
Seguramente
después de tres días no conviene reflexionar sobre ello, lo interesante
sería tratar de baloncesto, de mercado baloncestístico, tácticas y
proyectos. Todo esto quedará desplazado hasta mañana, no por falta de
contenidos que puede suceder ya que ahora mismo se entrará en un
periodo de falta de noticias sobre este deporte, sino porque la moción
de censura a Laporta no solo afectaba a un club de fútbol o a un símbolo
social barcelonés y catalán sino también a una realidad baloncestística
que no hace mucho fue campeona de Europa y que cada año está obligada a
competir en todos los frentes. Ayer el baloncesto también fue sometido
a la moción de censura promovida por Oriol Giralt y Christian Castellví
-alias "Moi"- quiénes por primera vez han conseguido ganar una consulta democrática
de este calibre quedándose a sólo seis puntos de su objetivo:
derrocar el régimen laportista.
Desde estas líneas siempre he mantenido la distancia sobre este hecho,
básicamente porque consideré este acto que justifica una vez más la
importancia política del Barça más que por el sentido deportivo. No se
engañen, la moción de censura no viene relacionada con las últimas dos temporadas sino que se trata de un episodio más de una guerra de bandas
silenciosa, en la que el oponente no se ve pero existe, se insinúa
quién hay detrás pero solo se perciben rasgos difuminados. El objetivo
no es el Barça, ni siquiera el fútbol o el baloncesto, sino el
presidente del club, Laporta. Ayer estuve presente en la sala de prensa,
con los compañeros Daniel Arias y Latorre durante todo el recuento electoral. Se intuían los resultados a primera hora de la tarde, desde la victoria ajustada al casi 66 por ciento. Un proceso largo y por qué no decirlo tortuoso pero que me sirvió para comprender todo lo relacionado con la actualidad de este club.
Algo debe ocurrir para que en apenas quince meses el personaje a examen
-Laporta- haya evolucionado de ser el principal reclamo para los
dirigentes políticos; incluso se despertaron polémicas por el hacerse
una fotografía con el presidente azulgrana. Laporta era un principal
reclamo no sólo publicitario sino social, popularidad lo llaman. La
figura del presidente azulgrana ha estado relacionada con futuros
compromisos políticos, seguramente Laporta ha actuado de forma ambigua
al relacionarle con estas causas. Al presidente del Barça se le ha
fiscalizado por sus ideas, desde la prospección de su entorno familiar
como por ejemplo la vinculación de su yerno en la Fundación Francisco
Franco, hasta el partido político del que puede ser militante. No sólo
eso sino que se ha buscado vinculaciones estrechas con partidos
políticos, si era militante o no de Esquerra Republicana, si lo era de
Convergencia i Unió.
El fenómeno Laporta se ha visto deborado por la naturaleza de ser un
reclamo.A partir de ahí ha sido una constancia el acoso y derribo de un
sector que aglutina varios sectores principalmente vinculados por la
sociedad civil más conservadora de la ciudad condal; con altavoces y
portavoces, personajes públicos, entidades políticas y medios de
comunicación relacionados con la
droite divine barcelonesa. No todo se consigue con "
una sabata, una esperdenya i una pàgina web". Giralt
ha puesto el rostro, la sonrisa y a lo mejor financiación y la
construcción de una idea electoral, pero ha necesitado de apoyos para
difundir el mensaje -el medio que esté libre de pecado que tire la
primera piedra- así como de contactos para hacer de esta moción de
censura más que un ejemplo de normalidad democrática, una excelencia en
cuanto a preparación, conservación y comunicación de una idea y de un
mensaje.
En el seno directivo ahora mismo se respira después de unos días en los
que se contenían los gestos. La directiva estaba muy incómoda y buscaba
golpes de efectos para reducir el impacto. No se han producido más puesto que el mercado ahora mismo está estancado pero esperaba a última hora la contratación de un jugador norteamericano de sobras conocido por el aficionado baloncestístico. La derrota no supone un
alivio pero si se esperaba algo mucho más sonado, lo cual la victoria
no suficiente para hacer prosperar la moción debe servir de revulsivo
para unos dirigentes que deben cambiar muchas cosas, no sólo las formas
y las palabras sino también los hechos deportivos, como por ejemplo el
baloncesto.
La moción de censura no ha prosperado pero ha conseguido alcanzar su
objetivo de tambalear la actual estructura dirigente azulgrana. El
Barça ahora mismo es más fuerte en su espíritu democrático como también
lo es vulnerable en cuanto a unidad social. No será fácil para la
directiva gobernar en esta situación; si ya fue dificil trabajar con
tranquilidad en el pasado cuesta de imaginar como evolucionarán los
acontecimientos a partir de ahora. Sólo sabemos que desde anoche el
socio ha puesto una cara, un nombre y unos apellidos a la crisis
deportiva que atraviesa la entidad: Joan Laporta. Injusto lo es con el
presidente responsable del cambio de ciclo, oportunista lo es al
aprovechar un debilitamiento deportivo para derrocarle y un castigo
desmesurado ante un fenómeno ya deborado, no sólo por sí mismo sino
también por aquellos que le auparon en un pasado y que ahora no están
dudando de hacerlo caer. Hasta el punto que el fenómeno se ha
convertido en un títere. Sorprenden los pocos discursos que defiendan
la gestión de la actual directiva en las últimas cinco temporadas. Pero
que nadie se engañe, lo de ayer no fue ni deportivo, ni futbolístico,
ni baloncestístico sino que vuelve a recoger la política más estricta,
lo mal llaman democracia.