Llevo todo el fin de semana en Gasteiz.
Este año, en Vitoria, el Baskonia se anteponía al doble reto de ser
otra vez el único anfitrión que campeonee en su propia cancha, la
Penya se enfrentaba con el reto de ganar un título antes de la estampida
de su estrella, el Real Madrid veía una prueba de fuego para su Final
Four deseada, mientras que los otros equipos buscaban ser la sorpresa.
La asistencia
Cabe decir que me lo imaginaba,
y efectivamente ha sido cierto. La asistencia de la primera jornada
de la Copa ha sido de un 90% de la capacidad total del recinto. ¿Y
donde estaban las sillas libres? Pues en tribuna, evidentemente. ¿Y
a quién pertenecían dichas entradas? Pues a las “invitaciones”
: los VIPs, a los “compromisos de la ACB”, a los sponsors, etc.
El clasismo sigue existiendo en este tipo de competiciones, y así las
famosas “localidades vacías”.
Este hecho es muy triste, pues
ha habido muchos aficionados que se han quedado sin entrada. Y también
es triste porque las aficiones se han visto relegadas a las terceras
graderías (abarrotadas, por cierto), muy lejos de donde pueden animar
a su equipo o meter presión al rival. Quizás esto no se ha visto mucho
por televisión, pues precisamente la tribuna a pié de pista más vacía
no estaba en la U televisiva. Sirva aquí la denuncia.
Las aficiones
El comportamiento ha sido,
una vez más, generalmente genial. Precisamente el Baloncesto se diferencia
del deporte rey por gozar de una gran salud entre aficiones. Es más,
se pueden decir de todo durante el partido, pero cuando suena la bocina
final, hasta puntualmente ambas aficiones se corean recíprocamente.
Pero cabe destacar una de las aficiones en el primer partido de la competición.
Otros años me he percatado
de la “mala educación” de la afición del Real Madrid, la cual
en un ejercicio de máxima soberbia, para animar a su equipo necesitaba
insultar a otro rival que ni estaba en la pista frente a su equipo.
Hablando por la noche con un aficionado blanco, no entendía porque
todos los silbaban y eran la afición más odiada de la ACB. Ellos lo
atribuyen a que por historia, son el club con mayor palmarés, y así
el equipo a batir. Bueno, allá ellos con esta opinión.
Este año debo destacar el
perfecto comportamiento de esta afición y, en cambio, denunciar a los
de la quizás mejor versión del baloncesto ACB, la del Joventut de
Badalona. Tristemente, contra el Pamesa Valencia dieron toda una lección
de “mala educación” y prepotencia, con insultos y cánticos de
desprecio a otros equipos (Barça y Madrid), además del ya cántico
emblema del “esto, esto es Baloncesto”, a la cual un servidor ya
se refirió como la versión moderna del “así, así gana el Madrid”.
Contra el Madrid se repitió, pero con mucha menor frecuencia (además,
uno de los implicados era el rival directo en pista).
Resulta curioso oír todo esto
de una afición que por historia, por cultura, por ser una escuela de
baloncesto, por simplicidad de su equipo en pista, debería ser modesta.
Resulta curioso porque hace años que no ganan ningún título de prestigio.
Resulta curioso, porque parece ser como un grito de impotencia.
Domingo disputarán la final
contra el anfitrión y gran favorito, el Baskonia. Pero si pierden,
seguramente se les habrá escapado la gran oportunidad de ganar un título.
Y a partir del año que viene, con un Rudy Fernández evadido
a la NBA, volverán a la mediocridad. Con cánticos prepotentes o sin
ellos. Y entonces, ¿qué?
La Sede
Esta vez por fin he sentido
que la ciudad sede vive el ser anfitrión. La gente te para por la calle,
te identifica los colores por la bufanda, te bromea y te aconseja. Una
perfecta organización, eventos dedicados, visitas turísticas de promoción
de la ciudad para las aficiones desplazadas, calles engalanadas y tiendas
con banderas baskonistas. Es normal que se consiga en una sede de 230.000
habitantes, y no se consiga en una de 1.000.000 mínimo, pero esto es
de agradecer, de verdad. Sales por la noche, después del partido, y
te encuentras “en familia”, entre Rafa Jofresa, Marc Gasol, Victor
Sada, Rafa Vecina o Pepu Hernández, todos haciendo lo mismo que tu:
asistir a la competición, a los eventos paralelos, tomar tapas, etc.
Notas en tu propia piel que formas parte de una gran fiesta, y que toda
la ciudad está invitada.
La única lástima ha sido
la falta de hostelería de la ciudad, que ha provocado que las aficiones
tengan que pernoctar muy lejos de Vitoria (algunos, hasta en Bilbao).
No ha ayudado a crear esta “magia” en las calles, aunque a pesar
de todo, en gran parte se haya conseguido.
Pero aún así, los asiduos
a esta competición estamos felices de haber venido. Y los que es la
primera vez, seguro que repiten. Ahora bien, ¿donde vamos a caber todos?
Ezkerrik asko, Vitoria. Un
placer haber venido.