
Hollywood donde dirigió a Liz Taylor y Richard Burton en "The
VIP's", pero las historias que la película cuenta tienen como
denominador común las contradicciones en las relaciones personales,
así como un cierto escenario social en el que se pueden rastrear
interesantes aspectos del periodo de entreguerras hasta el final de
la Segunda Guerra Mundial. La historia de un Rolls Royce Phantom II,
un coche símbolo de estatus y alta sociedad, y las peripecias por
las que pasa a lo largo de una década trascendental de la historia
de Europa, sirven al director para plantear las paradojas y
debilidades en las relaciones humanas, así como una visión
romántica de la ausencia de barreras entre clases y del sentido del
deber y la justicia.
La
historia principal en torno al coche amarillo se desarrolla a
comienzos de la segunda gran guerra, y es donde nos permite tener una
visión del papel de los automóviles durante la contienda. Una
adinerada americana, Gerda Millett (Ingrid Bergman), se encuentra en
un viaje por Europa en marzo de 1941, y pronto se ve envuelta en una
historia de intrigas relacionadas con la resistencia yugoslava.
Davich (Omar Shariff), un lider del pueblo en el exilio, trata de
cruzar la frontera entre Italia y Yugoslavia, empeño en el que
utilizará a la americana para su causa. El Rolls amarillo y sus
dispares ocupantes se verán entonces envueltos en una serie de
aventuras en la que nada será lo que parezca, incluido el
aristocrático coche inglés. En medio del bombardeo de Liubliana,
Davich requisará el coche de Millett quien, a su vez, se implicará
en la defensa del pueblo llena de una mezcla de orgullo y sentido
común con una cierta vis cómica, encarnando un arquetipo de mujer
heroica en la guerra, al estilo de Eleanor Roosevelt o la propia
Isabel de Inglaterra. El coche, transportando guerrilleros al frente,
se convertirá en un héroe de la guerra al igual que su conductora,
en la lucha contra el ejército nazi.
La
escapada de Bergman y Shariff a través de los duros caminos de los
Alpes en su abnegado Rolls no es, sin embargo, un recurso meramente
cinematográfico. A lo largo del siglo XX, particularmente hasta la
Segunda Guerra Mundial, los coches particulares se convirtieron en
improvisados vehículos militares o de servicio para los ejércitos.
Docenas de fotografías de la Guerra Civil española documentan los
camiones convertidos en carros blindados (particularmente en el bando
republicano o en las diversas resistencias antifranquistas), montados
con apenas cuatro restos de chapa para proteger a los ocupantes. Pero
quizá el caso más famoso, y que se pone en contacto directo con "El
Rolls Royce amarillo", de coches particulares usados de forma
protagonista en tiempos de guerra es el de los taxis del Marne.
Durante la Primera Guerra Mundial, cuando los alemanes se aproximaban
con marcha firme a París, el gobernador de la ciudad, Gallieni,
ordenó reunir todos los taxis de la misma (unos 600) para
transportar a soldados y milicianos al frente. Se estima que la
operación permitió llegar a la zona de Marne, donde se libraría
una batalla decisiva por la libertad de la ciudad, a unos 6000
soldados que harían resistir a las líneas francesas frente a las
embestidas del ejército germano. La victoria en la Batalla del Marne
fue uno de los hechos bélicos decisivos de la Primera Guerra
Mundial, y uno de los primeros casos de utilización masiva de
transporte ligero motorizado en un conflicto bélico. Pero más que
la historia del transporte militar, el episodio de los taxis del
Marne y la cinematográfica escapada del Rolls Royce amarillo en la
película, habla de una realidad en los conflictos bélicos de la
primera mitad del siglo XX, que es la del coche como herramienta
básica de supervivencia y gestión de los desastres. Los coches
particulares, poco evolucionados y fiables mecánicamente pero, por
la misma razón, simples y más resistentes al trato duro que los
coches de hoy en día, se convirtieron en protagonistas anónimos de
desplazamientos, huidas y estrategias durante las contiendas, pero
especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, en la que se
ambienta la película.
* Artículo escrito y publicado en el número 24 de la revista Laberintos, editada por profesores del IES Elaios de Zaragoza
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Heroes
are probably just common people with exceptional attitudes in
exceptional circumstances. Sometimes, those who seem to be just a
weak chainstay for the adversity, turn to become the most highlighted
when it deals about facing unexpected problems.
In
WWI, cars had a secondary role in front of, for example, the early
aviation. But WWII was different, and it became a test track for some
of most important the cars typologies of the Xxth century, specially
those developed for the tougher duties and terrains. To the point
that three of the most famous cars in history were born for military
purposes related with the Second World War. They are the VW Typ1
(Beetle) of the german army, built with the researches of several
engineers, such as Ganz, Jaray or Ledwinka, but finally signed by Dr.
Porsche (and the very granfather of the first cars built for his own
brand); the Jeep, built after a competition between American Bantam
and Willys Overland for the US army and called "General Purpose
Vehicle" and there its nick GP and its sound "Jeep"; and the
Wilks' brothers Land Rover, born in 1948 as a try to improve the
Bantam Jeep, and becoming so old and important as to replace the name
"all terrain vehicle" with his "Landrover".
But
none of those vehicle referred were present in the market in the late
thirties, but they were army prototypes. For this reason, civil
population mobility (and a part of army soldiers too) during WWII had
to be arranged on not-specialized vehicles, every kind of car, fast
and slow, humble and luxurious, that were involved into very special
circumstances and used for some feats still in the memory, and
sometimes for desperate tragic ended adventures.
The
last movie Anthony Asquith directed, after having filmed "Pigmalion"
(1938 with Leslie Howard) or "Browning version" (1951 with James
Redgreave), was a very "hollywood-like" movie with a lot of stars
in which the main item was a yellow 1931 Rolls Royce Phantom II. With
"The Yellow Rolls Royce "The
Yellow Rolls Royce"
Asquith didn't created a very thoughtful and insightful movie, as he
was right landed from the UK and had just filmed "The VIP's" with
Richard Burton and Liz Taylor, but the stories the movie shows have
some common features such as contradictions in private relationships,
and a certain social scenario where you can see some aspects of the
interwar period. The story of the Rolls Royce, a car which is a
symbol of status and high society, and the adventures it takes along
a key decade of Europe's history help the director for showing the
paradox and weaknesess in human relationships as well as a certainly
romantic view of the absence of barriers between social classes and
the sense of duty and justice.
The
main story around the yellow car develops around the start of WWII
and shows the role of cars in that war. A wealthy american, Gerda
Millett (Ingrid Bergman) starts a trip around Europe in March 1941,
and she soon gets involved in some intrigues dealing with yugoslavian
people's army. Davich (Omar Shariff), an exiled people's leader,
tries to cross the frontier between Italy and Yugoslavia to get back
in the country, and on that purpose he'll get advantage of Miss
Millet's car. The Rolls and his heterogeneous passengers will soon be
involved in a series of adventures in which nothing seems to be what
it seems, including the aristocratic english car. In the middle of
Liubliana's bombing, Davich indents Millet's car who, at the same
time, will get deeply involved in the people's defense with a curious
mix of pride and common sense with some comical flashes, incarnating
the role of a heroic woman during the war, very Eleanor Roosevelt'
like or even Elisabeth of England. The car, taking fighters to the
battlefield driven by the woman, will become a war hero as well as
she will, fighting the Nazi army.
Bergman
and Shariff's getaway across the tough Alps gravel roads in their
selfless Rolls is not, by chance, a cinema remedy. Along the Xxth
century, specially until WWII, private cars became improvised
military vehicles, or service machinery for the armies. Dozens of
pictures of the Spanish War show lots of trucks (specially in the
republican side) turned into sort of tanks by being covered with a
few metal sheets as an armor. But maybe the most famous case of
private cars used in a highlighted way during war times, and it gets
in touch with "The Yellow Rolls Royce", is the story of the
Marne's Taxis. Duiring WWI, when the german army was heading and
getting very close to Paris, city gobernor, Gallieni, ordered to
gather every taxi in it (around 600) in order to use them to take
fighters to the battlefield of Marne, where a key battle was to be
fougth. They took around 6000 soldiers to Marne, and that led the
french army to the victory, preventing the germans from taking Paris.
That victory was a main fact in WWI, and one of the very first cases
of massive light automobile use during war times. But beyond military
transport history, the episode of the Marne's taxis and the cinema
reflection in "The yellow Rolls Royce", talks about a fact in
wars in the first half of Xxth century, the use of private cars as a
basic tool for survival of the civil population and disasters
management. This private cars, little technological and mechanically
reliable but, for the same reason, very simple and resistant to tough
use than nowadays cars, became starring roles in anonymous trips,
getaways and strategies during the wars, but specially during WWII,
in which the film happens.
* Article written and published in the issue nº 24 of Laberintos' magazine, published by the teachers of the IES Elaios, in Zaragoza