Con toda seguridad pasará a la historia como el mejor canterano
fabricado en el Palau. A lo mejor será el que mejor palmarés tiene, ya
que hoy por hoy es el que reúne mejor palmarés, ganador de la Euroliga,
de ligas ACB, Copas del Rey, considerado MVP de la temporada en la
temporada 2005-06 más los éxitos internacionales con la selección
española. Juan Carlos Navarro dejó de ser ya hace mucho tiempo una
simple promesa en la sección para convertirse en el jugador franquicia
y candidato a que le retiren el numero de su dorsal en el Palau
Blaugrana. Se fue como una estrella, volvió erigido en el líder en el
que se construiría la sección. Un líder en el que todas las miradas se
debían centrar, tanto en los éxitos, como en los fracasos, como en la
indiferencia.
Repasando la trayectoria evolutiva de Juan Carlos Navarro no
encontramos más diferencias que las del rol en el equipo y su salario.
A Navarro lo podemos observar y analizar desde dos ópticas, una dentro
de la categoría de estrella del equipo, otra como líder del grupo. La
primera faceta ya la hemos descubierto, la segunda llevamos bastante
tiempo esperándola con insistencia; al menos desde que Bodiroga y Pesic
marcharan de la sección. La primera es la que resulta más cómoda, ya
que es la que ha desarrollado con hasta cuatro técnicos distintos, Aíto
García Reneses, Svetislav Pesic, Dusko Ivanovic y Xavi Pascual. La
segunda es la más difícil, ya que se trata de una categoría repleta de
intangibles. Pero si nos ponemos a repasar números estadísticos,
matemática pura y dura, alejada de intangibles,suposiciones y
expectativas, podemos observar que el rendimiento del jugador no ha
progresado en absoluto. Ha sido realmente el mismo.
Es curioso que con cuatro entrenadores distintos Navarro haya
completado números muy similares. Si hiciésemos un cálculo, la
aportación estadística del jugador es de aproximadamente 25 minutos, 15
puntos, 2 rebotes, 2 asistencias y 15 puntos de valoración media. Una
estadística extraordinaria pero no boyante. Unos números sensacionales
pero que deberíán hacernos reflexionar varios aspectos, el primero de
ellos que Navarro ha cumplido los mismos números siendo una estrella
gregaria de jugadores siderales, léase Gasol, Bodiroga, Karnisovas o
Jasikevicius, que como jugador único de la plantilla. Los mismos
números siendo uno más del equipo que siendo el jugador capital de la
sección.
De Juan Carlos Navarro se ha reflexionado bastante. Cuestionado en
cuanto a liderazgo, a su estilo de juego, su práxis defensiva.
Defendido por su talento, por su imprevisibilidad y reconocido por un
intangible: la consideración de un jugador diferente. Ya no se trata de
un jugador excelente sino que se le valora por ser un deportista
distinto. De una constitución física más frágil que sólida, de una
inteligencia que le ha servido para ganarse el reconocimiento. Navarro
ha pasado duras pruebas, la más exigente, un tercer partido en el
Martín Carpena contra el Unicaja, en la que Scariolo planificó una
emboscada contra Navarro, siempre bajo la atenta mirada del árbitro
griego Pitsikas; otra más gratificante en un partido de semifinales en
la misma temporada contra el TAU Baskonia en la que Navarro anotó los
puntos más decisivos para doblegar al equipo entonces dirigido por
Bozidar Maljkovic que le sirvió para que la afición le ovacionara en
solitario.
El mismo rendimiento temporada tras temporada nos muestra la
regularidad del jugador. Pase lo que pase, jueguen quienes jueguen y
entrene quién entrene, Navarro ofrecerá lo mismo. Se habló del rol
secundario que tenía bajo la batuta de Aíto, y sobretodo en el Barça de
Pesic. Se opinó también que con Dusko el talento de Navarro estaba
secuestrado y que marchó a la NBA en busca de una liberación. Se espera
de Navarro que de un paso al frente en el equipo.
Por supuesto su trayectoria deportiva ha añadido virtudes y ha reducido
defectos. Con Aíto aprendió el oficio, con Pesic se consolidó en la
élite, con Dusko consiguió el reconocimiento y con Pascual, bajo la
permisividad de Creus y de Laporta, ha alcanzado la categoría de
jugador mejor pagado de la ACB y uno de los que tienen mejor
retribución en la Euroliga. Físicamente Navarro ha mejorado, se muestra
un poco más fuerte que cuando se marchó la temporada pasada. También
manda más en el equipo, grita, se enfada y reprocha a sus compañeros.
Han habido cambios, sólo faltaría que el jugador no cambiara desde que
llegó a la élite. Pero no ha añadido nuevas virtudes a su repertorio.
No genera más juego que antaño, recibe más balones que nunca para que
decida los encuentros y captura casi los mismos rebotes. Para colmo
recupera y pierde los mismos balones que cuando debutó. Pierde dos,
recupera uno. La cuestión reside en si conformarnos con lo que ya ha
hecho, o exigirle algo más. Lo segundo es lo más complicado de hacer.