
Resulta complicado sacar conclusiones a estas alturas de temporada. Por tanto lejos de pretender una prosa incendiaria deberíamos valorar un partido como el disputado entre el Maccabi de Tel Aviv y el Real Madrid en su justa medida. Ha sido una lección para todos, para entorno, para los jugadores de la plantilla como para el mismo entrenador Pablo Laso. El entrenador se equivocó en la forma pero no en el fondo de unas declaraciones en las que reconocía que "aún es pronto para considerarse el mejor equipo de Europa". Evidentemente no lo son, pero es que es de necios plantearse ahora ser el mejor equipo de Europa. Un servidor entiende el fondo de sus declaraciones pero Laso tiene que ser el primero en poner en su justa medida al colectivo de jugadores que dirige, jugadores prometedores que hoy en uno de los templos más sagrados de la Europa baloncestística como La Mano de Elías de Tel Aviv, ante uno de los equipos más grandes de la historia de este deporte como es el Maccabi, lugar dónde han estado a punto de ser corregidos de forma severa.
Es lícito buscarse objetivos altos. El Real Madrid ahora mismo, y me atrevería a decir en los últimos quince años, no puede permitirse ser el mejor equipo de Europa. Es el equipo con más historia, con mejor palmarés de Europa. Es un equipo de enorme pasado y el reto de Laso es situarlo donde le corresponde, pero reconocerlo públicamente resulta temerario porque más de uno podría apuntar directamente a su cabeza después de partidos con el de hoy donde se han retratado todas las virtudes, defectos, coherencias e insensateces del proyecto madridisa. Hoy el Maccabi ha desnudado no sólo eso sino que ha convertido el proyecto de Laso en un proyecto imberbe, inmaduro, frágil y vulnerable. Un duro baño de realismo no sólo para el club sino también tanto para el entorno como para una propaganda que ha pasado de la octavilla a sólo un lema publicitario vacío y estéril.
El Real Madrid ha dado la cara. Y esto es lo que se le tiene que exigir a los jugadores. Competir y ser mejores cada día. Si Laso pretende convertirse en el mejor equipo de Europa tiene que tener en cuenta varias cosas. La primera de ellas, que ni con Llull ni con Sergio Rodríguez en la dirección será el mejor equipo de Europa. Lo digo ahora a riesgo de que la hemeroteca en el futuro me condene y tenga que retractarme. Laso como buen base que ha sido en la ACB es consciente que el baloncesto se gana con la dirección, con el ritmo, con la pausa, con los contraataques y con los ataques en estáticos. De nada sirve los alley hoops de Sergio Rodríguez y sus 8 asistencias a quién le dé la gana. No sirve de nada si el equipo rival tiene a dos bases -uno con fecha de caducidad por el lock out- que sí saben dinamizar a su equipo. Hablo de Farmar y de Papaloukas, ritmo estadounidense -como gusta en Tel Aviv- junto con la pausa de la vieja Europa -como gusta a los puristas del deporte de la canasta-. Sólo con esta pareja de bases, hasta que el lock out dictamine lo contrario, el Maccabi ya es candidato a ser uno de los cuatro en la Final Four de Estambul. Pero es que encima tiene más.
Hoy el entorno madridista no ha descubierto que los Reyes son los padres pero sí han descubierto una realidad mucho más dura. El lock out ayuda pero no convierte a un equipo en el rival a batir. No lo es el Real Madrid ni lo es el CSKA como tampoco lo es el Efes de Ilyasova. El Maccabi es distinto, y eso que cuenta con Farmar que absorbe muchísimo. El Maccabi cuenta con una idea de juego, con un entrenador que siempre ha defendido su idea de este deporte en todos los equipos que ha estado, en Israel o en Rusia, en el Maccabi o en la selección rusa. Da igual Holden que Papaloukas. Mal hará la prensa si hablan de que el Maccabi ganó por Farmar. El Maccabi con el base de la temporada pasada, Pargo, habría jugado de la misma manera. Y habría ganado. De hecho ya lo hizo y no era precisamente el mejor equipo de Europa.
Se hablaba de Ibaka y cierto es que comenzaba a destacar en el partido. Era el segundo cuarto y Blatt, el entrenador del Maccabi ordenó un cambio, entró Sofoklis Schortsanitis y se acabó el efecto Ibaka y el Real Madrid en el partido. Schortsanitis ha sido la pieza fundamental para hacer tambalear la pizarra de Laso, hablamos de un jugador que estaba perdido para la élite, entonces Baby Shack ahora Big Sofo. Blatt ha sido el entrenador que ha convertido a este jugador indisciplinado en un torbellino en el poste bajo que ha arrasado con todo, con Ibaka, con Reyes y con Tomic, en especial este último. El que ha permitido que su equipo remontara y más adelante administrara su diferencia con el Real Madrid.
Del equipo madridista la única buena noticia ha sido comprobar que Carroll está presente. Mientras muchos de sus compañeros se han diluido en el partido, Llull, Suárez, Pocius y un largo etcétera, marcados con la angustia que genera en los rivales la Mano de Elías de Tel Aviv él se decidía a hacer creer a su equipo en la victoria. Mientras todos cedían Carroll se resistía, con cuatro triples casi consecutivos. Triples que contaban con la respuesta de Smith y de Blutenthal y que igualaban la contienda. Es una buena noticia que Carroll -el mejor de largo del equipo hoy- se crezca ante el dominio de Rudy para que cuando éste oficialice su marcha a Dallas dar un paso adelante como líder del equipo en la línea exterior, mientras Pocius se sitúa en la ciudad, mientras Rodríguez comprenda lo que necesita el equipo o mientras Carlos Suárez descubra qué quiere ser de mayor. Es en definitiva la mejor noticia de un equipo que hoy ha evidenciado no que esté lejos de ser el mejor equipo de Europa sino que está lejos de ser un equipo altamente competitivo.
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