Si hay un equipo
que está mostrando una imagen más sólida que la de los españoles es
precisamente el de la selección lituana. Al menos hasta ahora, ya que
no se sabe como estará mañana, sin su principal líder, Jasikevicius,
aquejado de una rotura fibrilar. La lesión de Sarunas es altamente
inoportuna, pero hasta ahora pasa desapercibida gracias a la variedad
de jugadores talentosos que se ha llevado el seleccionador Bravauskas a
Madrid. Y no precisamente de turismo, sino que vienen dispuestos a
ganar, y demostrándolo en cada partido. No hace falta ganar por más de
20 puntos por encuentro, ni hace falta agitar a las masas a golpe de
populismo. No es necesario y Lituania en cada partido nos lo está
demostrando en lecciones de baloncesto por capítulos coleccionables. O
lo que es lo mismo, evolucionar el encuentro a partir de lo sutil y lo
elegante, renunciado a lo evidente y hullendo de lo banal. Ni mejor ni
peor que otras selecciones más contundentes, simplemente una manera
distinta de sentir.
Y hoy a tocado atascar a la precisa maquinaria eslovena, clasista y
elegante como la lituana pero con menos bagaje en este tipo de torneos,
lo que la priva de entrar, al menos de momento, en la aristocracia que
reina en este deporte. Trabajar su sentimiento hacia este deporte y
transmitirlo como si de cultura se tratara a partir de los años.
Eslovenia coincide con Lituania en la cultura del trabajo en el
baloncesto, en el saber perder y sobretodo en el saber gestionar la
victoria, y no tardará en recoger sus frutos. Hoy Eslovenia ha pecado
por la inexperiencia pero también por estar mermada de talento. Con
Lakovic, Smodis, Slokar y Nesterovic, como pilares pero con Dragic como
imberbe revulsivo. Una arriesgada apuesta si la comparamos con el
arsenal lituano descrito en tantos y tantos partidos. Se llamen
Lavrinovic, Kleiza, Siskaukas o el último en llegar, Rimantas Kaukenas.
Kaukenas está más que cumpliendo, brilla por sí sólo en un escenario
donde la lesión de Jasikevicius se convierte en una alargada, fría y
oscura sombra. Lejos de huir de ella se siente cómodo en esa parcela.
No renuncia sino que parecía querer que llegara ese momento para
reivindicarse en Europa. Una buena noticia para Lituania ver que
tienen, por fín, un relevo de garantías de Jasikevicius. Lo que la
condenaba en un pasado ahora es síntoma de optimismo. Con la lesión del
gran líder Lituania antes lloraba, ahora simplemente queda instalado la
tranquilidad y un jugador que más que preocupar reconforta.
Una condena que parece sufrir Eslovenia. Hoy los balcánicos han sufrido
el síndrome Lakovic consistente en estrellarse ante una férrea muralla
de hombres más altos que él, Jasaitis, Kaukenas, Siskaukas.... evitando
sus letales lanzamientos e invitarle a las penetraciones contínuas para
sufrir las agallas de cualquiera de los Lavrinovic, Songaila o el mismo
Kleiza. Allí ha estado la clave del partido y lo que ha dictaminado la
victoria del lado lituano. Un equipo con un perfume que cada vez huele
mejor.
La libreta del Eurobasket
MVP: Para Johannes Herber,
escolta alemán que ha secundado perfectamente a Dirk Nowitki con sus 15 puntos y 6 rebotes para
doblegar a la selección italiana de Bellinelli. El motor alemán se
resiste a abandonar la carretera.
Arrivederci Italia: Italia sin
ritmo se queda en un equipo previsible. Bulleri ha completado un torneo
mediocre que ha condenado a Italia a no estar en los cuartos, o lo que
es lo mismo, Italia no estará en Pekin el próximo verano. Adios a
Galanda, Bulleri, Basile, Marconato y Soragna.
Otra lesión: De Jasikevicius
que no tenía bastante con ir cojo que ahora tiene una rotura fibrilar
que le deja sin apenas opciones no sólo de participar en los cuartos
sino de hacerlo en caso de llegar a la final. Inoportuna pero no
insalvable.
Intrascendente: La enésima
derrota de Turquía, que no ha sabido ganar a una Francia descafeinada
que pensaba más en los cuartos que en el duelo frente a los otomanos.
Mahmuti debe estar ya picando a la puerta.
Ovación: Para la ruidosa
afición lituana que pinta de verde las gradas del Madrid Arena. Qué
placer asistir a una afición tan modélica en las gradas del Eurobasket.