Malos tiempos corren en Madrid,
hablando de baloncesto me refiero. Seis derrotas en lo que va de
temporada, cuatro en la ACB dos en la Euroliga. No es el único equipo
grande que ha empezado con mal pie la temporada, pero las urgencias
atacan a la casa blanca. La crítica y la masa social unidas
desacreditando al proyecto madridista. Una vez más con los mismos
actores principales, Antonio Martín y Alberto Herreros, Joan Plaza y el
núcleo duro del vestuario: Felipe Reyes, Axel Hervelle, Alex Mumbrú,
Louis Bullock y Raúl López. No conviene despreciar al rival.
La masa social madridista, así como la prensa, están huérfanas de fe.
Hemos de distinguir a la masa social futbolística de la
baloncestística. Si bien la prensa acostumbra a ser más costumbrista,
el aficionado al Real Madrid de baloncesto goza de una salud más que
suficiente. Acostumbran a acudir 8.000 personas de promedio a
Vistalegre y suele ser un núcleo social marcado por la crítica, la
exigencia de la excelencia y de altos niveles competitivos. El
aficionado madridista no ha dudado ni un segundo en señalar a los
responsables y tampoco lo ha hecho en las inquietudes generadas en el
nuevo proyecto para esta temporada. Excepticisimo acentuado por la
comprobación de los fichajes ilusionantes de los equipos rivales en
Europa y en España. Para ellos la plantilla madridista tiene síntomas
de devaluación contínua.
A día de hoy, los fichajes presentados para esta plantilla sufren de un
periodo de aclimatación. Así como de fichajes de la temporada pasada,
como por ejemplo Papadopoulos. Pero el proyecto madridista no está
muerto, y el debate generado por su entorno demuestra que la sección
está muy viva. A favor del Real Madrid su principal virtud, la
instalación de un núcleo de decisiones estables. Jugadores ganadores y
con carácter, encabezados por Felipe Reyes, Axel Hervelle y Alex
Mumbrú. Los tres han sido protagonistas estas últimas semanas, por su
carácter: el primero -Reyes- por ser el jugador capital del equipo, el
principal destino de casi todas las jugada
protagonizó una trifulca el Vitoria contra Teletovic; el segundo -Hervelle- protagonista central del incidente al simular sufrir una agresión de Teletovic y
de ser protagonista al acabar el partido contra la Penya por supuestamente escupir a Jagla; el tercero en discordia, Mumbrú, aplaudiendo a su afición al recibir una sinuosa pitada después que le sustituyeran.
Los tres son protagonistas por cuestiones extradeportivas, por
marrullería propiamente dicha. Los tres de todos modos presentan la
principal virtud de este equipo: su carácter. Son jugadores que no se
esconden y que cumplen con la naturaleza de la sección. Compiten hasta
el último momento pese a ser jugadores inferiores al rival. El ejemplo
más cercano lo tenemos en su penúltima liga ganada, a domicilio y
contra el Baskonia. La llamada
liga de Herreros.
Problemas estructurales del Real Madrid, los que siempre han sufrido.
Mal resuelta la carencia de bases y muy mal resuelta la integración de
Lazaros Papadopoulos. Ambas han impedido al equipo de Joan Plaza crecer
como colectivo y presentar candidatura en Europa. Un equipo campeón en
Europa se debe construir alrededor de un gran base y un excelente
pivot. Sin embargo estas piezas chocan con el baloncesto de Plaza. Pepe
Sánchez y Papadopoulos son jugadores que muestran preferencia por el
baloncesto estático, de pocos movimientos y como si se tratara de jugar
al ajedrez. Pocas veces hemos visto a Sánchez o Papadopoulos destacar
en contraataques y baloncestos neuróticos. Que choquen con esa
filosofía no significa que sean inservibles, sino que deberían ofrecer
esa pluralidad necesaria en partidos de alta competición. Precisamente
los que desde hace dos temporadas nunca ganan.
Estos problemas se esconden en partidos frente a rivales de potencial
inferior. Partidos en los que pueden destacar jugadores sí acordes con
esta filosofía, el primero de ellos Sergi Llull. El menorquín va
creciendo en la rotación, siendo la pieza imprescindible en los
planteamientos de Plaza. Por contra Llull va falto de experiencia, le
sobra mucha energía pero para el puesto de dirección a menudo es
necesaria la serenidad. Raúl López podría ofrecer ese contrapunto, pero
su estado físico roza lo precario. Llull por juventud no debe asumir
más responsabilidades de las que le pertocan. Como revulsivo, o sexto
hombre, puede tener cabida pero no debe ser la piedra angular -junto a
Felipe Reyes- del proyecto.
Por parte de la pintura. Tampoco se resolvieron las dudas de la
temporada pasada, la incompatibilidad de Reyes con Papadopoulos. Juntos
en pista formarían la mejor pareja de pivots en España, peleando con la
formada por Andersen e Ilyasova en el Barça. Desconozco si esa
incompatiblidad es fruto de Plaza, de Felipe Reyes o del propio
Papadopoulos. Recuerdo cuando a Plaza le pregunté en su primera visita
al Palau la temporada pasada si eran incompatibles. Plaza molesto me
aseguró
"para nada son incompatibles, estamos trabajando en ello y con el tiempo se comprobarán que son absolutamente compatibles".
Ha pasado casi un año desde esas declaraciones y se vuelve a tener una
situación descompensada, Reyes con números estratosféricos y
Papadopoulos sin entrar en la rotación del equipo.
El Madrid está arrastrando sus vicios de antaño pero se ha de esperar
que sean sus virtudes los que le animen a competir en los próximos
meses. No disponen de mejor plantilla que la temporada pasada, ni
tampoco es mejor que la de Baskonia y Barça; pero reúnen aspectos muy
interesantes que pocos equipos ACB disponen. Dualidad de posiciones,
sobretodo en la de alero alto con Hosley -a pesar de su inicio de
temporada- y Mumbrú, más un buen elenco de jugadores en el poste bajo
con Hervelle -clave en muchos triunfos-, Massey, Reyes, Hamilton y
Papadopoulos. Por físico el Madrid puede presentar un equipo muy
interesante con Sánchez, Thomas, Mumbrú, Hervelle y Reyes. Pueden
ofrecer una propuesta muy diferente a la que ofrecen el resto de
equipos candidatos. Sólo es cuestión de encontrarse y definirse.
Encontrar su identidad. Están a tiempo.