Suele ocurrir que cuando el Barça de Pascual obtiene una victoria de
mérito se nos regalen sinuosas líneas hacia nuestros ojos sobre lo buen
entrenador que ha sido hasta el momento. Muchos se han sentido tentados
para comparar trayectorias entre el pasado y el futuro indicando que en
la liga ACB el Barça de Pascual sólo ha perdido dos partidos de diez
posibles, que casi se llega a la Final Four y que probáblemente sin el
cambio de técnico se habría remado igual para continuar muriendo cerca
de la orilla. De hecho con Dusko se perdieron seis de dieciseis
partidos. Hablo sólo en liga aunque en la Euroliga el margen no es muy
diferente.
Este equipo nos ofrece constántemente una de cal y una de arena, y tal
como se rezaba cumple la máxima que no se puede hacer mejor, sino igual
o peor. Es capaz de lo mejor, como ganar al Baskonia a domicilio como
presentarse a competir contra el Real Madrid en Vistalegre. No lo
descartemos, puesto que llevan toda la temporada obsequiándonos con una
imagen bipolar, entre la ilusión y el desconcierto. Son capaces de
competir cuando nadie apuesta por ellos, a la vez que son capaces de
dimitir en sus responsabilidades cuando a priori deben asegurar
victorias a su casillero. Así ha sido con Ivanovic y con Pascual, y en
ese sentido no ha habido ninguna mejoría. Pero no conviene sacar pecho
ante los logros de Pascual y menos tal como lo transmiten en El Mundo
Deportivo:
Xavi Pascual no seguirá al frente del AXA FC Barcelona la próxima temporada pero ayer en Vitoria demostró que es un gran entrenador. No sólo logró mentalizar a su equipo tras la dura decepción de dos días antes en Tel Aviv sino que además supo jugar con maestría sus bazas tácticas sobre el parket del Buesa Arena para conducir a su equipo a la victoria sobre el Tau.
A Pascual le sonrieron los cambios empleados en el partido de Vitoria,
es cierto, pero durante su experiencia como entrenador azulgrana ha
visto como ha llegado a caer derrotado de forma estrepitosa en los
minutos finales de los partidos. Como por ejemplo la derrota en Málaga
con esa fantástica gestión de tiempos muertos para avisar o bien de lo
que podrían hacer los malacitanos o bien para llegar a la conclusión de
una jugada ensayada que terminara con un lanzamiento desde el centro de
la pista por Roger Grimau; o la derrota en Roma en la Euroliga; por no
hablar de la remontada que casi completaron los hombres de Messina en
su última visita al Palau. También el equipo quedó retratado contra el
Cajasol en el Palau o contra el CSKA en Moscú. Son simples ejemplos que
figuran en el debe curricular de Xavi Pascual en el banquillo
azulgrana. Una cuestión es relatar con optimismo, ostra aplicar el
onanismo mental y periodístico con fines de convencer, manipular, no
contar la verdad, o las tres cosas a la vez, a la audiencia.
Tiempo tendremos para evaluar la trayectoria de Pascual, un servidor
reconoció que el equipo ganaría partidos pero que también sufriría
derrotas, aunque lo importante no son las derrotas que pueda
materializar el equipo sino la forma de transmitirlas o contarlas. Allí
reside la diferencia, que de haber mantenido el entrenador el ruído
mediático sería ensordecedor, tanto para público, crítica como sujetos
expuestos. Se mantendría la voz de aquellos que en un programa
radiofónico anunciaban antes del partido contra el Unicaja el
"habra jaleo, vamos a por Dusko".
Ahora no es cuestión de ir a por Pascual, porque difícil fue la
papeleta pero tampoco conviene la precipitada conclusión de que se está
yendo mejor con Pascual que con Ivanovic. Aunque no se haya llegado al
apocalípsis, se está yendo igual o peor, pero mejor no, aunque los hay
que se contentan con seguir igual con un entrenador de la casa, los
mismos que no se conformaban con el rendimiento competitivo de
principios y mediados de temporada.