Pepe Sánchez (5), Acker (6),
Basile (7), Marconato (14), Fran Vázquez (11) -cinco inicial-, Trias
(-), Lakovic (8), Grimau (18), Kasun (-), Ilyasova (7) y Neal (-).
Ellis (10), Miles (7),
Kakiouzis (22), Ignerski (21), Betts (9) -cinco inicial-, Miso (5),
Bennett (8) y Bueno (4).
Si en el partido del jueves en el vestuario Xavi Pascual olía a
victoria, esta mañana saldría muy asustado a la pista del parquet
blaugrana. El olor del vestuario sería lo más parecido al conformismo,
relajación o quizás euforia. Pero no victoria, ni muchísimo menos. Es
lo que tiene el libreto de Pascual en lo que llevamos de mes y medio,
de la promesa de un juego más alegre, de cambios constantes, de
electricidad y dinamismo hemos pasado a un ritmo de juego más lento, a
pocos puntos y a un estilo de juego rozando el nivel más básico de la
academia baloncestíca. Nivel más básico pero que no comporta un orden establecido.
Como en el partido contra el CSKA, como contra los partidos contra el
Unicaja, como contra la Lottomatica. Este Barça simplemente defiende la
teoria del caos.
Caos como paradigma del desorden ordenado. Esto es lo que es el Barça,
desorden estructurado gracias a Pepe Sánchez que aprovecha lo poco que
puede ofrecer el equipo a cada partido. Hoy por ejemplo ha sabido jugar
para los dos pivots en pista, Marconato y Fran Vázquez. Hacía tiempo
que no se veían a dos pivots del Barça alrededor de las dobles figuras.
Y eso que el Cajasol de Manel Comas se ha plantado con tres hombres
altos en la pista, con Betts, con Ignersky y con el comodín Mihalis
Kakiouzis, ejerciendo de asesino silencioso del equipo sevillano. Hasta
tal punto que nadie del Barça se daba cuenta de la hemorragia
progresiva que generaba el ex azulgrana. Una venganza servida en plato
bien frío dedicada para la degustación de Zoran Savic.
Lo cierto es que el Cajasol sí ha sabido jugar con ese orden. Y es que sólo
basta eso para jugar contra el Barça. Orden y tolerancia cero hacia las
estridencias. Requisito mínimo y básico para competir. Hemos visto a un Aaron Miles comedido, a un Ignersky
lanzando cuando era preciso, con errores, sí, pero no siendo víctima
del azar. El equipo de Comas como todo equipo presente en la zona baja
de la tabla no es capaz de mantener una línea continuada, perdiendo los
papeles en momentos puntuales, como en el segundo cuarto cuando
dominaban por 9 puntos y dejándose remontar por una serie de decisiones
arriesgadas. A la reanudación ha sido distinto, con la fé en la
victoria conscientes que a este Barça sí se puede ganar. Sobretodo
cuando Pepe Sánchez no estaba en pista y dependía de la dirección de
bien Grimau o bien Lakovic, en aquellos momentos no se sabía si lo
peor, en la dirección estricta, era el remedio, Grimau, o la enfermedad
de este Barça, Jaka Lakovic.
Con Lakovic en pista se combinó la genialidad de lo individual con el
salirse del partido. Lakovic anotó una canasta bajo presión de
Kakiouzis, inmediátamente se queja al árbitro de manera reiterativa y
le señalan la falta técnica que facilitó el despegue del Cajasol. Fue
ese el momento del cierre del partido, con unos jugadores azulgranas
totalmente desquiciados y fuera de sí, funcionando a base de arreones y
arrebatos individuales. Combinándose el querer ganar, con Grimau a la
cabeza con sus penetraciones, al no poder ganar, con las faltas de
ideas colectivas, víctimas de sus propias decisiones. Un partido de procesión y penitencia y para olvidar
cuánto antes. Quizás era el olor que desprendía el vestuario del Barça,
un aroma rancio y vetusto, que en vez de espolear a sus jugadores, les
generó somnolencia.
