Si estuviésemos en Madrid hablaríamos de pellas, o novillos, palabras
que definen cuando un escolar o bien un colectivo de alumnos se
ausentan bien físicamente o bien mentalmente del curso en el que se
encuentran. Ese es el estado, valga la redundancia, del Estudiantes. El
club del Ramiro de Maeztu, que hoy ya se encuentra en el farolillo rojo
de la clasificación. Ni rastro de aquel equipo que maravilló con Pepu
Hernández a la cabeza al llegar a la final ACB ya hace tres temporadas.
Hoy es un club huérfano, inmaduro y quizás el más vulnerable de todos
los que se presentan. Malos tiempos para este colectivo, porque a ritmo
de ausencias corren el riesgo de sacar malas notas antes de los
exámenes pre-navideños.No en vano, el Estudiantes es el equipo que
históricamente más les ha pesado las ausencias.
Opinaba una nueva opinadora ayer que
en el baloncesto se han instalado las urgencias que supervisan el
horizonte en lo más inmediato. No le falta razón, pero debemos
contemplar casos como el de este club, que a diferencia de la Penya, no
dispone ni de una cantera tan prolífica y ni mucho menos de tamaña
calidad. El Estudiantes tiene la misma estructura y los mismos
problemas que la Penya, obligado a cambiar cada temporada el grosor de
sus plantillas pero que siempre le cuesta encontrar relevos a los
sustituidos. Ya le pasó cuando marchó Alberto Herreros, como también
Felipe Reyes, como cuando marcharon de una tacada jugadores que
tendrían que ser importantes o vitales como Sergio Rodríguez, Nacho
Azofra y Carlos Jiménez.
Para esta temporada han marchado Will
McDonald, Marlon Garnett, Goran Nikolic, Iker Iturbe y Javier
Mendiburu. Para colmo dejaron escapar a Andrés Miso que explotó la
temporada pasada en el Fuenlabrada lo que le valió para que Cajasol
apostara por él a golpe de talonario. Al comienzo del parón veraniego
uno de los llamados hombres importantes del club, Sergio Sánchez, lejos
de descansar se marchó a la liga de verano de Las Vegas para darse a
conocer. Y las incorporaciones en estos momentos no están rindiendo al
nivel esperado, a Pietrus hace ya varias jornadas que los entrenadores
rivales le tienen marcado en su libreta, Jasen está desaparecido,
Carlos Suárez no se encuentra siendo la sombra de Carlos Jiménez
demasiado alargada para él, Larry Lewis está demasiado sólo para tirar
del carro y jugadores como Urtasun, Beirán, Caio Torres, Lorbek, Daniel
Clarck y Granger son demasiado jóvenes como para exigirles resultados
inmediatos. Más que estudiantes brillantes necesitan a un tutor que les
guíe.
Uno de los pocos jugadores nacionales
que no han encontrado equipo todavía es precisamente uno de los que
dejaron marchar. Iker Iturbe. Aportaría experiencia, 31 años, conoce la
casa como nadie y su rendimiento sumaría para evitar el desastre en el
club. No nos engañemos, si Estudiantes contínua coqueteando con el
descenso algún día caera, lo que agravaría no sólo la salud sino
también la higiene de la institución. No es la primera vez que ocurre,
ya que hace dos temporadas quienes no marcharon pero sí se negaron a
comportarse como profesionales decidieron volver. Fue el momento de la
vuelta de Jiménez más los galones recuperados por Nacho Azofra los que
les permitió recuperar el orgullo y espíritu competitivo, por lo que
algún que otro profesional del club tendría que comenzar a convencer a
Iturbe para que deje los novillos y vuelva a las aulas.