Viendo
las imágenes, en diferido,
del recibimiento al Barça en el aeropuerto
‘Ben Gurion’, de Tel Aviv uno puede llegar a distinguir la diferencia
entre lo civilizado y lo bárbaro. Es propio de los hijos de Israel el
de asimilar como conflictos lo méramente trascendente, o sea un granito
de arena. Ver ayer a los jugadores del Barça sin apenas protección ni
seguridad aparente es para mostrar una queja formal a la Euroliga.
Sorprende que en Tel Aviv nadie se advirtiera del comportamiento,
especialistas extremos en cuanto a la seguridad, sorprende que nadie en
Tel Aviv haya siquiera planificado una hoja de ruta para garantizar la
seguridad del equipo rival.
Falta técnica para el Maccabi y para
los responsables de la seguridad, más cuando desde Barcelona se ofreció
lo mejor en cuanto a dispositivo policia, medios y mucha empatía para
que los aficionados israelíes camparan a sus anchas por las zonas más
nobles del Palau. Mucho deben de agradecer a la seguridad que esa
veintena de aficionados hebreos que se situaron en el lateral situado
en la uve televisiva salieran indemnes y sonrientes del Palau, hasta
tal punto que colaboraban cantando el himno o levantando el mosaico en
la grada azulgrana. Fue un clima tan cívico que hasta los responsables
israelíes, que un servidor desconoce si eran del Mossad o simples
agentes del orden macabeo, se pudieron permitir el juguetear con sus
móviles en acto de servicio una vez finalizado el partido.
Y es
que mañana en la Mano de Elías quién verdadéramente se juegan más que
el prestigio deportivo no es la afición macabea, sino la sociedad en
sí. Ruido sí, insultos también, pero deben alejarse de mostrarse como
lo más parecido a la afición del Pionir de Belgrado. La televisión
servirá de lupa y altavoz de sus movimientos ante la opinión pública
europea. Pueden lamentarse por una bandera, pero más lamentarán si
cometen la torpeza de barbarizar sus acciones. Tienen una enorme
oportunidad para mostrarse tal como son, una sociedad moderna,
cosmopolita y civilizada. Incluso laica en algunos estamentos. Pueden
perder o ganar el partido, pero más duro o más brillante puede ser el
perder o el mantener el prestigio ante la opinión pública. Dicho de
otra forma tienen la oportunidad de mantener lo ocurrido como una
anécdota o como un escándalo.
La puesta en escena de mañana
puede dictaminar un antes y un después en el Barça. No hace mucho, dos
temporadas, el Barça superó sus fobias para superar al Olympiakos en un
ambiento no menos traumático como el de El Pireo. Toca la Mano de Elías
cuando no se ha sabido encontrar la victoria ni en Vistalegre, ni en
Atenas, ni en Badalona, ni en Moscú, ni en Atenas, ni en Málaga, ni en
Belgrado... ni tampoco en Tel Aviv. El partido de mañana es de los que
puede hacer romper la inocencia de todo aquel que espera alcanzar el
sueño de llegar a otra Final Four. Aquel que se encuentra narcotizado
por la conciencia machacada sobre que cualquier tiempo pasado fue peor
que el actual. Se puede ganar, por supuesto, es más se debe pensar en
ganar, porque el Maccabi actual es el más batible de los últimos años.
No habrá otra oportunidad como la de mañana para hacer historia. Por lo
que si alguien lo tiene todo para ganar o perder en este partido es el
Barça, a priori con el mismo nivel que los israelitas pero también con
tantas o más dudas. Si las resuelve no sólo puede tener el billete para
Madrid sino que podrá luchar en una de las semifinales más asequibles
contra el Montepaschi de Siena. Romper o mantener, mañana lo sabremos.
Spahija mantiene la tradición del Baskonia en la Euroliga
TAU CERÁMICA, 85
PARTIZAN IGOKEA, 68
Tau Cerámica (16+22+22+25): Planinic (8), Rakocevic (15),
Mickeal (19), Teletovic (10), McDonald (4) -cinco inicial-, Splitter
(18), Singleton (-), Prigioni (7), Sergi Vidal (4) y Jasaitis (-).
