MACCABI DE TEL AVIV, 88
AXA FC BARCELONA, 75
Maccabi Tel Aviv (18+25+20+25): Cummings (9), Casspi (-),
Halperin (17), Morris (), Vujcic (6) -cinco inicial- Batista (6),
Bluthenthal (21), García (-), Morris (8), Bynum (21) y Sharp (-)
AXA Barcelona (19+15+19+22): Lakovic (13), Acker (3), Basile
(7), Vázquez (15), Marconato (5) -cinco inicial- Kasun (4), Ilyasova
(2), Sánchez (6), Neal (2), Grimau (18) y Trias (-)
Y colorín colorado, el cuento de la niñera parece ser que ya ha
acabado. Y sin un final feliz. De hoy se podía esperar una derrota,
pero no de esta manera. El Barça ha salido ejecutado de Tel Aviv y lo
que queda ahora es la repatriación del cadaver. Pascual anunció en la
previa que habrían cambios y sorpresas. Humo en definitiva. Jugando los
mismos de siempre y de la misma forma. El libre alvedrío combinado con
una defensa de patio de colegio. Algún día me comprometeré a hablar de
las defensas zonales para aquel que haya descubierto el milagro
baloncestístico. Para aquellos que se llenaban la boca hablando de la
defensa zonal como el mejor remedio para mejorar las tácticas
pretéritas. Debería algún ex jugador levantar la voz en vez de resolver
con tópicos hablando de ellas, que expliquen a la audiencia que una
defensa zonal no es la panacea y que sólo de ella no puede sobrevivir
un equipo que aspire a llegar a toda una Final Four jugando a
domicilio. El aficionado busca respuestas, y merece que alguien se las
de.
Hablo de la defensa zonal porque ha sido lo único que ha empleado un
Barça al que su rival le ha defendido de manera individual, cerrando
los espacios, líneas de pase y obligando al base de turno, se llame
Pepe Sánchez o Lakovic, a decidir por sí sólo. El técnico macabeo,
Zherf, ha sido inteligente puesto que es conocedor que Sánchez si no
encuentra oportunidades no puede decidir por sí solo, mientras Lakovic
si no decide sólo no decide para nadie. Uno no ha sabido jugar para los
compañeros y el otro se ha olvidado de ellos, demostrando una vez más
que necesita cadenas, mazmorras y algún mamporro para espabilar como
jugador. Hablo del líder que se congratulaba por su libertad y que ha
confundido la libertad con la soledad, y la soledad casi con la
avarícia. Ambos con un parcial de 2 triples de 8 intentos. Sangrante.
Sólo había que compararlo con los bases israelitas,Halperim y Bynum
totálmente superiores. Cortando la defensa zonal con el balón en una
mano y las tijeras imaginarias en la otra. Una defensa zonal de
juguete, autopistas sin peaje hacia la canasta. Constantes lanzamientos
adicionales que Halperin gustósamente transformaba. No sólo eran
triples, eran demasiadas facilidades para un rival que jugaba en casa y
permitiéndose que sus principales argumentos, Vujcic y Batista anotaran
6 puntos cada uno.
De nuevo en el Barça no existía el método y Pascual observaba el partido con una tendencia al laissez faire
que ha perjudicado a su colectivo. Sólo había que observar a Pini Zherf
desde la banda viviendo el partido. Sólo había que ver al secretario
técnico del equipo, Moni Fanan, cargando la presión mental del equipo a
sus espaldas y elevando la tensión hacia los árbitros. Robirosa, por
favor, apréndase su nombre, que un periodista como usted, que se
vanagloria de conocer a medio Tel Aviv y que se congratula ante su
audiencia que el presidente del Maccabi lo saluda y le da la
bienvenida, debería saberse su cara de memoria. Pascual no ha sabido
asumir riesgos, quizás asumir que le cayese alguna técnica, que no se
la iban a dar puesto que sino tendrían los árbitros que repartir unas
cuantas en el banquillo israelita, léase Moni Fanan asumiendo los
riesgos para dominar los intangibles del partido.
Y de ahí pasamos a una de las situaciones más comprometidas del
partido. Cummings agarra a Basile y lo hace caer al suelo.
Basile harto de tanta marrullería extradeportiva deja ir su pierna. Cummings le responde con una patada leve cuando Basile se encontraba en
el suelo. El banquillo del Maccabi sale al rescate y Moni Fanan
presiona a Lamonica para la exclusión del jugador. Faltó veteranía del
cuadro técnica, más en el intento de convertir a Basile de víctima a
verdugo por parte israelita propiciaron la exclusión del jugador
italiano. El Barça perdía a uno de los pocos jugadores con carácter del
equipo, o mejor dicho, el Barça perdía el poco carácter que le quedaba.
Este era un partido para demostrar caracter, hombría y testiculina, si
se me permite. El resultado ha sido distinto, casi todos escondiéndose,
pocos ofreciéndose y alguno que confundía el asumir las
responsabilidades con no tomar las decisiones adecuadas. Todo esto
agitado, y no mezclado, ha sido suficiente para caer en Tel Aviv,
dilapidando una de las pocas oportunidades históricas de conseguir la
victoria. Sólo había que ver el miedo y los nervios tanto en la grada
como en el banquillo local, no sabiendo matar el partido cuando iban
con 18 puntos a favor, no sabiendo imponer su estilo a lo largo del
partido. Este era el rival que tenía enfrente el Barça, éste ha sido el
verdugo final, o el malo de esta película sin final feliz. El Barça no
es que no haya ganado es que ni ha querido, ni ha podido, ni se ha
creído ganar en el partido de hoy. Aunque lo más triste no es eso sino
que tampoco saben, perdonémosle la ignorancia, total, ellos tampoco
tienen la culpa.