Ayer se jugó la última jornada de la segunda fase del Eurobasket Junior
de Madrid. España lo tenía francamente complicado puesto que no
dependía de sí misma sino del resultado entre las selecciones lituana y
serbia. Lituania para acceder a las semifinales tenía que ganar a
Serbia por más de 4 puntos, mientras que la Española tenía que ganar sí
o sí para aspirar a soñar. Sólo aspirar, porque lo que ocurrió fue
simplemente una consecuencia lógica de un torneo mal planteado. Se
puede hablar de tongo, de trampas, o de amaño de partidos, pero que las
especulaciones no deberían hacer nublar la realidad de un torneo de
baloncesto de base, formativo, y donde el ganar no importa sino el
participar. También la reacción de la prensa es desmesurada y que lo
único que hacía era alentar un circo inadmisible. Un circo que no
debería eclipsar el talento ofrecido por muchos jugadores.
Este torneo debe ser leerse como la presentación de jugadores como Milan Nacvan o Stojavic, que han hecho un torneo soberbio y que como Ricky Rubio o Pablo Aguilar demuestran que esta categoría ya se les ha quedado pequeña. Este es el torneo que merece Serbia con todo merecimiento y que debe dar un poco de ilusión a los aficionados balcánicos. Su equipo ha presentado mucha más madurez que el de los españoles, sin duda uno de los mejores pero un punto por debajo de los balcánicos. De la selección junior actual sólo me quedaba con Pere Tomás, Ricky Rubio o Pablo Aguilar, pero Rabaseda ha hecho un torneo bastante irregular, y de Marco me esperaba poco o nada de él, aún a pesar de su talento pero al que su falta de estatura lo va a comenzar a castigar de manera irreversible. El resto ha sido un equipo bastante vulgar, que tanto ganaban de 15 como perdían de manera inverosímil la renta favorable. Demasiadas concesiones, tanto mentales como estadísticas, como para aspirar a las semifinales. O mejor dicho entre las cuatro mejores selecciones.
No conviene perder el tiempo en construir congeturas entre Lituania y
Serbia, sino más bien reflexionar sobre un sistema de clasificación
bastante ortodoxo. Dos fases previas en formato de liguillas antes de
llegar a las semifinales cuando en los torneos mayores se establecen
cruces a partido único eliminatorios en cuartos, semifinales y final.
Pero una vez establecido y aceptado por todos el sistema no hay vuelta
de hoja. La selección española ya sabía lo que podía ocurrir, y si
Lituania y Serbia tenían la posibilidad de dejar fuera al rival más
temible es totalmente lícito. Aunque la idea sea formar a los jóvenes
éstos tienen el derecho a competir. Y lo que es "tongo" para unos, es
inteligencia deportiva para el resto: principalmente los deportistas.
Quedó la selección española eliminada y fuera de las medallas. De hecho
no estará entre las cuatro mejores en un torneo en el que se jugaba
como anfitrión. Al igual que en torneos de superior categoria, he visto
a una grada excesívamente caldeada, como si de una encerrona se
tratara. Hablo del España-Lituania. Demasiada pasión, visceralidad y
energúmenos en las gradas. Era el lugar menos indicado para ello. La
Federación puede presumir de congregar a 5.000 personas cada día que
jugaba la selección junior, pero lo cierto es que con ello se ha
agarrotado el talento de unos jugadores, al que sólo Ricky Rubio se ha
podido sobreponer. Son menores de 18 años. Demasiada presión para unos
tardo-adolescentes, y una lección para próximos organizadores de cómo
preparar los torneos. Tanto el sistema como el saber qué tipo de
público es el más adecuado para estos torneos. Esto no es un circo, y
mejor darse cuenta ahora antes que sea demasiado tarde.
Vergonzosa impugnación del partido Serbia-Lituania por parte de la Federación Española de Baloncesto