A nada de
comenzar la final de la ACB, José Luis Sáez, alias Pepe, vuelve a
entrar en la escena con su pareja de reparto en ese vodevil casposo de
teatro veraniego al aire libre que vienen ofreciendo el presidente de
la Federación Española de Baloncesto con el entrenador de la selección,
Pepu Hernández. El vodevil continúa, evidenciando síntomas de
caducidad, de hartazgo de unos con los otros, síntomas de nula
comunicación, de poca empatía y antetodo mostrando una guerra de egos y
celos por ambas partes. En esta guerra no hay ni buenos, ni malos, ni
vencedores ni vencidos; sólo existen dos personas que no se comunican
desde hace tiempo, que no se aguantan y que entre unos y otros delantan
sus miseras.
Como en todas las guerras, cada bando tiene a sus partidarios y
detractores. Partisanos y brazo armado. Pepu cuenta con el de los
deportistas, los seleccionados, capitaneados por el
clan Gasol
formado por Pau, Marc y Juan Carlos Navarro; Pepe Sáez no tiene a los
deportistas de su lado sino algo mucho más perverso y malicioso: la
prensa; columnas de opinión pactadas por el módico incentivo de una
simple acreditación, entradas, entrevistas o promociones de sets de
desayuno con el logotipo de la eñe. No ha tardado el presidente en
aparecer en el circo radiofónico, para amenazar y tesgiversar. Uno opta
por el silencio, otro por el vocerío mediático. Justo antes de anunciar
la preconvocatoria para los Juegos Olímpicos. Se avecina un nuevo
culpable, Pepu, ya que si no se obtiene la medalla de oro no se
demorarán las críticas hacia el seleccionador. La culpa será suya
cuando él lo único que ha hecho es cumplir estrictamente con lo
contractual. Ya conocemos la historia, ante todos los fiascos, Sáez
siempre sale indemne: desde la conversión de un torneo juvenil en un
circo patriótico bajo la apropiación y superioridad moral por encima de
los rivales; con la filtración interesada de que el seleccionador no
iba a seguir después de que los rusos volaran de nuevo con el oro a
Moscú. Ahora no sería menos.
Todo tiene una explicación lógica: el poco respeto de Sáez a cualquier
entrenador a sus órdenes. Pepe disfruta de su condición de patrón de
barco, de apropiador de los mejores valores deportivos, a bajo coste,
con el fin de autopromoción para ascender posiciones en el baloncesto
internacional. A Sáez le motiva más crecer en el politburó que no en la
materia estríctamente deportiva. Todos lo saben, todos callan buscando
una oportunidad para salir por la puerta de atrás. Dimitió Monchó López
cuando prefirió aceptar una oferta del Leche Río Breogán, marchó Mario
Pesquera, se fichó a Pepu, se ganó la medalla de oro en Japón, luego Jenaro Díaz abrió la veda al acabar el Mundial, hace un mes Pepu y más tarde Joan Creus, tres
miembros del staff técnico campeón de Japón. Casi no queda nada, Rafa
Vecina y José Ramón Cuspineda.
Aparecen de nuevo los nombres, Luis Casimiro se deja querer pero el CB Granada va detrás suyo, el sábado marchó de vacaciones,
"vuelvo en diez días",
me dijo, queda a la espera de que su agente adelante posiciones. Todos también esperan a
las decisiones de Joan Creus en cuanto al nombre del entrenador a
escoger en el Barça. Quedaba Ricard Casas, ahora recién renovado en Menorca. Sonó
el nombre de Aíto como la más vulgar de las masturbaciones
periodísticas sin ningún fundamento. Todos los consultados insisten en
un nombre, Gustavo Aranzana, que no renueva por el Baloncesto León, se
lleva bien con Pepe Sáez, factor muy importante, y conoce perfectamente
la Federación Española ya que es miembro del Gabinete Técnico. Es el
nombre de consenso, el primero de la lista y un capataz en el
baloncesto de élite español.
"Gustavo se lo merece, es un currante", me comentan quiénes lo conocen. Apunten esa posibilidad, todos aguardan a
que Sáez mueva ficha, esperaban la mecha que generara un nuevo
incendio. Son conscientes que se vuelve a abrir la veda. Las brasas
necesitaban avivarse, vuelve la quema y la guerra continúa. Sólo un
ruego, que acaben ya.
La primera crísis hará menos de tres semanas
Javier Ares adelantó la noticia