Un colectivo, o
una entidad individual, siempre, o al menos se debería valorar, en
función de lo que ha sido y es, pero también de lo que se espera de él.
En el primer concepto, el pasado, no se permite la manipulación de los
acontecimientos, ya que una vez definidos, desarrollados y finalizados
ya no se puede alterar el orden de los mismos. Posiblemente en el
presente se pueden permitir la alteración ya que son sensibles a los
efectos del entorno que puedan afectar a esa entidad individual o
grupal, y más en el baloncesto, que depende de agentes agresivos como
pueden ser una situación económica, véase Akasvayu, bien de lesiones de
un jugador o varios, véase el Baskonia, o bien de agentes mediáticos,
véase el Real Madrid o el Barça. El presente es manipulable aunque no
escapa del control de los acontecimientos, y es en el control de éstos
donde se escapan los acontecimientos futuros, expectativas y objetivos.
El deporte existe una máxima que dicta que el presente es mañana. Se
trabaja y se entrena para conseguir unos resultados a final de
temporada. De todos es sabido la carga de entrenamientos de Dusko
Ivanovic que aunque penalicen a sus pupilos en el corto plazo siempre
llegan a los objetivos finales. Con mayor o menor fortuna,
condicionados por una derrota, pero llegan. En el baloncesto se respeta
precísamente esta máxima, tanto en la NBA, como en la ACB, como en la
Euroliga, con competiciones cargadas de partidos intrascendentes para
luego disfrutar con la máxima intensidad fechas decisivas y únicas,
desde el March Madness, a la Copa del Rey y llegando a las finales
ligueras o Final Four.
Todo colectivo se valora en función de lo que se espera de él. No se
puede valorar de la misma manera al emergente Iurbentia, que a la misma
Penya, de la misa manera que no se puede evaluar al Vivemenorca
respecto al Caja San Fernando. Estos cuatro equipos forman parte de la
parte alta, los primeros, de la parte baja, los segundos. Y aunque
compartan mismo status los discursos analíticos no se enfocan de la
misma manera. El por qué radica en que ninguno de estos cuatro equipos
comparte el mismo origen, un equipo, el Iurbentia, sin apenas pasado y
escaso presente ha sido capaz en apenas 6 años de llegar a lo más alto
de la élite en el baloncesto estatal, el otro equipo, el Vivemenorca,
con la misma precariedad que el Iurbentia, con más historia pero de
igual presente profesional, intenta sobrevivir a partir de una
megasubvención a fondo perdido del Govern Balear. Ambos se encuentran
dentro de las expectativas, unos por encima, el Bilbao, otros sin
apenas engañar a nadie luchando por la permanencia, el Vivemenorca.
Lo mismo ocurre con los otros equipos, en el ojo de huracán de los
objetivos marcados. El Cajasol ha cambiado de nombre, de entrenadores e
incluso se apostó por unos jugadores de elevada calidad. Su destino es
el de la parte media-alta, un destino dictaminado por lo que ha sido,
lo que es y se espera de él. Lo mismo ocurre con la Penya, que según su
entrenador, se encuentran en una situación extraordinaria, "estamos por encima de TAU, Unicaja, Barça y Pamesa, equipos que nos triplican el presupuesto".
Si, es cierto, pero la Penya es un equipo que no debe engañar a nadie,
acabó cuarto de la ACB, con una eliminatoria dramática frente al Real
Madrid, hizo un buen papel en la Euroliga, liquidando por 50 puntos al
Unicaja, ganando con recital incluido al vigente campeón de la Euroliga en aquel entonces, el Maccabi, dominando por más de 20 durante gran parte del partido al que
fue más adelante el campeón, el Panathinaikos. Por no hablar de los partidos en el Olímpic ante los más importantes de la ACB. Se queja Aíto en las
ruedas de prensa que las expectativas quizás son demasiado altas, e
intuye que a los jugadores les cuesta asumirlas."Parece que hay que ganar si bajar del autobus". Aíto se lamenta que no se valora suficiente a la Penya, y se cuestiona como se debe valorar a esta institución.
Seguramente, con combinar estos argumentos encontraríamos la respuesta.
Es cierta la situación presupuestaria de la Penya, pero deportívamente
su rendimiento es tan alto que la exigencia debería ser máxima. Por que
a lo mejor esta situación no se vuelve a repetir pasado un tiempo. A
pesar de sus carencias la Penya ha demostrado su capacidad para llegar
a unos objetivos que anteriormente eran inalcanzables. Porque la Penya
debería aprovechar esa edad dorada, generada o encontrada, a partir de
ese equilibrio de jugadores formado. Por eso las expectativas son tan
altas, por su situación extraordinaria, y es que aunque no se disfruten
en el presente, con mayor perspectiva adquiere una mayor trascendencia
lo alcanzado. Y más es en este último aspecto que difiere a dos equipos
con similar naturalidad pero con distintos objetivos, la Penya del
Estudiantes, ambos son formativos pero unos juegan para ganar y otros
para participar. ¿Con qué se quedaría Don Alejandro?