MACCABI TEL AVIV, 77
CSKA MOSCU, 91
Maccabi Tel Aviv: Bynum (23), Halperin (9),
Morris (13), Casspi (9), Vujcic (2) -cinco inicial-, García (2),
Batista (14), Cummings (-), Sharp (-), Eliyahu (-) y Bluthenthal
(5).
CSKA Moscú: Holden (14), Langdon (21),
Siskauskas (13), Smodis (13), Andersen (13) -cinco inicial-, Goree
(2), Papalukas (12), Zisis (-), Khryapa (-) y Van der Spiegel (3).
Árbitros: Koulekidis (GRE), Hierrezuelo (ESP) y Dozai (CRO). Sin
eliminados.
Sexta corona europea para el CSKA y
cuarta en diez temporadas para Ettore Messina en una trayectoria
envidiable con su equipo, dos Euroligas y un subcampeonato en tres
temporadas consecutivas. No sólo es eso sino la estética del triunfo,
manteniendo el mismo estilo tanto en las victorias como en las
derrotas. Ya lo advirtó Planinic después de caer derrotado con su
equipo el pasado viernes "el CSKA siempre juega igual, mientras el
resto de equipos tienen momentos altos y bajos a lo largo del
encuentro, ellos mantienen la misma línea durante todo el partido."Y me
atrevería a añadir durante las tres temporadas que lleva Ettore en el
banquillo. Dificilmente veremos a este equipo encadenar una racha de
tres partidos malos, quizá alguna derrota aislada pero no una dinámica
negativa de resultados, por lo que a este equipo con base en Moscú
habría ya que considerarlo como un equipo dentro de la Historia, y a
Ettore como un entrenador capaz de construir dinastias sea cual sea el
equipo, se llame Kinder o se llame CSKA.
El partido se podría argumentar bajo
la hipótesis de Planinic. El Maccabi ha jugado ratos de baloncesto
intensivo pero combinándolos con errores de bulto más desacierto en la
anotación. A menudo esos errores pasaban desapercibidos pero para el
CSKA eran ocasiones idóneas para alejarse del partido. Se alejaban
lentamente, como si no ocurriera nada, luego pasaban los minutos y el
cuadro moscovita mantenía una diferencia de diez puntos a favor.
Entonces aparecían los jugadores macabeos, comandados por un enérgico
Will Bynum y del emergente Esteban Batista. El Maccabi resultó penado
por el bajo estado de forma de sus estrellas del pasado, Vujcic y
Burstein, ambos fuera de sí durante todo el partido, molestaban más que
sumaban, y para vencer al CSKA hay que rallar casi la perfección.
Perfección que en el CSKA se
transforma en plasticidad y efectividad a la vez, la mejor defensa que
se añade a la mejor práxis ofensiva. Una gozada la transición de
memoria de los jugadores moscovitas, pasando sin mirar la posición del
jugador, conocían mentálmente la posición de Langdon, de Smodis o de
Papaloukas. No sólo en triples sino en posicionamiento en la pintura,
con movimientos, bloqueos ciegos, indirectos o directos. Daba igual,
Bynum se estrellaba una y otra vez con sus bloqueadores, Holden campaba
a sus anchas y, o bien resolvía con su uno contra uno, o bien doblaba
el balón, o bien asistía a Andersen para que anotara en suspensión.
Todo bello y armónico.
El Maccabi empujaba pero el CSKA se
dedicó a jugar al baloncesto. Todo un ejemplo de como jugar una final
por parte de ambos equipos, dos caminos para llegar a la competividad,
dos realidades de lo que representa el baloncesto en Europa, en la que
ganó el que más méritos ha hecho para llevarse la corona, el que más la
quería esta temporada, el de mejor rendimiento, no sólo esta temporada
sino en tres años, insisto. Ganó posíblemente el equipo más grande de
este siglo, con permiso de Pini Gherson, Jasikevicius, Parker, Vujcic y
el Maccabi. La Europa baloncestística ya puede dormir tranquila, ya
tiene nuevo Rey.
Mañana lunes por la noche, especial Desde la tribuna de prensa con toda la verdad sobre el caso Messina.