
Tres partidos lleva disputados Ricky Rubio en la NBA y al fervor que despierta el jugador desde
hace unas temporadas en Estados Unidos se comienza a unir una tendencia para
ensalzar al jugador desde la prensa española. Tres partidos han servido
para demostrar varias cosas: la primera, que Ricky ahora mismo ya no es un
invento de marketing, que su evolución en la NBA es constante y creciente y, la
más interesante de todas, un partido suyo de madrugada en la madrugada del
viernes al sábado tuvo en España una audiencia media superior a muchos partidos
disputados en mejor horario en la liga ACB. Este es el comienzo de una historia
que evoluciona hacia el éxito.
Ricky Rubio no estaba
cómodo el año pasado en el Barça, no constan problemas de vestuario ni tampoco
situaciones extradeportivas que justificaran su bajo rendimiento. Ricky
Rubio, afortunadamente, sigue manteniendo su propia esencia como jugador. La
misma en la que se fijó Aíto Garcia Reneses tanto para hacerlo debutar en el
baloncesto profesional cuando él era un cadete. La misma esencia que le
convirtió en uno de los medallistas más joven del olimpismo español. La misma esencia que le permite ser icono
y bandera y que tanto en la Penya como en el Barça no supieron aprovechar,
tanto en la cancha como fuera de ella. Ricky salió por la puerta de atrás de
ambos equipos, en una a golpe de
talonario permitiendo a la Penya sobrevivir económicamente, en la otra a golpe
de crítica periodística.
La figura de Ricky siempre utilizada como coartada, en la
Penya para esconder la llegada era del vacio en Badalona con la marcha de Aíto
y Rudy, el ascenso de Sito Alonso y exponiendo a Ricky con 19 años como líder
espiritual del equipo, en el Barça la situación, después de una primera
temporada excepcional pasó a ser mucho más tendenciosa y siniestra, bien sirviendo
de parapeto de críticas por perder la liga contra el Baskonia -en la que un tal
Marcelinho Huertas se convirtió en protagonista- o bien por no llegar a la
Final Four la temporada pasada en la que Obradovic supo reducir a cenizas todas
las virtudes de ese equipo aspirante a revalidar el título. Un momento en el
que se elevó hacia los altares a un Victor Sada que estaba rindiendo por encima
de sus posibilidades iniciales y sin demostrar esta temporada una mayor
regularidad sino un rendimiento en partidos puntuales.
Una situación más tendenciosa y siniestra porque se hablaba
de forma gratuita de un estancamiento del jugador. El jugador sin principio de inocencia y con todos los fines hacia una
culpabilidad sin incidir ningún medio en las causas. Nadie cuestionó, ni se
cuestiona el papel de un entrenador que por el momento si de algo no se destaca
es por su labor formativa en jugadores jóvenes. De un entrenador por cuyas
órdenes han pasado desde Albert Moncasi hasta llegar a un Xavi Rabaseda que
desconoce la realidad en la que se encuentra. Una misma realidad que un tal Xavi Rey no quiso volver a experimentar.
Pascual, sensacional entrenador donde los haya, especialista en extraer lo
mejor de jugadores curtidos y conocedores del oficio pero, por el momento, incapaz de hacer mejorar a muchos a partir
de sus propias debilidades. Y Ricky, como todo jugador joven, las sigue
teniendo, más cuando siempre lo que se ha reprochado a su precocidad es a la falta de sesiones en el baloncesto formativo para completar su abanico de posibilidades como jugador.
De Ricky se está valorando una mejoría de cara a canasta cuando
es justamente lo contrario lo que se debería ensalzar, selección de lanzamientos y una incidencia en el juego impropia de un
jugador que si bien es cierto lleva acumuladas más de seis temporadas en el
profesionalismo más absoluto no deja de ser un jugador con edad rookye en la
NBA y procedente del baloncesto europeo. Es la incidencia en el juego de su
equipo lo que se debería ensalzar, además de su complicidad con un base como
Barea como fiel consejero aunque no esté vestido de corto en un tiempo muerto. Es la incidencia de un jugador que puede
llegar a obsesionar a un entrenador campeón de la NBA como Erik Spoelstra que no
duda en ordenar un dos contra uno para defender al jugador y detener la hemorragia
que ponía contra las cuerdas a su equipo. Es esa incidencia capaz de
convertir a un jugador como Tolliver en un jugador que pueda conseguir a final
de temporada una renovación a la alza.
Todas estas cuestiones que ahora parecen desapercibidas son
precisamente lo que no se detectaba de un jugador con un rendimiento sospechoso
tanto en la NBA como en la ACB que cada vez que completa un encuentro aceptable
se espera su explosión definitiva, no es otro que Sergio Rodríguez. De
Ricky ya se comenzó a señalar una vez iniciada la competición que su papel se
reduciría a ser un habitual de los highlights, en algunas plataformas
se completaba la información con un papel más discreto. Ricky se demuestra en
hacer lo contrario. La complicidad de Barea y un papel similar a nivel europeo
a Theodoros Papaloukas, observar el inicio del banquillo para luego salir y
cambiar la dinámica del encuentro. Ricky, catalán de nacimiento un estilo
anglosaxón incomprendido a nivel europeo, vencedor de su enfrentamiento contra sus propios fantasmas, en la prensa catalana ya
se indica que su juego enamora y ahora faltará por comprobar a quién no esté libre de pecado si se
esconderá en sus precipitadas piedras.
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