De qué puede servir disponer del pivot más resolutivo de la ACB si
luego el equipo está rezando para aspirar a jugar la Copa del Rey. Esa
es la cuestión que deben realizarse ahora mismo en Girona después de
comprobar como el equipo se encuentra en una novena plaza en la tabla
clasificatoria. Situación que no es preocupante pero sí que debe servir
para reflexionar sobre ello. Sobretodo para cuestionar un proyecto que
comenzó tres años antes aspirando a la excelencia y acabando con
jugadores de prestamo que acaban temporada y que utilizan el club en
busca de un jugoso contrato. ¿De qué sirve pues?
Así es la realidad en el Akasvayu, el equipo ACB con más galardones
individuales pero incapaz de destacar como colectivo. Ya no es el
equipo a golpe de talonario, definido por Amat como "un Ferrari en manos de un conductor inexperto", tampoco queda nada del baloncesto control que comulgaba Pesic, pero tampoco es el equipo aguerrido y
disciplinado que se suponía que iba a ser. Tampoco es un equipo que
haya encontrado su punto de equilibrio sino que todo es dejadez,
precariedad táctica y poca profundidad de banquillo. Y es que en efecto
el Akasvayu es un equipo peor que el de las temporadas anteriores
aunque sensíblemente por encima de la plantilla heredada por Josep Amat
cuando accedió al mecenazgo del equipo. Si comparamos datos con
anteriores campañas, el Akasvayu contabiliza 3 derrotas más que con
Pesic y 2 respecto a la primera temporada. Con más puntos encajados y
con menos puntos anotados.
El Akasvayu se sostiene por un gran talento, Marc Gasol, pero hace
aguas en todos los conceptos, sin bases en la dirección donde destaca
un base de perfil menor como Sada y un base veterano al que el rol de
base titular le viene bastante grande como McDonald. San Emeterio no
acaba de dar ese paso al frente que confirme no sólo lo gran jugador
que es sino que también puede ser capaz de ser un líder en la pista.
Aunque parte de culpa la tiene Martínez al querer volcar todo el juego
ofensivo en Marc Gasol. San Emeterio debe ser el hilo del collar de
perlas que es ahora la plantilla del Akasvayu. Como también se antoja
necesaria mayor presencia de los fichajes, como Drobjnak y Montáñez.
Todos y cada uno de ellos tienen la obligación de rendir más en la
pista y hacer de esta temporada un ejercicio de progreso y no de
retroceso.
Tampoco es cuestión de descartarlos para la Copa porque a priori tienen
un calendario muy asequible. Deben visitar León y Fuenlabrada, es decir
dos de los colistas de la competición, recibir la visita de uno de los
equipos que peor juega a domicilio, el Gran Canaria, y sólo el partido
contra el CB Granada como auténtica piedra de toque para los de Pedro
Martínez. Por no calificarlo como primer examen serio de la temporada. No deberíamos descartarlos pero sí habría que valorar al equipo en su
justa medida a la vez que disipamos la duda entre tener al más
dominante en la estadística o bien lograr el equilibrios sin tener en
cuenta unas valoraciones que narcotizan más al equipo que lejos de
estimularle. Y es que el fracaso puede llegar a ser sonrojante como no se clasifiquen para la Copa. Más por la no clasificación por convertirse el club de una referencia al lugar ideal para fogueo de jugadores.