
Vuelve Gianluca Basile al Palau Blaugrana. Seguramente es el jugador europeo con mayor trascendencia en el baloncesto azulgrana. Seis temporadas siendo además el jugador extranjero que más partidos ha disputado -cerca de 325 partidos-. La figura de Basile representó la de un jugador comprometido e identificado con los valores del club más allá de su lugar de procedencia. Lo hizo en un contexto complicado, donde el Barça presentaba un proyecto indefinido sin saber ni de donde procedía, donde iba y donde quería ir. Un contexto amenazante para varios jugadores, desde Marc Gasol -en aquel entonces el hermanísimo-, para Victor Sada y para el jugador que debía ser el abanderado del equipo pero sentía incomodidad por ejercer esa función, Juan Carlos Navarro. Y en esas Savic pensó en Gianluca Basile como uno de sus primeros fichajes donde edificar el proyecto Duskista.
Basile tenía muchas virtudes pero si de algo se debería destacar de él fue su permeabilidad para adaptarse al club. En aquel entonces todos los fichajes se miraban con lupa, Gianluca salió vivo de la quema. Era el primero en salir al paso en los momentos complicados, bien en atender al periodista de turno acreditado en la tribuna de prensa con muchas sonrisas y ningún reproche. Mientras otros fichajes aprovechaban para reprochar a Savic la exigencia de Dusko. También era un jugador que acostumbraba a ser el último en llegar al vestuario para agradecer personalmente la labor de los grupos de animación. Lo idolatraban. Basile era el relaciones públicas del equipo, y eso que no era de la casa. Tuvo unos inicios muy irregulares pero se ganó el respeto del aficionado por resultar ser el mejor jugador defensivo. Mentalidad italiana.
Basile se adaptó al Barça y no al revés. El escolta italiano jugaba encorsetado en unos roles que no le pertenecían por su status. Tanto en la selección italiana como en la Fortitudo de Bolonia era santo y seña, aquí sólo era el gregario de Navarro. Era un líder silencioso, mientras todos pedíamos más a Navarro y mirábamos a Lakovic que era quién lo ejercía. En el Barça, con Dusko y con Pascual, su talento se vió limitado a ser el jugador defensivo que se emparejaba con la estrella contraria y luego amenazaba con el lanzamiento exterior con una práxis tremendamente ortodoxa. El talento de Basile reclamaba más, en Italia era el jugador bandera de la Fortitudo, el que subía el balón, el que ordenaba y el que anotaba. El referente. En el Barça era uno más en un equipo que tenía carencias en muchas posiciones y que pecaba de una sobredosis de escoltas que lo convertía en un equipo previsible y poco competitivo en los momentos importantes.
Basile aparecía en los momentos comprometidos. Se le recordará por ser el solista que destrozaba la partitura que componía el equipo contrario. Ese papel actualmente desierto en el Barça actual. No cabe duda de importancia en el Barça de haber renovado con el club. Basile habría tenido más minutos de los que dispone Rabaseda. Y ya no hablemos de rendimiento. El hándicap de estar lesionado durante la pasada temporada, con su presencia seguramente el equipo habría tenido más recursos para llegar a la Final Four del Palau Sant Jordi siendo como era el Barça el máximo favorito para revalidar el título. Seguramente con él, la pizarra sibilina de Obradovic se habría dinamitado. La lesión, unida a su edad y a su salario , siguiendo unas directrices de reducción de costes de la plantilla pasada, hicieron inviable su renovación y quién sabe si el retirarse en el Palau Blaugrana.
Vuelve esta noche y el club tiene previsto un reconocimiento al jugador. Una camiseta firmada y una placa conmemorativa. Insuficiente. El tiempo, y la política, decidirán si se trata de un gesto gratuito y si sería necesario el merecimiento de un gesto mayor. Seis temporadas, 325 partidos, dos ligas, tres Copas del Rey y una Euroliga más la adaptación a uno de los periodos más convulsos de la sección de baloncesto del Barça merecen situarlo a la altura de los elegidos, a la altura de Norris por encima de Jasikevicius, por supuesto de Lakovic y de un Mickeal cuyo espíritu mercenario le quita méritos. La retirada de la camiseta, la eternidad del Palau Blaugrana. Esperemos que con Basile se rompa la norma no escrita de tener que aprender catalán en la intimidad para recibirla. En eso Lakovic sí le lleva ventaja.
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