Jamás una distinción como mejor técnico de la liga regular había
generado tanto recochineo como ahora; más cuando se dirige al equipo
líder, principal favorito y el que defiende su condición de campeón. El
nombre de Plaza ya se venía cuestionando desde hacía ya varias fechas,
más por cuestión periodística que por la afición. Un cuestionamiento
silencioso que poco a poco va calando en el aficionado, injusto hacia
un técnico que supo asumir con naturalidad el riesgo de dirigir a un
Real Madrid decadente, aún contando con un buen elenco de jugadores que
con los años han sido capitalísimos, como Felipe Reyes, Hervelle y
Louis Bullock. El nombre madridista generaba rechazo en los pocos
entrenadores importantes que habían en el mercado, desde Mahmuti, a
Repesa, pasando por Svetislav Pesic. Por primera vez en muchos años el
equipo blanco se presentaba sin un entrenador respetable, y Alberto
Herreros y Antonio Martín no tuvieron más remedio que apostar el doble
o la nada. La apuesta les multiplicó los réditos.
Plaza respondió mucho más alto que las expectativas marcadas,
puesto que muchos, entre los que un servidor se incluye, infravaloraron
las posibilidades reales del equipo blanco. Fue creador de un estilo de
juego, el percusionismo, pervertido ya como campeón pero que en su
momento, la temporada pasada hasta en el presente, se les distinguía.
En aquel entonces el paradigma era Venson Hamilton, ahora el paradigma
se convirtió en un dogma de habla griega, Papadopoulos. El juego
interior como fortaleza de conjunto. Al Real Madrid le faltaba talento,
aunque muchos insisten en sobrevalorar a Raúl López ninguneando a
Tunçeri, en insistir en Bullock cuando los importantes eran Charles
Smith y Alex Mumbrú, alabando a Hervelle cuando el jugador que tenía
que marcar la diferencia era Lazaros Papadopoulos. El Madrid se ha
visto superado en los momentos importantes porque no ha sido fiel a su
libro de estilo, el presumirse como un equipo importante dejando de ser
conscientes de sus limitaciones fueron el principio de los males en el
equipo blanco.
Tácticamente el entrenador catalán se vió superado por no saber
encontrar las soluciones a los problemas planteados en los despachos.
Unos problemas que a la vez tenían que ser la solución para que el
equipo blanco creciera más allá de ser un buen conjunto. De ser un
equipo bueno a un equipo temible. Se cambió a una eterna promesa como
Hernández Sonseca por un jugador totalmente contrastado como Lazaros
Papadopoulos. Se cedió a un joven valor como Marco Tomas por uno más
combativo como Mihalis Pelekanos. Las permutas estaban destinadas a
incrementar el valor competitivo del equipo, más en la Euroliga
volviendo este año después de una temporada en la Copa Uleb y más desde
que se eligió a Madrid como sede de la Final Four. En ese momento se
aumentaron las exigencias, aunque haciéndolo sin tener en cuenta de
quiénes eran y de donde venían. Algo muy importante cuando se trata de
concretar un proyecto, deportivo o no.
Desde la
Casa Blanca se apostó
de inicio por la Final Four sin reparar en el poco recorrido tanto del
entrenador como de sus jugadores. Hace ya doce temporadas que el Madrid
no llegaba a una fase final y una temporada en que no participaban en
la máxima competición europea. Para el objetivo sólo hicieron dos
cambios en la plantilla, confiando en que lo disponible podría crecer
en Europa. Sin jugadores con experiencia no sólo en ganar la Euroliga
sino ya ni participar en fases finales. Bastante complicado. Desde
Madrid podríamos catalogar que hubo un exceso de confianza ya que
muchas veces un equipo llega a la Final Four a base de repetir
intentos, métodos y hábitos, como por ejemplo el Montepaschi; de la
misma forma que uno nunca llega en la repetición de errores y miserias,
como el Olympiakos. No hablo de ganar sino de competir. El equipo, y su
entrenador, pasaron su temporada de inexperiencia en Europa; al menos
la próxima temporada debería ser, en teoría, la que confirmara si lo
sucedido esta temporada sirve para sacar conclusiones reflexionadas, no
precipitadas.
Desde la distancia, o la perspectiva que ofrece la lejanía, uno en esta
temporada ha observado un factor como el más determinante en los
sucedido más adelante. La batibilidad de Vistalegre y más en concreto
en dos fechas, contra el Maccabi y contra la Penya. Ambas derrotas
despertaron síntomas de dolencia en el equipo, tanto en las
declaraciones posteriores como en el proceso de asimilación. Ambas
fueron derrotas incuestionables, una en la prórroga,
contra Maccabi, en el Top 16 de la Euroliga, y otra a base de un marcador frenético,
contra la Penya,
en liga regular hace pocas semanas. No fueron derrotas por jugar mal o
porque las supuestas estrellas no rindieran, sino porque el equipo
rival superó esas virtudes madridistas. Una derrota por cuestiones
competitivas.
En estas situaciones habría que tener una especial sensibilidad para
valorar la evolución del equipo. Se podría valorar un cambio de técnico
pero se debería tener en cuenta si otro técnico, o un cambio de
proyecto, implicaría un mayor rendimiento colectivo en los momentos
puntuales. También habría que valorar la opinión de la grada, más en un
momento que duplican o triplican la capacidad de convocatoria de por
ejemplo el Barça. Si la cuestión es de cambiar el proyecto pueden
llegar tarde puesto que el mercado no ofrece tampoco un mercado de
técnicos considerable; por eso se apostó por Plaza como se apostó por
Pascual por parte azulgrana; no nos engañemos y no lo olvidemos.
El mercado es el que es, aunque hayan ofrecido nombres con deseos de
venir a la ACB, como Messina, con negociaciones abiertas con el Barça,
u Obradovic, que por cuestiones familiares podría haber vuelto a
Madrid. Ambos ganadores pero que después de sondear el mercado han
preferido renovar sus compromisos con sus respectivos clubes. Pocos
entrenadores ganadores quedan y menos aún que se puedan adaptar, y
mejorar, a Joan Plaza con esta misma plantilla. La directiva y la prensa no piensan lo
mismo y no tardarán en situar a Pepu como uno de los futuribles; o eso
o bien renovar a Plaza o bien realizar una prospección de mercado que
podría dar con dos nombres futuribles Katsikaris o Spahija.¿Será la marcha de Plaza la solución a la crisis blanca?