Las primeras
sorpresas siempre llegan en el sorteo de la Copa del Rey. El orden de
los cruces, el morbo de según que encuentros y las posibilidades que se
generan a partir de los debates una vez repartido el orden y los
partidos. Se vuelve a Madrid y de nuevo la polémica. Siempre la ciudad
anfitriona tiene el derecho de invitar al equipo local que participe en
la ACB. Así el TAU el año pasado, el Unicaja hace dos temporadas, o el
mismo Real Madrid hace tres fueron los equipos anfitriones. Los
mentidores baloncestísticos aseguran que garantizarse la presencia de
un equipo local es motivo de mayor asistencia en el pabellón. Sobretodo
en la Final Four de la Euroliga. Una hipótesis discutible, el año
pasado en la Final Four de Madrid no fueron precisamente los
baskonistas los que aportaron mayor número de aficionados, sino que fue
el Maccabi de Tel Aviv, pagando la gran mayoría la friolera de 1.000
euros para desplazarse desde Israel. Lo mismo ocurrió con la elección
de Zaragoza hace cuatro temporadas. Las fases finales tienen siempre el
cupo garantizado de aficionados, por su emoción y también por la
exclusividad de asistir a ellas.
Recalco esto porque habiendo un clasificado como anfitrión, esta
edición disfrutará de dos, uno el Real Madrid de pleno derecho al ser
quinto, otro el Estudiantes que está luchando por mantener -una vez
más- la categoría. Desde el punto de vista argumentativo, siempre las
grandes historias cuentan con la aparición en escena de un sujeto
marcado por su modestia. Y la Copa no es diferente a ellas. El
Estudiantes puede cumplir el papel de contestario como el del Iurbentia
Bilbao la temporada pasada o el mismo Gran Canaria hace dos temporadas
en el Carpena a punto de eliminar al indiscutible Real Madrid del
neófito Plaza. Desde el punto de vista narrativo su inclusión puede
tener cabida, pero se presentan incoherencias con el criterio que
siempre ha defendido la ACB, por un lado defender los criterios
deportivos -léase el plan Euroliga 2.0- frente a la necesidad de
arraigar en los territorios, como en su día me reconoció Senespleda.
Esta situación debe tenerse en cuenta porque se va a repetir esta
polémica cada dos años, ya que la ACB, en una decisión política sin
antecedentes llegó a un acuerdo con la Comunidad de Madrid -dueña del
recinto- para acoger hasta 2013 cada dos temporadas la Copa del Rey. El
acuerdo, político, no por el cánon económico por organizar la
competición, es decir la ciudad o gobierno que más paga, sino: primero
por promoción de la candidatura olímpica de Madrid, luego la necesidad
histórica de compensar a Madrid por tener el baloncesto sus estructuras
de gobierno en Barcelona, más la cuestión política definitiva que
resume las posiciones de la ACB en cuanto al tema Euroliga 2.0. ¿Acaso
la ACB ultimó el acuerdo con la Comunidad de Madrid sin tener en cuenta
la presencia del Real Madrid en una hipotética exclusión de los tres
grandes -Real Madrid, TAU y Barça- de la ACB a raíz de su presencia
garantizada en la nueva Euroliga 2.0?
Esta es la principal incoherencia de criterios de la ACB, adalid del
espíritu deportivo en las competiciones deportivas. Además de
discriminatoria y falta de sensibilidad hacia dos equipos que podían
optar a la plaza del Estudiantes, el Ricoh Manresa, con dificultades
económicas y que una participación en la Copa le podría suponer una
inyección mediática, y el Alta Gestión Fuenlabrada, que podría
incluirse como anfitrión por dos cuestiones, una, la ciudad forma parte
del área metropolitana de la capital, y dos por ser la Comunidad
Autónoma, y no el Ayuntamiento, quién organiza la fase final. Manresa y
Fuenlabrada han resultado discriminadas por un Estudiantes que esta
temporada podrá beneficiarse de la situación de que en la Copa puedan
coincidir dos anfitriones si uno de ellos no se clasifica entre los
ocho primeros pero que en próximas temporadas sólo se podrá mantener a
uno y el mejor clasificado. Un criterio que ha llegado tarde, pero más
bien tarde que nunca.