
La espera se me hizo larga pero ya estamos en la antesala de la Final
Four de Madrid, la del gasto de las autoridades públicas pensando
acoger a un anfitrión del territorio. Será la Final Four en la que un
equipo vasco hará de anfitrión, el TAU Baskonia, que deberá enfrentarse
al favorito de las casas de apuestas, el CSKA de Ettore Messina, ambos
comparten de manera consecutiva el llegar a la Final Four, como si
fuese un quehacer cotidiano, para el Baskonia esta será la cuarta
mientras que para el CSKA será la sexta. Está seguramente será la final
anticipada puesto que son de largo los equipos más experimentados,
aunque uno conoce el método para ganarla, el CSKA, mientras que el
otro, el Baskonia, se concentra cada año en marearse en un laberinto
táctico para luego acabar muriendo en la orilla.
Pero el partido que inagurará esta fase final es el que mide a los dos
equipos tapados de la competición, uno por ser el equipo revelación, el
Montepascchi de Siena de Simone Pianigiani, y el otro porque comenzó la
temporada de forma muy dubitativa pero que ha acabado haciéndose un
hueco que a priori correspondía a otros equipos que iban por delante,
el Olympiakos, el Panathinaikos, el Real Madrid o el Barça, hablo del
Maccabi, orgullo de un pueblo y de una forma de entender la vida, el
deporte y el baloncesto. A priori la más intrascendente lo que no
significa que rehúsemos de su potencial atractivo.
Una
Final Four marcada por un equipo estilista, el CSKA y tres equipos
marcados por la superioridad física, el Maccabi, el CKSA y el
Montepascchi de Siena, equipos que reúnen mayor fortaleza en cualquier
posición moscovita, bien en la dirección, donde el Montepaschi reúne
más fortaleza en los exteriores, bien en el perímetro, donde el
Baskonia impone su territorio, o bien en el poste bajo, donde el
Maccabi presenta mejores armas. Sin embargo el más equilibrado que
todos ellos es el CSKA, el que más domina todos los aspectos del juego
y que demuestra que no gana quién es más fuerte sino quién, en teoría,
mejor juegue.
CKSA: Quien parte con la obligación de ganarla

Indiscutible
favorito. Para el CSKA no vale con llegar hasta la fase final, lo
importante no es participar sino ganar y para ello ha invertido en una
de las dos mejores plantillas del continente. Ya se sabía su cometido
ya en el partido inagural mezclando la belleza, la genialidad, el
método y la solidaridad entre todos los compañeros. Son el abanderado
de la pluralidad elevándola a cotas altísimas. Un equipo que combina el
baloncesto total con el baloncesto coral y que ha sabido jugar con suma
grandeza en la competición, demostrando ser el indiscutible favorito
tanto en las victorias como en las derrotas, con el equipo al completo
o bien con las lesiones, levantándose con energía en las derrotas
sonadas, como contra el Unicaja, el Barça o el Olympiakos.
El CKSA es el favorito y lo asume con naturalidad y profesionalidad.
Mucha seriedad en un equipo cuyas claves se resumen en tres nombres,
Papaloukas por ser el líder, el más experto y el que acostumbra a ser
el cerebro del equipo, Siskaukas, por ser el jugador que marca la
diferencia tanto en la defensa y en el ataque, se trata del jugador que
garantiza el equilibrio colectivo, a estos dos jugadores deberemos
añadir el papel de Smodis, un jugador fuerte, técnico y competitivo;
estos nombres son los que reúnen los principios de Messina,
inteligencia, sacrificio y voluntad de ganar.
Jugando al baloncesto púramente al CSKA no lo van a ganar ninguno de
los tres equipos, sobretodo por la circulación de balón, prácticamente
perfecta, capaces de diseccionar cualquier defensa zonal que se le
plantee. Tienen prácticamente relevos en todas sus líneas, tanto en
ataque, defensa, anotación e intangibles. Prácticamente invencibles,
casi la máquina perfecta ideal para que un técnico como el italiano
pueda salir de Madrid primero y de Moscú después por la puerta grande.