Desde la tribuna de prensa
Viendo la grada sorprende que en la estadística oficial se señalara que
habían 3.500 personas en el Palau Blaugrana. Hoy se ha registrado una
de las peores entradas, sobretodo en la tribuna donde han faltado
muchos de los habituales. Hasta el palco estaba semivacio, con pocas
caras conocidas y menos asistentes protocolarios. Se notaba que en el
Barça el partido importante fue el jueves y el de hoy era un mero
trámite sólo apto para los condicionales. Un público que por otra parte
ha sabido reconocer al Cajasol su victoria con una rotunda ovación a
los sevillanos.
Manel Comas no deja indiferente a
nadie, y un servidor ahora mismo comprende la simpatía de los medios
hacía él. De verbo muy fácil y de tracto muy directo, entre lo cordial
y lo familiar. Felicitó a sus hombres públicamente, "hemos hecho un muy buen partido, a excepción del último tramo del segundo cuarto, un momento de debilidad". Los de Manel Comas tenían muy claro el camino para llegar a la victoria "sabiamos
que podíamos ganar si continuábamos como en los primeros 18 minutos,
para ello el trabajo de nuestros pivots ha sido muy importante, así como el
de Aaron Miles". Ha destacado
su preocupación de cara a parar las penetraciones de Roger Grimau. Del
Barça ha destacado la deportividad a la hora de reconocer la derrota,
le cuestioné sobre si el estilo más barroco del Barça a tan pocos
puntos les ha beneficiado en el desarrollo del partido de hoy "Sí,
a nosotros nos convenía, porque buscábamos contraatacar con situaciones
muy claras de cinco contra cinco, así creo que les hemos hecho daño,
hasta que ellos han roto con esa dinámica con Grimau revolucionando el
partido, luego hemos reconducido esta situación después de ese parcial
de 15 puntos que nos han endosado."
Fueron conscientes de la relajación que podría haber pero ha recordado
que en estos momentos todo el mundo se están jugando muchas cosas en la
competición.
Xavi Pascual hoy estaba más que enfadado, molesto y decepcionado. "Nunca
hemos estado cómodos en él, parecía que en el tercer cuarto podríamos
ganar el partido pero, una vez más, los errores infantiles con pérdidas
de balón absurdas han condicionado el partido." Se ha quejado de la relajación de sus jugadores,
"Podría pasar después de la victoria contra el CSKA, y más con un rival
como el Cajasol que reunía los condicionantes para que ello pasara."
Se ha quejado amárgamente de estas situaciones repetitiva en sus
hombres, le cuestioné sobre qué había visto en sus jugadores desde el
jueves hasta ahora
"como equipo no hemos estado capaces de asumirlo, este equipo se ha
acostumbrado a caerse y levantarse contínuamente, como en Roma, después
de las críticas surgidas, como es normal, y se continuará levantando el
equipo pero esta derrotas en liga regular son duras." Estaba
de acuerdo en el componente mental y bipolar de este equipo, capaz de
lo mejor y de lo peor, pero quise ser más incisivo en los errores del
equipo en sí, reprocharle que en su ideario rezaban conceptos como
dinamismo, divertir al público, correr al contraataque y lo que se
había obtenido durante esta trayectoria, enfocándolo con mayor
perspectiva es un juego más lento y de pocos puntos, Pascual contestó
rotundo y molesto, aunque educádamente, "No, no estoy de acuerdo, más lento no jugamos", A lo que le rebatí "menos puntos sí". Y el atajó "si, menos puntos sí, pero no más lento, es distinto".
Dió por cerrada la respuesta sin profundizar en ello. Se habló también
de Mario Kasun por parte de Saisó, sobre si hubo precipitación en su
reaparición, aunque Pascual no le dió más trascendencia.
A la salida del Palau, más allá del
tunel de vestuarios me crucé con Manel Comas apurando un cigarrillo.
Estaba muy contento, nos miramos, le felicito personálmente por la
victoria y me ofrece la mano acompañado de un "muchas gracias, majo".
A partir de entonces estuvimos conversando sobre futuras conversas,
hablando del Cajasol, del Barça,de la situación de ambos equipos, de la
liga ACB, todo con mucha cordialidad durante aproximádamente diez
minutos. Me causó una gratísima impresión como persona, si bien no
comparto, en parte, sus métodos para un club como el Barça descubrir a
la persona reconozco que ha sido hasta el momento lo más gratificante
que he encontrado conversando desde la tribuna de prensa.