Real Madrid 100
Maccabi Tel Aviv 103
Real Madrid: Tunceri (5), Bullock (17), Mumbrú (9), Hervelle
(20), Papadopulos (-) -cinco inicial- Reyes (21), López (13), Smith
(12), Iturbe (-), Llull (-) y Pelekanos (3).
Maccabi Tel Aviv: Bynum (9), Cummings (2), Casspi (4), Morris
(23), Vujcic (16) -cinco inicial- Batista (10), García (7), Bluthenthal
(8), Halperin (16), Sharp (6) y Eliyahu (2).
Si una de las cosas que nos ha
enseñado el baloncesto es que no se puede dar por segura una cosa antes
de que existan suficientes motivos como para darla por cierta. Eso le
ha pasado al Real Madrid que se las prometía muy felices para llegar a
la Final Four cuando reálmente estaba encuadrado en el verdadero grupo
de la muerte de esta Euroliga. Ni mucho menos era el del Barça y
Unicaja con rivales como el CSKA o la Lottomatica. La dureza de la
competición venía representada en ese grupo en el que luchan por las
dos primeras plazas Maccabi, Olympiakos, el Real Madrid y con una
cenicienta llamada Zalgiris Kaunas dispuesta a complicarla vida a
cualquiera.
El madridismo se preguntará ahora qué
es lo que ha podido pasar cuando su pareja de pivots titulares, Reyes y
Hervelle han conseguido dobles figuras, alrededor de los 21 puntos y 10
rebotes, cuando Raúl López ha anotado 13 puntos, cuando Bullock ha
sumado 17 y Smith otros 12. El madridismo, y Plaza en particular, se
debe estar cuestionando como un equipo ha sabido profanar el nuevo
santuario madridista, Vistalegre, contra un equipo al que no le ha
importado ir a un marcador de 100 puntos. Habiendo remontado 13 puntos.
Prórroga incluida y con el caserismo de Pitsilkas. Muchos se cuestionan
cosas, y réalmente ésta ha sido la verdadera sorpresa de la
competición. El golpe de autoridad del Maccabi.
El Maccabi estaba clínicamente
muerto. Perdido desde la marcha de Pini Gherson, Jasikevicius y Anthony
Parker hace dos temporadas. Desorientado. Dando bandazos de un lado a
otro de Europa, invirtiendo dinero, confiando en Spahija, firmando a
Jasaitis a precio de oro. Despidiendo a ambos. Cambiando de entrenador
a principio de temporada, cortándolo a los pocos partidos. Esperando el
progreso de dos nuevos mesias macabeos, Eliyahu y Yotam Halperim,
confiando en Marcus Fizer, pero lo que les ha dado el verdadero sentido
competitivo, el de pasar a ser respetado a temido es ni más ni menos
que Nicola Vujcic, probáblemente junto a David Andersen el mejor pivot
que queda en Europa. A parte de un Terrece Morris que lleva un Top 16
realmente espectacular.
Vujcic se pasó el primer tramo de la
temporada lesionado y el equipo lo hechó en falta. Aún sigue
convaleciente pero es capital en su equipo. Con él ha vuelto la
esperanza en el Maccabi, un equipo acostumbrado a jugar los play offs
de la Euroliga. Para ellos es su verdadera competición, la que les abre
las puertas a Europa, la competición que les hace soñar. La Euroliga es
su torneo por excelencia, cuando han sido capaces de ganar tres de las
últimas 8 ediciones. El Real Madrid ha completado un buen encuentro
pero la derrota se debate entre la sorpresa hacia el equipo madrileño
y el golpe sobre la mesa de los israelís. Y es así como se merecen las
candidaturas para el billete final, sin declaraciones grandilocuentes y
con la suficiente mentalización para conseguir los objetivos. Ayer no
sólo se advirtió al Real Madrid, sino también al Barça. Así se gana y
el resto son tonterias.