Análisis de la plantilla del CSKA por Plumas Envenenadas
TAU Baskonia: El equipo necesitado

Cuatro Final Four consecutivas y todavía no han sabido encontrar el
camino para ganarla. Al TAU siempre le ha tocado en estas fases a uno
de los equipos más complicados, aunque también en la Final Four
cualquier rival te sorprende, bien sean tapados o favoritos; ya en la
primera con Dusko Ivanovic le tocó jugar contra el anfitrión, el CSKA
de Ivkovic, al que consiguió ganar a contrapronóstico pero que en la
final se topó con la entonces máquina baloncestística del momento, el
Maccabi de Jasikevicius, Parker y Vujcic. Al año siguiente, con Velimir
Perasovic, le tocó inagurar el torneo contra el mismo Maccabi pero ya
sin Jasikevicius ni Parker sino con Will Solomon como principal
protagonista, el resultado fue de un recital en el primer tiempo en el
que los macabeos barrieron a los baskonistas, el TAU partía, como
ahora, como la alternativa al CSKA y acabaron ganando el partido de
consolación por la tercera plaza contra el Barça de Navarro y Shamond
Williams. Ya el año pasado, como su primera vez, le correspondió jugar
contra el anfitrión, el Panathinaikos, muchos pensábamos que sería
diferente puesto que se encontraba Bozidar Maljkovic en el banquillo
baskonista, un especialista en ganar fases finales, bien con la
Jugoplástika o el Limoges, pero el equipo griego se convirtió en una
pesadilla que agitó por completo los cimientos del equipo de Vitoria.
Los cimientos todavía siguen agitados y ahora mismo se mezcla la
ilusión, la necesidad y la ansiedad. Necesidad tanto de unos como de
otros, de Querejeta por llevar tantos años buscando coronar a su
equipo, de Spahija por mantenerse en el cargo sufriendo el aliento del
rumor de Dusko Ivanovic como su sustituto en la nuca provocando el
sudor frío a sus espaldas. También lo es para los jugadores, muchos
enfrentados a su entrenador, otros enfrentados contra todo el mundo,
otros que quieren de una vez ganar una Euroliga después de llevar
tantas participaciones a sus espaldas. El Baskonia por cuarta vez
mantiene su estado de mejor momento de su historia pero se manifiestan
hechos contradictorios, nerviosismo y ganas de dar por terminada la
temporada.
El Baskonia para ganar debe ser fiél a los principios introducidos por
Neven Spahija, mantener la mentalidad tradicional pero unida a la
fortaleza, más raza que fuerza. Los jugadores a seguir para que el
Baskonia siga son Pete Mickeal que se encuentra ante el principal
desafío de su carrera y Tiago Splitter, llamado a ser el eje
vertebrador del presente Baskonia. Incidiendo en la fuerza de Mickeal o
Singleton o el espíritu aguerrido de Vidal el CSKA puede verse
sorprendido, por cuánto más fuerte físicamente se encuentre el Baskonia
menores posibilidades dispondrá el equipo de Messina para llegar a la
final ya que éstos sólo presentan a dos jugadores de estas
características uno es Khryapa, el otro es Goree. Un Baskonia que debe
hacer uso de su condición de anfitrión e intentar hacer defensas
fuertes casi rozando el límite del reglamento. Deben hacer del partido
una batalla, deportiva pero bélica a la vez.
¿Paramos al CSKA? por Pipirolo
Maccabi: La ambición de un pueblo

Del
Maccabi sabemos que es su competición preferida. Castigados por estar
en una de las competiciones domésticas más sencillas del panorama
europeo lo confían el todo y la nada, el éxito o el fracaso a ganar o
no la competición. Viven por y para Europa, y eso que geográficamente
se encuentren lejos del epicentro del viejo continente. Son con 5
Euroligas, junto el CSKA y después del Real Madrid, con 8 Euroligas, el
equipo que más veces se ha coronado. Sólo por eso merecen considerarse
un equipo más dentro que fuera del baloncesto europeo y que además ha
contado siempre con equipos legendarios que han contribuido al
crecimiento de este deporte y de la Euroliga.
Maccabi no es lo
que era pero representa fiélmente su espírituo. Competitivos al máximo
y que a pesar de no pasar un buen momento siempre están en la Euroliga.
