La grandeza del TOP 16 no reside en eliminar al campeón, que ya de por
sí da para construir discursos al respeto, sino en penalizar el fallo
más remoto que se pueda cometer por un equipo. En el TOP 16 no existe
margen para el error ya que se trata de una fase relatívamente corta de
apenas 6 partidos en los que se clasifican los dos mejores de cuatro
posibles. Esta fase no tiene en cuenta ni jerarquías ni historiales
previos. Sólo importa el presente, y quizás por eso hoy, y en los
próximos días, se hablará de la eliminación del Panathinaikos. Más en
Grecia donde se encuentra una de las prensas más críticas de este
deporte, no abrazadas a la industria mediática sino en penalizar a
aquel que no sabe aprovechar el verdadero potencial de un equipo
llamado a hacer historia. El Panathinaikos de Zeljko Obradovic.
No importa que se elimine a un equipo que sólo ha perdido 5 partidos en
el total de la competición, todos ellos a domicilio, tampoco importa
que el equipo que le elimine haya perdido 9, hablo del Partizan. La
fortuna del TOP 16 es sabia y ha penalizado a un equipo que no ha
sabido, o lo peor de todo, no ha querido, jugar con la intensidad que
se necesitaba. El Panathinaikos ha jugado casi todos los equipos
caminando, sin querer ofrecer su verdadero potencial. Ha jugado a
rachas, instantáneas, pero no ha sabido mostrarse regular. En una fase
larga como la liguilla inicial se pueden esconder esos defectos pero en
una fase corta como ésta te expones no sólo a quedarte fuera sino en
ridículo y por supuesto en evidencia.
Se marcha el campeón dando un serio aviso al resto. Si se quiere
continuar en Europa se debe respetar a los rivales. El aviso directo y
cómplice va hacia el Baskonia que ve una oportunidad de oro de repetir
Final Four por cuarta vez consecutiva, y con el factor pista a favor lo
tienen todo de cara. El Partizan ya ha renacido de sus cenizas después
de temporadas aciagas. Ellos tienen poco que perder y mucho que ganar,
los baskonistas lo tienen todo a ganar en el cruce. Con mucho silencio
y asumiendo muchas críticas tanto en el aspecto deportivo como en el
méramente estructural y cultural, pueden ser los únicos que jueguen de
anfitriones en la Final Four de Madrid.
El Real Madrid y el Barça lo tienen complicadísimo para seguir, Unicaja a la espera.
Si he de apostar por una victoria de los dos encuentros de esta tarde
que definirán los otros cruces, apostaría por el Real Madrid en cancha
helena. Aún así lo tienen crudo. Con Giannakis en el banquillo
sustituyendo a Pinas Gherson encadenaron 5 derrotas consecutivas, dos
de ellas en esta fase, pero lo que tiene el Top 16 es que si se
encadenan tres victorias uno vuelve a resurgir, y más si se gana en la
pista del Maccabi y del Zalgiris. El Olympiakos lo tiene todo de cara
aunque su pista se ha demostrado que es batible al 100%. Dependen en
exceso de tres hombres, Lynn Greer, que sigue la estela del gran David
Rivers, es el líder del equipo con Quintel Woods, sustituto de Acker, y
Marck Jackson, en los tableros, como principales escuderos. Los tres
forman un tridente mortífero en la Paz y la Amistad. Y Atenas es
Atenas, aunque se juege en el Pireo.
El Barça sí que lo tiene difícil, y lo sorprendente es que nadie se
alarme sino que se venda la esperanza. Desde las bravuconadas que
decían que la derrota en Málaga iba a ser positiva al optimismo zafio
de ganar hoy al CSKA. Falta de memoria hacia el último equipo que ganó
con absoluta solvencia militar en el Palau Blaugrana como visitante.
Falta de memoria hacia un equipo que con los suplentes pasó por encima
del Baskonia en el Buesa Arena. Da igual. Se va a montar un circo en el
Palau que se puede girar en contra de los intereses azulgrana. El Barça
tenía toda opción de continuar en la Euroliga pero por no haber sabido
definir dos encuentros con el viento a favor puede ser víctima del
sonrojo que puedan causarle los hombres de Messina. Más que nada porque
los jugadores del equipo moscovita saben que si no rinden como se
espera a su entrenador no le temblará el pulso para sustituirlos por
otros. Un ejemplo de como la competencia bien gestionada en vez de
narcotizar estimula. Quizás ahí estén las diferencias entre el CSKA y
el Panathinaikos. Esta noche lo sabremos.
La última visita del CSKA al Palau, ¿cuánto han cambiado las cosas?