
El duskismo comienza a cuestionarse en Vitoria. Después de once años y ocho temporadas el entorno baskonista ya no contempla a Dusko Ivanovic como una figura intocable. Más bien al contrario. Después de once años y ocho temporadas cuestionan tanto a la persona, como al entrenador como a su método deportivo. La gota que colma el vaso de la paciencia en Vitoria se llama Tiago Splitter y el entorno baskonista se muestra dividido entre los que defienden el modelo de club y los que comienzan a ver a Dusko Ivanovic como el principal problema del club. Ver para creer el convertir al entrenador montenegrino en un problema cuando Ivanovic es simplemente el reflejo del problema que sufre el club.
Quizás no hayan ayudado las declaraciones en los últimos días de su presidente, Josean Querejeta, a raíz del fichaje de Splitter por el Valencia Basket, argumentando o filtrando que el jugador no quería volver a ponerse a las órdenes del entrenador montenegrino. La estrategia de comunicación del club no ha sido la adecuada, o sí si lo pretendido es ocultar la problemática principal de un club en cuanto a crecimiento deportivo. El modelo baskonista en los últimos años se ha caracterizado siempre por llegar al final de temporada compitiendo en todos los frentes. Nunca se ha visto con la obligación de ganar las competiciones. Con Ivanovic siempre se han cumplido los objetivos, bajo su tutela el club ha ganado dos ligas-la primera y la última del club-, ha ganado tres Copas del Rey, ha sido subcampeón de la Euroliga -en un play offs contra el entonces rival a batir, el todopoderosísimo Kinder de Bolonia de Ettore Messina- y ha sido subcampeón de la Liga ACB en dos ocasiones. El respeto hacia el modelo de club no ha radicado en el palmarés -que lo tiene- sino en competir hasta el final todas las temporadas afrontando cambios en la plantilla para regenerarse. Este es el modelo Baskonia, y esta es la esencia del club.
El contexto del club es complicado, de la misma forma que muchos equipos de la ACB convertidos en la alternativa a la bipolaridad -Barça y Real Madrid- han sufrido turbulencias en los últimos años. Podemos identificar las trayectorias de Unicaja-se discute su licencia A en Euroliga- o del Valencia Basket-a veces admirado otras veces denostado- como también de la Penya-a las puertas de la élite y ahora con una difícil situación tanto a nivel económico, como deportivo-. El Baskonia en los últimos años ha mostrado una trayectoria regular, ha ganado tres ligas ACB, subcampeón en tres ocasiones, 4 Copas del Rey de seis finales disputadas, 4 Supercopas en cinco finales, ha sido subcampeón de Euroliga en dos ocasiones, ha disputado 5 Final Fours. El modelo baskonia, amparado por instituciones públicas -diputación, ayuntamiento y gobierno autonómico- por la empresa TAU Cerámica y por la entidad de crédito Caja Laboral, no se le debe reconocer por su palmarés -lo tiene- sino por la disputa hasta el final de temporada de los títulos en juego.
El entorno baskonista debe tener en cuenta la realidad de un club que antaño disfrutaba de una condición de monopolio en su territorio y ahora se ve obligado a compartir espacio con dos proyectos que han visto nacer y crecer en la familia baloncestística vasca, Bilbao Basket y Guipuzkoa Basket. Ambos proyectos han crecido bajo la protección del Baskonia -léase la cesión de Splitter al Bilbao Basket cuando el equipo jugaba en LEB 2 y en LEB- y que actualmente se muestran en condiciones de discutir su posición, tal como pudimos ver esta semana en el Iradier Arena en partido de Euroliga entre el Baskonia y el Bilbao Basket. Demasiado para un club de una ciudad pequeña, capital vasca por excelencia, el verse obligado a una limitación de mercado, más cuando los proyectos ACB han apostado por la localidad en lugar de la globalidad, no sólo por cifras de audiencias televisivas sino del conocimiento de la marca Baskonia más allá de nuestras fronteras.
No todo es negativo en un Baskonia al que el entorno con su actitud puede precipitar que el club muera de éxito prematuramente. El modelo baskonia no sólo es válido sino también se muestra vivo. Actualmente puede ganar o perder con cualquier equipo, un hecho que no es nuevo en los inicios de temporada de los equipos que han tenido la autoría de Ivanovic a pesar de ofrecer en algunas temporadas inicios arrolladores. Es cuestión de tiempo para una plantilla condenada a reinventarse, con bajas importantes como en su momento la de Scola, la de Splitter como la de Prigioni en su día, más cuando jugadores que tenían el objetivo de asentarse en el equipo ya no forman parte de su disciplina, como los casos de Marcelinho Huertas o el de Stanko Barac pasando por Matias Nocedal que abandonará el club en los próximos días.
Un proyecto necesitado de la consolidación de jugadores, como Nemanja Bjelica, para crecer y de la aportación de jugadores clave como San Emeterio, Teletovic y Pau Ribas. Una empresa complicada ya en inicio de temporada en la que el alma mater del Baskonia tenía la intención de recuperar a la vieja guardia del club -Prigioni, Nocioni y Scola- consciente de la debilidad estructural de la plantilla; una intención abortada parcialmente -Prigioni fue el primero en volver y quién sabe si vendrán Nocioni y Scola, de un Querejeta, as de bastos en la ACB, respetado por Real Madrid y Barça, temido por el resto de clubes y que sufrió un revés importante en la negociación del nuevo marco contractual de la ACB en el mes de Julio. Esta es la realidad del Baskonia, la que dictamina las expectativas del club para una temporada que no ha empezado bien, cierto, pero cuyos objetivos, siendo fieles al modelo de club, están enfocados en el final de temporada. La primera parada, la Copa.
Sígueme en Twitter @elcapitaenciam
El gestor del esfuerzo por David Pejenaute Jefe de Deportes de Noticias de Alava
La opinión de Joseba Sánchez de Baskonia en Vena