Partizán Igokea (19+13+21+15): Palacio (9), Kecman (4),
Tripkovic (16), Velickovic (14), Pekovic (9) -cinco inicial-, Tepic
(14), Vitkovac (-), Bozic (-), Vranes (2) y Borovnjak (-).
Prueba superada tanto para el
Baskonia como para su entrenador croata. La sombra de Dusko planeaba
sobre el Buesa Arena ya que tal como afirma la rumorología se intuía el
cese del técnico en caso de no clasificarse. Desde mi punto de vista
injusto, puesto que Spahija está cumpliendo con su propósito de no sólo
adaptarse al equipo baskonista sino aportar una nueva personalidad al
conjunto. Una nueva cultura basada en el esfuerzo y la garra que se
unieran a uno de las aportaciones del duskismo como fue el llamado
carácter baskonia. Spahija necesita una temporada más para cumplir su
cometido en el Baskonia, y bueno sería que Querejeta abandonara las
fábulas y bondades de su primera novia para
mantener por dos temporadas a un entrenador que ha tenido que luchar
con el vacío de Scola, la lesión de Singletton y el estado de
complacencia de Will McDonald. Mucho mérito llegar a la Final Four de
esta manera.
No pude ver el partido, ni siquiera ratos prolongados de la serie contra el Partizan del Belgrado. Mea culpa,
lo reconozco, ya que uno de los pecados que me debereis achacar esta
temporada es no haber consumido más de seis cuartos seguidos de juego
baskonista en esta temporada. El rival de ayer es de los que tiene
mucho presente y escaso futuro. Los han comparado con los equipos que
manejaban Obradovic o Zeravica; la diferencia no radica en la calidad
que la tienen, sino en la mentalidad, y en ese aspecto se acentúan,
puesto que no es lo mismo un proyecto de Djordjevic que disponer a
Milton Palacio. Sólo es un ejemplo que argumenta el por qué el Partizan
no ha sido capaz de mostrar todo ese potencial que vomitaba en el
Pionir. Y es que si se aspira no sólo a ser campeón sino en llegar a la
Final Four se debe tener un equilibrio entre talento, físico y
mentalidad. El más equilibrado a lo largo de esta temporada no ha sido
el equipo de Dusko Vujosevic sino el de Neven Spahija, de ahí que sean
los baskonistas los que prolonguen su sueño hasta la estancia, parada y
fonda de Madrid.
El CSKA se convierte en uno de los pocos equipos en remontar una serie.
CSKA de Moscú 81
Olympiakos 56
CSKA (22+19+20+20) Holden(3),
Langdon (9), Siskaukas (24), Smodis (13), Andersen (8)-cinco inicial-
Papaloukas (12), Goree (6), Zisis (-), Khryapa (3), Shved (3), Kashirov
(-)
Olympiakos (16+13+21+6) Greer
(6), Woods (2), Blackney (9), Printezis (9), Tsakalidis (7)-cinco
inicial- Vasilopoulos (17), Teodosic (3), Bourousis (-), Papamakarios
(-), Teodosic (3), Kafkis (-)
Joseba nos ha dado una frase extraída de la boca de Velimir Perasovic,
los grandes equipos son los que lo demuestran en canchas ajenas. Yo
añadí otra la semana pasada, los grandes equipos son los que se
levantan después de una caída rotunda. Ambos principios los ha adaptado
el CSKA en esta serie remontando el accidente inicial que supuso la
derrota en Moscú hace casi 9 días. Han sabido girar el calcetín
levantando, superando y ganando a lo grande al Olympiakos. El CSKA ha
sido el ejemplo de esta competición demostrando su sangre caliente y
cabeza fría en los momentos más delicados, permitiéndose considerar una
derrota en cancha propia como un leve accidente doméstico.
Perdieron de tres puntos en Moscú pero supieron ganar con diez puntos
de margen en la siempre hostil, la Paz y la Amistad. Ayer en el partido
final ganaron por 25 puntos de diferencia, lo que viene a demostrar de
lo que puede ser capaz el conjunto de Messina cuando se lo propone. Una
máquina de baloncesto. Aviso para baskonistas que serán sus próximos
rivales, este equipo si juega un poco de baloncesto es superior a todos
los rivales pero si se consigue descentrarlos aunque sea un poco puede
haber eliminatoria. Es lo que tiene la Final Four, jugárselo todo a dos
partidos.