
Será cuestión de miradas, lo cierto es que el entorno del Baskonia se encuentra en uno
de los periodos más agitados que hemos visto recientemente. No es el único,
pues ya hubo otro hace unas temporadas cuando Bozidar Maljkovic entrenó al
equipo. Vitoria, y en concreto el Buesa Arena entraron en cólera por un
entrenador que años antes consiguió con el Real Madrid ganar en el Buesa Arena
una liga ACB en el último segundo, la famosa liga del triple de Herreros, su último lanzamiento como profesional de la
ACB. Boza fue, que yo recuerde, el último incendio social en el Baskonia, ahora un nuevo incendio apunta directamente
a lo que hasta la fecha parecía intocable del equipo, la figura de Dusko
Ivanovic, paradigma de la filosofía de un club que en los últimos años ha
sido el más regular del baloncesto nacional.
A Dusko Ivanovic se le comenzó a cuestionar, aunque de forma
tímida la pasada temporada. Ahora el
incendio se propaga de forma automática desconociendo un servidor quién es el
interesado en avivarlo. No todo es casualidad, sea en Vitoria o sea en
Barcelona. Dusko Ivanovic es una figura
carente de término medio, discutido o alabado, no deja indiferente a nadie.
Lo que le convierte en un gran entrenador para unos lo convierte en un
entrenador discutido para otros, a pesar del palmarés que contiene su hoja de servicios.
Un entrenador que cuenta con un método que desde
el primer día contaba con la complicidad de lo que muchos denominan el carácter Baskonia. Desde la
afición hasta los despachos. Un método exigente, intenso en la forma física y
sin apenas concesiones hacia el tiempo libre de sus jugadores. Después de once
años y ocho temporadas en dos periodos en el club ahora aparece lo que sus más
críticos acérrimos, la relación con los jugadores. Tiago Splitter fue la gota que colmó el vaso o más bien lo que rompió
la inocencia de un entorno baskonista, cada vez mayor, deseoso de poner precio
a su cabeza, lo denominado por Joseba Sánchez como lapidación duskista.
Dusko Ivanovic no es el problema del club sino una parte de
él. Con Splitter como excusa se razona
que por culpa de Dusko muchos jugadores no quieren venir al club. Esa
razón, no desmentida en algunas agencias y matizada por otras, es similar a
otros equipos que cuentan con otros entrenadores. Con la particularidad de la exigencia de un plus económico para
entrenar con el preparador montenegrino. Lo que ahora no sirve, no debería
servir antes en un club que desde la
llegada de Dusko han pasado unos 70
jugadores aproximadamente, y sin contar los otros entrenadores llegados
para llenar su vacio mientras era técnico del Barça y que salieron del club por
la puerta de atrás como Neven Spahija, Velimir Perasovic, Bozidar Maljkovic,
Salva Maldonado o Pedro Martínez, todos por no cumplir uno de los objetivos de
Josean Querejeta: el control del vestuario, y con Ivanovic este aspecto se
aseguraba.
La era Dusko se
traduce en 70 jugadores de los cuáles sólo dos han jugado más de tres
temporadas con él, Luis Scola y Sergi Vidal, ambos con cinco temporadas;
sólo 8 han jugado tres temporadas exactas, Foirest, Nocioni, Calderón, Splitter
y actualmente, Prigioni, Ribas, San Emeterio y Teletovic. Sólo 11 han jugado
dos temporadas: Bennet, Timinskas, Oberto, Betts, Kornel David, Macijauskas,
Roberto Gabini, Stanko Barac, Marcelinho Huertas y actualmente Dejas Musli y Nemanja
Bjelica. Lo que arroja una media de 2,6
jugadores que conocen al entrenador por temporada.
