Fenerbahce Ulker, 78
AXA Barcelona, 85
Fenerbahce Ulker (15+26+15+22): Solomon (6), Onan (5), Vidmar
(4), Preldzic (3), Turkcan (18) -cinco inicial-, White (17), Kaan (-),
Savas (5), Basak (9), Demirel (5) y Asik (6).
AXA Barcelona (21+22+20+24): Lakovic (22), Acker (11), Basile
(5), Trias (6), Marconato (-) -cinco inicial-, Ilyasova (8), Pepe
Sánchez (8), Kasun (12), Grimau (13) y Fran Vázquez (-).
Turquía no ha sido nunca una plaza fácil en la materia baloncestística.
Y menos en el Abdi Ipekçi. Sólo por eso la victoria conseguida por el
Barça ayer se debe valorar de manera doblemente positiva. Y más cuando
en momentos se practicó un baloncesto serio, confirmando la seriedad
creciente azulgrana. Sabiendo a qué jugar, cómo jugar y sobretodo
querer ganar. Ayer el Barça conquistó Turquía, plaza históricamente
complicada para los azulgrana. Lugar para sodomías aplicadas con dolor.
Dónde
la temporada pasada se consiguieron remontar 11 puntos de diferencia
para luego no saber concretar en los tiros libres finales. Dónde el
equipo se resentía de un vacío político que le convertía en anárquico.
Y cuando el vacío se producía la desesperación campaba a sus anchas.
Nada de esto sucedió ayer sino todo lo contrario. De la anaquía se pasó
al despotismo. De la desesperación a la confianza en los momentos
difíciles. De remontar el partido a mandar en el marcador y saberse
distanciar en los momentos oportunos.
Siempre nos podemos quedar con estos aspectos positivos, pero también
los hay de aspectos en los que lamentarse y fustigarse. Cada vez más
mínimos. Y es el mismo de siempre en este Barça creciente. En un estilo
de juego ya definido el único lunar es la intensidad de juego y la
concentración necesaria para superar la relajación propia de aquel que
acaba los deberes antes de tiempo. El Barça estuvo mandando pero se
dejó recortar la diferencia de +10 o +14 de manera muy sencilla. Pero
no se dejó remontar sino que sacó una vez más la casta y el carácter
para hacer suya una victoria más que merecida. El destino, o sea el
poder del Abdi Ipekçi, no podía ser tan cruel hacia un equipo tan
diferente al de antaño. Merecía algo más, y lo obtuvo. Una victora
inapelable en feudo turco.
Inapelable porque el Barça con una propuesta definida ya se impone a
todos los equipos que tenga por delante. Esperando, por supuesto, a los
convites en Málaga, contra el Madrid y el Panathinaikos para valorar a
este equipo como se merece. Ayer de nuevo la profundidad de banquillo,
es decir la aportación de todos los jugadores a cada uno de los
aspectos del juego fue decisiva. Desde Acker a Grimau, desde Kasun a
Marconato, desde Pepe Sánchez a Ilyasova. El Barça a través de lo coral
se imponía a su rival.
Inicialmente el Barça supo contener a los nombres propios del
Fenerbahçe Ulker. Solomon, como antaño, no deja de ser la versión mala
del más explosivo Shammond Williams. Racheado, marcado y capaz de
liderar a su equipo en los dos últimos minutos finales. El mejor
Shammond Williams podría haber aparecido en una de las primeras
remontadas otomanas. No lo fue así. El equipo de Tanjevic se acercaba a
partir de una defensa intensiva hacia las líneas de pase azulgrana.
Ivanovic ya ha podido comprobar que su método es estudiado de manera
exhaustiva por los entrenadores europeos. El líder de esas remontadas
era Hakan Demirel, que con un talante populista acercaba la grada a la
pista a partir de envestidas defensivas hacia un Lakovic que demuestra
que en partidos así puede tener un brazo armado pero que carece de
jerarquía para la transición ofensiva en territorios hostiles.
También influyó la lectura del partido por parte de Ivanovic. Dusko
ayer sentó a Kasun para situar a Marconato para defender a Turckan
durante el tercer periodo. Fue una reserva para garantizarse al croata
en los momentos finales. Un recurso que en el 90% de los partidos puede
salir bien pero que ayer salió mal ya que no todos los días se dispone
de un Mirsad Turckan crecido. También había que destacar el poderío de
uno de los aleros altos del equipo, James White, poderoso, fibroso y
quizás atractivo para futuras confecciones de plantilla en cualquier
equipo grande. Junto a ellos otra de las promesas que salen de la
factoría turca, Omer Faruk Asik. 21 años, 2.11, con una musculación
alamente equilibrada. Estos tres jugadores pusieron en jaque la
retaguardia azulgrana hasta la reaparición de Kasun en los tres minutos
finales. A partir de ahí se volvió a la serenidad, a la paciencia y a
la victoria. Con sus más y sus menos, el Barça ayer consiguió quién
sabe sí una victoria histórica.