Una vez perdida
la medalla muchos hablan de la mala suerte en el último tiro. Un lanzamiento
no deja de ser un detalle, tal como se vió en las dos jugadas
consecutivas, y estaríamos hablando de discursos distintos si Gasol
hubiera anotado la canasta en el último suspiro. Nos recrearíamos en la
épica del momento y elevaríamos a Gasol a los pedestales del deporte
nacional. Quién sabe si se exigiría de nuevo un Príncipe de Asturias
para el equipo o si habrían presiones para darles una Medalla de Honor
al mérito deportivo. Lo cierto es que en un país, y sobretodo unos
medios, que tiende a la exageración se habría magnificado una
trayectoria dubitativa. Con más sombras que luces. Quizás resuelta de
la peor de las formas posibles, pero totalmente justa visto el
rendimiento global del equipo. Los pecados muy pocas veces tienen
premio.
La preparación: una gira promocional
No voy a centrarme en los entrenamientos, principalmente porque carezco
de formación para ello y segundo porque apenas se ha recibido
información de las series preparatorias. La preparación fue correcta en
cuanto a días pero peligrosa en cuanto a planificación. Más propia de
una gira promocional por España, con constantes visitas de cortesía el
mismo día del entreno. Comparándola con la preparación del Mundial de
Japón hay un abismo. Cierto es que el hecho de jugar de local
incrementa la presión de los jugadores, se multiplican los actos
promocionales y los jugadores muestran su mejor cara para mostrarse más
próximos con el aficionado. Aislarlos un poco del embrollo mediático
sin llegar a los límites de Japón hubiera sido más beneficioso.
El otro aspecto que destaco es el de la designación de partidos. Se
jugó contra una selección no participante en el Eurobasket como
Venezuela, contra el primer rival al que se enfrentaría la selección
como Portugal y luego se celebraron cuatro encuentros casi consecutivos
contra Lituania y contra Alemania. Esto se hizo, quizás, para
acostumbrar a los jugadores a rendir en jornadas consecutivas, pero un
servidor no comprende el jugar dos partidos seguidos contra un mismo
rival, y menos repetirlo con otra selección.
Objetivos: Imponerse un listón muy alto, nadie quería la plata.
Por primera vez la selección hizo gala de su condición de favorita en
un torneo de baloncesto. En Japón no era ni de lejos candidata a ganar
el campeonato, pero sí de aspirar a las semifinales. Los medios, por su
naturaleza futbolera, utilizan el baloncesto como centro de sus
frustraciones deportivas. Y el baloncesto al igual que en el fútbol, se
carece de cultura competitiva. En el baloncesto las cosas están
cambiando, principalmente porque los clubes españoles son el principal
destino de los mejores jugadores de Europa y los jugadores españoles
que juegan compiten de tú a tú con ellos por los minutos a permanecer
en pista. Por eso es distinto pero la selección española no está tan
acostumbrada a ganar, y menos a gestionar las victorias.
Creo que el error desde la Federación fue el de vender una empresa
bastante dificil. Asegurar el oro. Apostando por unas formas que
contradicen el espíritu europeo. Desde el concepto ÑBA, hasta el
insinuarse superiores en todo momento y ante cualquier rival. Desde la
Federación parecieron olvidar lo difícil que fue conseguir el oro del
Mundial, pensando que se ganaría el Eurobasket de manera muy sencilla.
Mentalización: La falta de un rival a batir.
España se ha sentido siempre segura de sus posibilidades. Eso no lo
discute nadie. Pero de tan segura perdió el miedo. En uno de los más
geniales artículos de Martí Perarnau, el periodista habló del miedo
como principal motor del deportista:
"El
miedo es el motor que mueve los músculos. Los del campeón y los del
perdedor. El miedo te da alas. El miedo te hace volar. No se fijen en
los gestos, los gritos o las bravuconadas de los deportistas antes de
competir. Sólo ocultan el miedo que sienten. Porque todos los atletas
tienen miedo. Los grandes y los pequeños, los que ganan y los que caen.
Miren los ojos del deportista. Fijamente. Mírenle a los ojos y verán
miedo, aunque sus brazos, sus piernas y sus muecas quieran decirnos lo
contrario. Todos tienen miedo."
Estas palabras adquieren mucha fuerza al ver la actitud de los
jugadores en este torneo. Reservándose como si aguardaran para recoger
la corona. Sólo ví el gesto descrito por Perarnau dos veces, al
finalizar el partido contra Croacia y ayer cuando Gasol falló la
canasta decisiva. Quizás faltó un calendario más exigente para
incrementar el rendimiento de la selección española. Demasiada
relajación al medirse contra Letonia, Portugal y Croacia, de lejos el
grupo más asequible de la primera fase. El miedo sólo actuó el día
despues contra Grecia en la primera fase y quizás contra Rusia en el
segundo partido. España se sintió amenazada y optó por practicar el
baloncesto más contundente para asegurarse el primer puesto
clasificatorio. Y lo increíble es que lo consiguió. Y con nota.
Alternativas: el mejor equipo pero también el que más ha dependido de las genialidades
Ya desde el plano deportivo, han sorprendido las decisiones en el
aspecto táctico. Han faltado soluciones a los problemas, y Pepu con lo
buen entrenador que ha sido en el Estudiantes y, sobretodo, como
principal pilar de la selección campeona del Mundo, no puede permitirse
adaptar el mismo librito táctico que Javier Imbroda. Balones a Pau. Si
en Japón Pepu sacó el
Cum Laude
maravillando con los mejores recitales tácticos ofrecidos en el
baloncesto contemporáneo, en Madrid no ha pasado de lo deficiente. Y
más teniendo, como el ha dicho, la mejor plantilla española de toda la
historia. El mejor equipo para acabar jugando los mismos seis jugadores
de siempre.
La selección construyó una dinámica ganadora a partir de las
adversidades, bien con la ausencia de Gasol en el Eurobasket de
Belgrado, bien con la lesión de éste en la final de Saitama el año
pasado, pero no ha sabido continuar con esa dinámica a partir de
disponer de todos los hombres al completo. Pepu no ha sabido como
digerir todo el crisol de perfiles que disponía, adaptando más un
perfil de alineador que de entrenador. Desde luego ha tenido aciertos
como el de apostar por jóvenes que pisan fuerte como Marc Gasol y Rudy
Fernández o bien con incógnitas como el de tirar de Garbajosa sin
haber disputado un partido oficial en seis meses, pero también es
cierto que no han habido nuevos sistemas de juego, ninguna estrategia
defensiva que sustituyera, como minimo la defensa neurótica de Saitama,
y sobretodo, después de tener tanta pluralidad cada partido se ha
convertido en discursos monotonos de Gasol, Navarro y Calderón. El
mejor equipo pero el que más ha dependido de las individualidades.