El cambio de formato para la próxima temporada en la Euroliga va a arrastrar mucha polémica.
Y llevarse a muchos clubes e ilusiones de por medio. La polémica ya
comienza cuando en la ACB y en la Euroliga se comunica lo pactado en la
Asamblea del lunes de forma distinta. En la Euroliga se habla de que se
ha llegado a un acuerdo para dar unas licencias fijas a los equipos más
importantes de Europa mientras que en la ACB se asegura que ese punto
en la reunión todavía no está aprobado y que requiere de una reflexión
y un diálogo mucho más profundo. La Euroliga asegura que se han hecho
consultas tanto a clubes, medios de comunicación, entrenadores,
jugadores e intermediarios varios; a todo el entorno del baloncesto
europeo. Lo que significa que se comienza a caminar para dar a la
actual Euroliga una nueva dimensión con el objetivo de generar más
riqueza y una mayor estabilidad en el medio plazo.
Se habla de asignar tres tipos de licencias, una indefinida para los 16
mejores equipos de Europa, con un límite de tres por país; para ello se
requiere haber participado en como mínimo cuatro Euroligas desde el año
2000. Se tienen en cuenta los ingresos televisivos, la facturación
anual, las asistencias a los recintos y lógicamente los resultados
deportivos. La intención de esta asignación indefinida viene
fundamentada en dar un valor a una plaza indefinida de la Euroliga,
bien para poderla vender en un futuro, bien para conseguir una mejor
financiación crediticia a partir de una mejora de los ingresos, o bien
para dar una mayor seguridad tanto a jugadores como entrenadores para
volver a Europa. Estos equipos podrán acceder más fácilmente a un
mercado más exclusivo de jugadores.
El resto de licencias se consiguen a partir de la mejor clasificación
en la liga doméstica. Por méritos exclusivamente deportivos cumpliendo
con la normativa europea que exige ascensos y descensos en las
competiciones. El resultado de todas estas decisiones darían una nueva
dimensión al baloncesto europeo, a la vez que también lo vuelve mucho
más aristocrático o burgués, dejando al resto de equipos del panorama
europeo en un segundo escalafón, reduciendo las ligas domésticas a un
valor prácticamente nulo.
Por otra parte la Euroliga con esta normativa resuelve una de las
problemáticas de esta competición, participan muchos equipos, 24, pero
existen 6 de ellos que no reúnen los requisitos mínimos de la
competición quedando como meras comparsas. Como por ejemplo el caso del
Brose Basket la temporada pasada al que ahora el Alba de Berlín recoge
el testigo; lo mismo ocurre con los equipos franceses o con el
entrañable Prokom Trefl. Muchos equipos europeos de mayor relevancia
quedan desplazados, como por ejemplo el Lietuvos Rytas, el Dynamo de
Moscú, el Unics Kazán o el Estrella Roja, equipos que no merecen ser
reducidos a un papel mucho más secundario.
Sin embargo conviene una reflexión más profunda. Si se quiere afrontar
este cambio se debe asumir mayores compromisos. Incrementar el número
de equipos a 32 por ejemplo con una fase previa para decidir los otros
8 equipos restantes por allá el mes de Octubre antes de comenzar la
verdadera Euroliga. No solo es cuestión de incrementar el valor de una
plaza de Euroliga, ni siquiera de garantizar un mínimo de competividad
con los ascensos y descensos. El reto de la Euroliga como mejor
competición de baloncesto es hacer que los equipos reúnan la calidad lo
mayor representativa posible. Cuanta mayor sea la representación mayor
reconocimiento y prestigio lo que generaría unas sinergias favorables
para la competición europea, que es de lo que se trata. Conviene
reflexión, consultar y más adelante decidir, un hecho que en días
veraniegos de forma silenciosa no se puede conseguir.
Euro Basketball Association, por Bob Pipirolo