
Esta tarde se disputa el clásico de
la bipolaridad más silenciosa de los últimos años. Apenas se ha hablado
esta semana del partido en el que enfrente al Real Madrid y al Barça en
Vistalegre. Mea culpa
si alguno de ustedes me lo recriminan. Que desde aquí se haya hablado
más bien poco de este partido viene a confirmar la tendencia bajista en
cuanto a la creación y difusión de literatura y discursos en partidos
como el de hoy; hoy día no es noticiable ya que el partido con mayor
interés es el del Granada contra el Estudiantes que podría ser
histórico si se confirmase el descenso de los estudiantiles del Ramiro
de Maeztu. Tampoco es noticiable porque en Barcelona ya hace mucho
tiempo que se dió por terminada la temporada en cuanto a aspiraciones
mientras que en Madrid se ha optado por el laissez faire hasta la llegada de los play offs.
El partido de hoy pasa desapercibido
porque ya hace mucho tiempo que el Barça dejó de ser el rival de los
blancos. Ha cambiado su rol de muñeco de trapo al que propinarle
guantazos mediáticos para cedérselo gustósamente a equipos como el
Baskonia o la Penya. El Baskonia es el equipo de las trampas de los
despachos mientras que la Penya es el de las tretas en la pista. El
Barça se convierte hoy en un individuo anónimo dispuesto a dar la
sorpresa. Puede darla aunque la empresa es un tanto difícil. Dependerá
en parte de quién muestre más (in)experencia desde la banda y de quién
muestre mayor (des)acierto en la aplicación de la táctica practicada.
Hablo de los entrenadores porque si
hace dos temporadas nos indican que las dos empresas deportivas más
importantes de España dependieran de dos técnicos interinos nos
tomarían por locos. Uno tiene mayor palmarés, Plaza, ganador de una
ULEB y una ACB, de manera rotunda; el otro simplemente sobrevive en un
cargo que le viene demasiado grande, aunque lo sorprendente es que
sobreviva en lugar de malvivir en el banquillo, aplicando sin
estridencia sus propuestas fundamentadas en el baloncesto más básico y
sumando victorias en su casillero. Sin embargo estos entrenadores
coinciden en el grado de discusión.
A Plaza le comienzan a cuestionar su
método hasta la fecha ganador y muchos le recriminan no haber sabido
sacar mayor rendimiento de la mayor promesa blanca extranjera, Marko
Tomas, ni la mejor promesa blanca nacional desde Fernando Martín,
Hernández Sonseca, jugador que fue reconvertido en el antiGasol en su
momento y que ahora celebra con felicidad toda canasta que le anota a
su antiguo exequipo. A Plaza se le recrimina también el no haber sacado
mayor partido del jugador con la ficha más cara del baloncesto español
en toda su historia, Lazaros Papadopoulos, el no haber sabido completar
su comunión con la de Felipe Reyes que le hubiese dado un mayor sentido
competitivo a su equipo de cara a llegar a esa Final Four en Madrid, un
hecho que ha comenzado a destapar críticas y oposición a su proyecto,
de manera silenciosa en los medios y de manera más elocuente en sus
pupilos. Plaza ha perdido parte de su crédito esta temporada y más con
las dos últimas derrotas en Vistalegre con rivales directos, primero
fue el Baskonia, luego el Maccabi y finálmente la Penya.
A Pascual sin embargo todo le va de
cara. Una prensa que lo mima y lo adula, que no hace sangre de su
precariedad táctica y de su inexperiencia profesional y que le ayuda a
sobrevivir en este duro camino que le llega hasta final de temporada.
Pascual, jugándose mucho más que Plaza, ya que tiene un caramelo
muchísimo más envenenado, se muestra mucho más tranquilo y sin apenas
presiones para realizar su trabajo. También fomentado por las victorias
contra el Pamesa en Valencia o contra el TAU en Vitoria, más la poco dramática
eliminación contra el Maccabi. Puede ser el triunfador del partido de
esta noche porque si algo tiene que no tiene Plaza es el beneplácito de
sus jugadores. De momento Pascual no tiene a un Felipe Reyes que le
marque la pauta, quizás Pepe Sánchez pero en un grado mucho menor que
el del genial pivot cordobés. La tranquilidad de unos y el sosiego de
otros marca la previa del clásico y quién sabe si decidirá hacia que
lado se decanta la balanza, así como el futuro tanto de unos como de
otros.