El resto, 49 jugadores,
sólo han estado una temporada o menos, lo que arroja una media de 8 cambios
por temporada. La que menos la 2004-05 con sólo 4 cambios. La gran mayoría con
hasta 11 caras nuevas. El porcentaje es
altísimo, casi un 75% de las adquisiciones son muy temporales lo que obliga al
entrenador a conocer a sus jugadores en los primeros meses de competición. Muchas
se hacían para cubrir lesiones, como es por ejemplo la de Séraphin para
sustituir a Maciej Lampe lesionado en este primer tramo de temporada pero que a
lo largo de estas ocho temporadas estaban a la orden del día. Mucha culpa también
la tiene la metodología de entrenamientos, calificada por algún exjugador del
club como "entrenamientos de supervivencia, pero es el club el que lo consiente y
cuando hay lesiones son los primeros que buscan complacer al entrenador con un
sustituto". El método Dusko es necesario de un periodo de gracia por la
extrema exigencia física de los primeros meses de competición y que ahora,
parece ser, la afición no está dispuesta
a concedérselo.
Las conclusiones se debaten entre que hay jugadores que no se adaptan a la filosofía duskista o bien que Ivanovic no se
adapta a los jugadores que tiene y confirman una lista extensa de jugadores
bajo el aforismo lo que el ojo de Dusko
no ve, una lista formada por jugadores de la categoría de Victor Aleksander, Fabrizio Oberto, Stombergas, Dejan Tomasevic, Corchiani, Wolkowisky,
Sconochini, Andrew Betts, Kornel David, Carl English , Lior Eliyahu o Esteban
Batista; haciendo trampa podríamos añadir a jugadores del Barça como Marc
Gasol, Alex Acker, Victor Sada, Fran Vázquez, Ersan Ilyasova, Romain Sato o
Giannis Bourousis. En esa lista no incluyo por edad a Hermann por parte
baskonista ni a Pepe Sánchez por parte azulgrana ni por rendimiento a Corrales
ni a Mario Kasun.
Si bien es cierto en
la lista de lo que el ojo de Dusko no ve
puede suponer un problema para el entorno del Baskonia no es menos cierto el
aforismo que reza sobre lo que el ojo de
Alfredo Salazar no encuentra. La figura del secretario técnico ha sido
fundamental -más incluso que la de Ivanovic y Querejeta- en el crecimiento del
club. La figura de Salazar fue
acontextual, en unos tiempos en los que se quería imponer la figura del
Director Deportivo de traje y cuello blanco cuya máxima figura podría ser
Maurizio Gherardini o Claudio Crippa y que el Barça quiso copiar con Zoran
Savic. Frente a la tiranía de los despachos, Salazar representaba la sencillez de lo artesanal, un concepto
de dirección deportiva que se acabó de imponer en el Barça con la llegada de
Joan Creus o de Jordi Ardèvol y que se
resume en algo tan sencillo como es el conocimiento del mercado.
Si bien es cierto que Salazar, que trabaja conjuntamente con
Dusko, ha proporcionado jugadores que han tenido mucha estabilidad en las
últimas tres temporadas: Ribas, Oleson, San Emeterio y Teletovic, todos ellos que han contado con rumores
para salir del club en los últimos meses, Mirza incluído. Salazar cuenta
con una dificultad añadida, la aportación de ingresos de los patrocinadores, no es lo mismo los 4 millones de euros
aportados por la empresa TAU Cerámica que no los apenas 2 millones que aporta
Caja Laboral. Con todo y con eso Salazar siempre ofrecía una solución a las bajas del club al finalizar la
temporada. Actualmente el secretario técnico, por cuestiones económicas, no
comete fichajes de garantías.
El ojo de Dusko y el ojo de Salazar hacen del Baskonia un
equipo ciego en estos momentos. Contemplando la escena un Josean Querejeta que ve como la afición cuestiona no solo el método del
entrenador sino la filosofía del club. Splitter rompió la inocencia de un
entorno que comienza a reclamar nuevas ilusiones. Un entorno que tampoco es
consciente de la magnitud real de lo conseguido hasta la fecha.
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