
El Barça es un equipo de fútbol pero como otros
equipos del continente dispone de un equipo de baloncesto. Y de los más
potentes de Europa. Muchos creen que el hecho de ser una sección más
que una entidad propia le priva de ser independiente, y no tiene nada
que ver. En Europa el baloncesto puede ir cogido de la mano del fútbol
y se ha demostrado en numerosas realidades baloncestísticas, como el
Real Madrid aquí en España, el Olympiakos del Pireo, el PAOK de
Salónika, el AEK y el Panathinaikos de Atenas o el mismísimo CSKA de
Moscú. Los publicos de fútbol y baloncesto pese a compartir colores se
difieren del gusto, son distintos. Lo mismo debería suceder con las
formas de gobierno, autónomas. Y ahora mismo el basket azulgrana
depende mucho de su hermano mayor futbolístico.
Indirectamente Ettore Messina metió el dedo en la
llaga al lamento de Daniel Arias posterior a la rueda de prensa de la
final contra el Maccabi. "Los aficionados del Barça estarán muy tristes por tu renovación con el CSKA". Messina consciente, o no, dió un titular que radiografió al Barça. "No, no están tristes por mi renovación, están tristes por el fútbol." Y
tiene razón Ettore, la sección de basket está sufriendo las
turbulencias generadas por el díscolo hermano futbolístico; hasta tal
punto que se esperaba de hoy un pronunciamiento en el basket, cuando en
realidad lo que se ha obtenido son declaraciones tímidas prometiendo
buscar un proyecto ganador para el club, aunque esperan al final de
temporada para sacar conclusiones más positivas. En la junta directiva
de hoy, que ha durado alrededor de 5 horas, sólo se ha hablado de
baloncesto en los últimos 30 minutos, como el tema sobrante que quedaba
pendiente en la orden del día.
Me parece bien que no se saquen conclusiones
precipitadas a raíz de un resultado futbolístico, porque aunque este
Barça de baloncesto genera dudas, desconcierto y mal humor se está
jugando el ser o no ser para la próxima temporada y no debería ir a
remolque de la actualidad baloncestística. Encuentro perfecto que de
puertas hacia fuera no quieran efectuar declaraciones para no
perjudicar al equipo de Xavi Pascual, que está en Bilbao de trámite a
la espera que comiencen los play offs la próxima temporada. Que quieran
mantener la tranquilidad en estos momentos lo considero coherente, pero
el Barça de una vez por todas le toca definirse. No hace falta filtrar
a la prensa posibles fichajes, y una vez desgastado el comodín de
Messina tampoco vale usar en demasía el comodín Marc Gasol de la baraja
azulgrana. Más que malgastar bazas ganadoras lo estríctamente necesario
es tener claro como se quiere jugar la partida.
No se tiene proyecto en estos momentos pero de
cara la próxima temporada se tiene aún el tiempo más que suficiente para
construir algo atractivo, tanto para los aficionados como para los
profesionales que deban formar parte. Han dilapidado un interesante fin
de semana de mayo en Madrid pero tienen hasta octubre para encontrar
ideas de juego. Sin prisa pero sin pausa. A su favor el Barça de basket
no tiene ningún estilo histórico como dogma o tabú para derribar, por
lo que le será más fácil ampliar la terna de profesionales a entrar en
la disciplina baloncestística. Más que entrenador falta saber quién
tiene que ser la cabeza pensante del proyecto azulgrana, llegándome propuestas muy chocantes que espero que no se materialicen, y quién debería
ser el que construya la plantilla. Faltan el directivo y el secretario
técnico. A poder ser que estén ligados con el baloncesto catalán,
azulgrana y europeo, no valen parches, sólo profesionales.
A partir de ahí la sección debe profesionalizarse y
generar nuevos ingresos. Es de vergüenza ajena que un club como el
azulgrana con tantos seguidores se le pueda hacer complicadísimo llenar
más de media entrada en un pabellón de 7.000 personas. Esto se lo deben
de hacer mirar inmediatamente porque un equipo que aspira a la elite no
se puede permitir esa pobre capacidad de convocatoria. Si al menos fueran abonados adinerados nada que objetar pero el abonado del Barça es tan precario como el del resto de equipos. Den intentar incrementar la afluencia, más cuando el
vecino pobre, o sea la Penya, congrega a 8.000 personas en cada partido
que se juega en el Olímpic, y sin una prensa que le dedica dos páginas diarias. El basket azulgrana debería aprender a no
depender tanto del fútbol, saber generar recursos propios y comenzar de
una vez por todas a ser un poco más independiente. Tener ideas propias,
comenzar a definirse. Comportarse como un adulto. Así Ettore la próxima
vez no dirá con sorna que el aficionado está triste por el fútbol, sino
que averiguará que también se tienen inquietudes en el baloncesto.