Esta tarde se inagura el Eurobasket Junior de Madrid. El de las prómesas, jugadores menores de 18 años. Jugadores entre la inocencia y la perversión; conscientes de sus aptitudes pero con la debilidad de los adolescentes; niños, todavía, que caminan peligrósamente en un alambre del cuál es fácil caer, y más cuando alguien empuja por la espalda. Muchos de los jugadores que nos encontraremos en este torneo se quedaran en el camino, perdidos en categorias inferiores, poco profesionales y víctimas del siniestro sistema que a veces representa el deporte profesional. Sin embargo este torneo también es un lugar para el escaparate, para que se presenten ante la sociedad deportiva como nuevas realidades del baloncesto europeo. Un rayo de esperanza en un contexto dónde jugar en Europa ya no es lo importante sino formar parte de la banalidad norteamericana; ellos serán en un futuro el centro de las miradas de las masas aficionadas a este deporte ansiadas de buscar nuevos ídolos a los que imitar. El futuro comienza hoy: en el circo.
Lo de hoy no es un torneo de jugadores a punto de dar el salto al mundo profesional, sino un tinglado organizado por Jose Luis Sáez, Pepe para los amigos, el hombre que se presenta como el que no quiere ser ni Don Quijote ni Robin Hood; un circo ínstalado en un pabellón de 10.000 personas como el Madrid Arena, con el apoyo logístico de una televisión estatal de nueva creación como la Sexta que empuja para convertirlo en un aperitivo del Eurobasket de la Eñemanía, el evento deportivo más políticamente incorrecto jamás organizado en este país. Pero lo preocupante no es eso, sino la creación del escenario, un torneo de baloncesto para menores de 18 años tratado como si fuera una competición adulta. El ente televisivo nos vincula a la supuesta figura, Ricky Rubio, a la misma altura que Pau Gasol, no es que se trate de comparaciones odiosas sino más bien tendenciosas y peligrosas, porque ya de entrada se les exige ganar, de inicio sólo importa la victoria, pero...¿y si no cumplen con las espectativas?
Bien es cierto que esta selección cuenta con un elenco de jugadores muy compensado y competitivo. Para ganar en el baloncesto debe haber un equilibrio de jugadores entre el 1.90 y los 2.10. No es imprescindible pero si recomendable. A parte de ello, la selección cuenta con perfiles de jugadores muy interesantes como Ravaseda, un escolta de 2.00, Pere Tomás, un escolta de 2.02, un pivot dominador como Pablo Aguilar de 2.07, y un jugador que debutó en la ACB con apenas 15 años como Ricky Rubio. Este será el núcleo incontestable de esta selección, a la altura de los mejores y que debe hacer olvidar de la mala imagen de los Sub 19 en el Mundial de Serbia de hace unos diez días. Pero existen otros equipos de similar potencial, como Serbia, Lituania o Turquia, que disponen de jugadores muy interesantes como Bogdanovic, Janavicius o Milan Macvan.
Este debe ser un torneo para disfrutar de estos jugadores y no para presionarlos para ganar torneos estériles. La presión por ganar va en contra de los torneos de baloncesto de base como estos, donde lo más importante es el participar y formarse. Tiempo ya se tendrá para exigirles rendimiento, compromiso y fidelidad por unos colores, un régimen o una bandera. Algo que deben en tener en cuenta esos políticos que tanto trabajan por el baloncesto que no dudan en poner su fotografía en el dossier promocional, como Lissavetsky, Gallardón o Esperanza Aguirre. Dossier que te hace dudar de si es un documento informativo del torneo o simplemente una plataforma política para descubrir a que partido político les importa más este deporte. Si es que realmente les importa.
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Comienza la eñemania