
Seis jornadas disputadas y el
proyecto del Pamesa se ve seriamente cuestionado. Fotis Katsikaris,
entrenador en el que se personalizaban la renovación de aires en
Valencia, fue cesado ayer al mediodía. Le acompaña Johny Rogers, el
que era hasta ahora el director deportivo. Si lo trasladáramos a la
óptica azulgrana, en Pamesa han liquidado el mismo proyecto que
comenzaron a liquidar desde los despachos de Barcelona primero con
Ivanovic y con Savic después. Y es que no todo se justifica después de
derrotas como las que ha sufrido el Pamesa contra el Barça primero,
luego contra el Vivemenorca y finalmente contra el Manresa. Todo viene
de más atrás.
La derrota de anteayer en la Fonteta, con los posteriores silvidos del
aficionado valenciano, fue la gota que colmó un vaso que se comenzó a
llenar la temporada pasada. A Katsikaris se le exigía mucho, pero más
se le exigía al presidente del Pamesa, Manuel Llorente. Llorente
rendía, rinde y rendirá cuentas al propietario del club, Juan Roig. El
nivel de exigencia era y es máximo. En Valencia se interpreta a su
equipo como un equipo grande. Desde la óptica periférica que podemos
tener, bien en Barcelona, Madrid, Málaga o Vitoria es más bien
distinta: el equipo eterno aspirante. En Valencia se han presentado
muchos proyectos; el faraónico proyecto con Rigaudeau, Tomasevic y
Oberto comandado por Paco Olmos, hasta los proyectos domésticos
iniciados con Ricard Casas, son ejemplos de la exigencia valenciana.
Desde el Túria se ambiciona un equipo grande, y como tal más que los
resultados lo que debe primar es la imagen. Katsikaris ofreció un
cambio de imagen a su llegada, con su defensa espartana y a punto de
hacer saltar el proyecto madridista con Joan Plaza en los play offs de
hace dos temporadas. Esa imagen le valió para renovar su contrato a
principios de la temporada pasada. A partir de ese momento las cosas
cambiaron.
Se torció la confianza de la cúpula valencianista en su entrenador a
partir de las derrotas contra la Penya tanto en la Copa del Rey en
Vitoria como en la Final Eight de la Copa Uleb en Turín. Dolieron
muchísimo y ya Llorente se planteaba cambiar de proyecto. Con Rogers
incluído. Se quiso dar una imagen de unidad, pero la realidad descrita
desde Valencia era que cada uno iba por su lado. Como mucho la relación
más fluída era la de Katsikaris con Rogers, pero no ocurría con
Llorente. Existía respeto pero no la complicidad profesional entre
entrenador y director deportivo. Fruto de ella salió la apuesta de
Katsikaris para esta temporada, Demos Dikoudis, como podría haber
salido la de Papadopoulos. El fichaje frustrado del pivot madridista
primero y la inadaptación del ahora pivot valencianista fueron causas
imputadas en el debe de Katsikaris. Así como en el saldo pendiente de
Rogers, responsable de fichajes como el de Milojevic, Avdalovic, Ruben
Garcés, Jon Stefansson o el también panameño Douglas.
Se decidió esperar a principios de temporada pero ya en la pretemporada
se avecinaron tormentas en el equipo de La Fonteta. Todo quedó
solucionado con un "esperemos a que empiece al temporada". El resultado
se traduce en derrotas contra el Barça, Menorca y Manresa. Nadie sabe
apostar cuál derrota dolió más a Roig para presionar a Llorente; todos
señalan que la imagen dada motivaban cada día más para un cambio de
ciclo. El de Katsikaris como el de Rogers ya estaba agotado. Sin
crédito ni confianza.
Todos se esperan a las decisiones de Llorente. El presidente se ha
tomado un periodo de decision para dar con el nombre adecuado. Hablo de
un nombre, pero ustedes me señalarán que se han ido dos nombres. El
Pamesa, según se me ha transmitido desde Valencia es que prescindirán
de la dirección deportiva y apostarán por un entrenador
plenipotenciario. El mercado de entrenadores es ahora mismo atractivo
con una numerosa legión de entrenadores interesantes. Spahija, Scariolo
y Pepu Hernández los que más destacan. Un contexto que también ha
motivado al presidente del Pamesa para cesar a Katsikaris. No tiene
nada que perder y mucho que ganar pensarán en Valencia. Seis jornadas y
tres derrotas son suficientes para liquidar a un proyecto que de por sí
era ilusionante. Aunque desde Valencia ya me avisan, "desde fuera
siempre se ve distinto que en esta ciudad".