En la euforia como en el desánimo. Con equipos legendarios o con
equipos transitorios. Ahora mismo el Maccabi es un equipo que palpita
entre la construcción y la demolición, a caballo entre dos épocas, un
simple hilo conector que dispone de lo mejor de su pasado más exitoso,
Vujcic, Sharp y Burstein, con lo mejor de su futuro, Eliyahu, Halperin,
Batista y Casspi acompañados de jugadores que le ayudan a sobrevivir en
el presente, como Cummings, Bynum, Terrence Morris y Marcus Fizer.
Con
esta plantilla han sabido levantarse después de un inicio para nada
prometedor, despidiendo al entrenador que sustituyó a Neven Spahija, la
leyenda Odded Katash y poniendo al seleccionador de Israel, Zvi Sherf,
al mando del equipo hebreo,un entrenador de largo recorrido con el que
llegaron en los años 80 a disputar una final, la del año 87 contra el
Tracer de Milán de Mike D'Antoni, Dino Meneghin y Ricardo Pittis, y dos
Final Four, la de Munich en la que llegaron a la final que perdieron
contra la Jugoplastika y la de Paris en la que cayeron derrotados en la
semifinal contra el Barça para luego acabar terceros contra el
Scavolini de Pésaro. Sherf cumplió con el requisito de llegar hasta las
fases finales pero tuvo la mala suerte de enfrentarse a equipos que
estaban en el mejor momento deportivo de toda su historia. ¿Será el
CSKA o el Montepascchi uno de ellos?
Montepaschi Siena, la ilusión del tapado
Gobernados
por el tirano de la Lega, Simone Pianigiani, el Montepascchi es la
esperanza de una competición en plena decadencia como es la del
pallacanestro italiano. Auténtico dominador de Italia debido en parte a
su solvencia económica contrastando con la decadencia de otros grandes
del país como la Virtus y la Fortitudo de Bolonia, la Benetton de
Treviso o el Olimpia de Milan. Cuatro históricos en horas bajas que han
visto como un equipo de baloncesto de la pequeña Siena en cinco años ha
llegado a dos Final Four, las dos en territorio español, Barcelona y
Madrid, la primera y la última. Para llegar a ello ha sido
importantísimo de uno de los principales bancos de Italia, el
Montepaschi
El Montepascchi es quizás el equipo más limitado
individuálmente de los que se presentan a Madrid. Construido a partir
de los deshechos de otros equipos grandes, como Vlado Ilievsky, Bootsy
Thornton y Romain Sato ha sido con productos lituanos cuando ha dado
ese salto de calidad, Rimantas Kaukenas y Kristof Lavrinovic. Para
llegar a la Final Four se necesita tener una idea de juego y dos
jugadores de necesaria jerarquía tanto en el equipo como fuera de él.
El Montepaschi es un equipo construido bajo los cánones italianos, con
una presencia importante de jugadores importados de Estados Unidos,
Sato, Drac Diener, Thorton, Mcintyre y Stonerook.Todos ellos exteriores
y fuertes.
El Montepascchi desarrolla un juego muy eléctrico,
basado en la defensa intensiva desde la primera línea, similar a la que
puede tener la misma Penya, concentra a un buen número de
recuperadores, entre el base titular Mcintyre que se alterna en la
direccion con Ilyevsky, el mismo base macedonio y el alero Stonerook
concentran más de 7 recuperaciones por partido. Es el equipo que más
hace uso de la recuperación de balones no sólo de la Final Four sino de
la Euroliga con casi 15 balones por partido, pierden pocos balones y
efectúan muchas asistencias. Y eso partiendo del uso reiterado del
lanzamiento exterior pero sin abusar de ello, sería para compararlo con
el Baskonia de la pasada temporada, concentrando tiradores en todas sus
líneas, como Mcintyre, Ilyevsky, Sato, Thorton, Lavrinovic y Kaukenas
como principales amenazas. También como todo equipo italiano tiene sus
carencias, excepto Lavrinovic y Eze, carecen de jugadores en el poste
bajo en la rotación, a parte de jugar de forma muy abierta, lo cuál le
puede penalizar con equipos con mejor poderío interior, véase Maccabi
que con Batista, Vujcic y Morris pueden incidir en ello para decantar
el partido para su equipo.