Real Madrid 93
DKV Joventut 101
Real Madrid (25+29+15+24): López (9), Bullock (35), Smith (3),
Iturbe (4), Reyes (21) -cinco inicial-, Hervelle (6), Mumbrú (12),
Llull (-), Tunceri (3), Sekulic (-) y Papadopulos (-).
DKV Joventut (28+18+21+34): Mallet (17), Ribas (3), Barton (9),
Moisó (7), Hernández-Sonseca (7) -cinco inicial-, Rubio (19), Jagla
(-), Fernández (30), Laviña (5) y Popovic (4).
Puede ser que el partido de ayer no sólo haya sido el mejor partido de
la temporada sino lo que llevamos de siglo. No exagero. Partido épico,
trepidante, con ataques estéticos y pocos de estáticos. El partido de
ayer deberá quedar en la retina del buen aficionado. La Penya y el Real
Madrid se erigieron en protagonistas y abanderados del espectáculo en
la ACB. Lo cuál no significa ganar más títulos, porque a lo competitivo se puede llegar por muchos caminos, sino de beneficiarse del
respeto y estimación de los aficionados. Un partido de gusto popular y
de tendencia populista. De los que gustan, partidos poco pragmáticos y
a tumba abierta. Busquen la repetición del partido porque les aseguro a
los que no lo hayan visto que vale la pena.
Si tenemos que sacar conclusiones de este partido es que la Penya ahora
mismo es el rival a batir de la liga ACB. La favorita, una condición
que los de Aíto han sabido asumir y disfrutar sin que el rendimiento
colectivo se resienta. Jugar tal como jugaron después de las
celebraciones posteriores a la consecución de Copa Uleb y por
consiguiente la participación en la Euroliga era impensable. Se preveía
relajación, conformismo o al menos no estar del todo mentalizados para
el duelo de ayer noche. No sólo borraron estos argumentos sino que
sorprendieron con salir a la pista a darlo todo, como si quisieran dar
un golpe de efecto al líder de la liga y anunciar a todos que van a por
la liga, que ahora mismo van a por la liga. Y no lo hicieron con sólo
un jugador, Rudy, sino con todo el equipo al completo, Mallet
oportunísimo en sus 5 triples, Sonseca motivadísimo para rendir ante su
exequipo, Ricky imponiéndose a Raúl López de cara a quién sabe si al
puesto de tercer base del equipo en los juegos olímpicos, Barton a
Smith y a Mumbrú. El rendimiento coral se sobrepuso a los abanderados
del baloncesto madridista, Reyes y Bullock.
Al Real Madrid le ha salido un duro competidor y contestatario a su
baloncesto percusionista y si quieren ganar la liga van a tener que
cambiar de receta antes que sea tarde. Plaza tiene tiempo para volver
al baloncesto control antes que en la meseta le quieran cortar la
cabeza. Con otro tipo de baloncesto el partido de ayer hubiese sido
menos recordado pero más favorable a los intereses de Plaza. Quizás la
camorrería vikinga hubiese servido pero se requeriría algo mucho menos
visceral que depender de ese recurso. Menor velocidad, mayor
tranquilidad e imponer un partido reflexivo y sesudo. Y es que a la
Penya le es difícil pensar a menudo, corre, bota y anota con mucha
rapidez, porque son jóvenes, están llenos de alegría y energía. Pero a
los jóvenes les cuesta mucho serenarse e imponerse con el mono de
faena. A lo mejor hubiesen rendido como ayer pero les hubiese costado.
Al partido de ayer desde el interés madridista, y el de Plaza en
particular, le falló el concepto.
La crítica popular se centrará en el record de triples por un equipo,
18, los 8 de 11 transformados por Rudy, el duelo anotador y estadístico
que lideraron los madridistas Bullock y Reyes ante la pandilla de Rudy.
Y sobretodo en el espectáculo vivido ayer, insisto, lo mejor de la
década. A lo mejor se centran en la eliminación de Bullock por faltas
en plena resurrección del escolta norteamericano. Pero lo de ayer no
era un partido amistoso sino competición pura y dura. Ambos compitieron
sí, pero a un equipo le ha salido un duro competidor a su estilo de
juego, si este equipo no rectifica a tiempo puede haber sorpresas a
final de temporada. Y con ellas quién sabe si algún despido inmediato.
Ese, el que ayer se sintió cuestionado ya debe estar pensando como
solucionar el problema estallado ayer en Vistalegre, más que nada
porque ellos ahora son, no los favoritos, sino los que mejor
representan ese sello de baloncesto.