
Cumplía a la
perfección los cánones del alero moderno. El tres alto. