Barcelona ahora mismo es un clamor: Xavi Pascual, renovación. El
aficionado baloncestístico sorprendido mientras que la prensa dicta su
veredicto para que el aficionado futbolero de su aprovación. Muerto
Dusko parecía no terminar con la rabia, pero Xavi Pascual ha sabido
aprovechar su oportunidad llegando a la final de la ACB. Todos miran
ahora al entrenador montenegrino, que señaló que con estos jugadores no
podía hacerlo mejor. Dusko podría tener razón, la cuestión estaba en
los jugadores, en ese talento individual que si querían lograr algo en
un deporte de equipo debían sostenerse por el principio de solidaridad
colectiva. Los jugadores son los que hacen buenos a los entrenadores, y
acaban dando la razón a aquel que tensaba el latigo para fustigar sus
maltrechos hombros. Xavi Pascual es ahora una realidad de entrenador
para el Barça, falta por ver si es el mejor para el futuro del club.
El Barça se ha clasificado para su séptima final en diez temporadas de
la ACB. Con Aíto, con Pesic, con Dusko y esta temporada con Pascual. Lo
que haya logrado ahora el vigente entrenador azulgrana no era un
objetivo inalcanzable, sino lo mínimo exigible a un equipo como el
Barça; que los medios levanten las pancartas a favor de su renovación
cuando se ha llegado a la final viene a demostrar la falta de
coherencia, de credibilidad y de conocimiento de este deporte a razón
del euro diario por ejemplar. Responsables de medios que se dicen
afines y que desde aquí hemos cuestionado su filiación con lo
azulgrana. La temporada pasada se tildó de fracaso por llegar el Barça
a la misma final de la ACB y ganar una Copa, y hace dos en las que el
equipo se clasificó para la Final Four de Praga se rozó el fiasco más
absoluto según ellos. Ahora se trata de un éxito, y si no lo es rotundo
viene a ser por, según ellos, la negligencia de Ivanovic, más que la de
los jugadores y un director técnico que se irá en silencio sin rendir
cuentas a nadie, ni a los directivos ni a los aficionados. Un director
técnico que ante el visionado azulgrana puede quedar en la galería de
los ausentes. Al final el bueno era Savic.
Clasificarse para la final de la ACB no se trata de un éxito, sino lo
mínimo exigible para sobrevivir en la cúspide europea. Lo contrario es
tesgiversar la realidad al interés de los responsables periodísticos
que gobiernan. Pascual ha cumplido con su trabajo: no empeorar la
situación del equipo y tiene la oportunidad de mejorar lo conseguido la
temporada pasada, la liga ACB. A partir de ese momento el Barça deberá
plantearse la disyuntiva de mantener al técnico como inquilino o bien
ser ambicioso y construir un nuevo proyecto. Pascual de momento ha
demostrado ser un buen activo dentro del club como revulsivo de
temporadas muertas pero todavía no ha sabido convencer a la masa
crítica sobre sus métodos de trabajo ya que son los mismos que a
principio de temporada, con mayor flexibilidad y con algunos conceptos
propios del baloncesto escolar que del baloncesto aristocrático.
Desde aquí no se tiene nada en contra del actual entrenador azulgrana.
El motor de lo opinado se sustenta desde el punto de vista
estríctamente baloncestístico y deportivo. Desde el punto de vista
personal siempre he reconocido su valía a la hora de plantear dudas y
efectuar consultas. Tanto
off de record como
en la sala de prensa. Motivos que gustan a los medios y acreditados
pero que no suponen garantía alguna cuando hablamos de competición pura
y dura. Todos, desde el propio técnico, que ya ha reconocido la dureza
mental de los últimos cuatro meses, al flamante secretario técnico,
Joan Creus, deben valorar bajo el criterio baloncestístico su
continuidad, no confundirlo con el de resultados.
También se debe tener en cuenta que todo entrenador que ahora mismo se
encuentra en la élite europea ha comenzado su carrera como técnico
asistente. Las nuevas realidades lo confirman, desde Simone Pianigiani,
David Blatt, Katsikaris y Joan Plaza. Todos aprendiendo de los mejores
entrenadores, desde Pinas Gherson en el caso de Blatt, a Maljkovic por
el de Plaza, de Ivkovic por el de Katsikaris, o de Recalcati en el de
Pianigiani. Falta por ver si Pascual puede llegar a ser un buen
discípulo de Dusko, pero también si está preparado para liderar un
proyecto azulgrana más necesitado de títulos que de autogestión.
También hay que tener en cuenta la dificultad de encontrar entrenadores
que garanticen títulos, y que los pocos disponibles tienen contrato
blindado en vigor: Obradovic con el Panathinaikos, Messina renovado por
el CSKA. Que los otros accesibles son muy selectivos y que a veces se
permiten rechazar las propuestas si no le son del todo atractivas, como
el caso de Repesa por el Real Madrid o Mahmuti en el del Baskonia. O el
filtreo de Messina a dos bandas entre Unicaja y Barça. No es fácil
encontrar un entrenador, pero menos un entrenador como garantía de
títulos.
El mercado actual ofrece dos entrenadores con potencial solvente para
garantizar proyectos exitosos. Sergio Scariolo, necesitado de un
cambio, y David Blatt, necesitado de un club puntero. Blatt ya ha
reconocido en la prensa rusa que está negociando con clubes españoles,
y sólo Marca ha dado la noticia.
A la prensa le interesa más un entrenador como Pascual que no un
técnico puntero capaz de disputar la corona de tú a tú frente a
Obradovic y Messina. Cuestión de prepotencia o falta de conocimiento.
Aquí gusta más la fórmula autogestiva y valorar con diferente rasante
al entrenador como se apellide: si gusta y es de la casa, calificar de
éxito llegar a una final; si no gusta y es extranjero calificar
temporadas en las que se llegan a las finales de fracaso y de tachar la
moralidad de según que tipo de victorias. Diferente rasante, doble
juego y lectura; luego nulo criterio, en el que interesa más el
marketing periodístico que exigir la excelencia baloncestística.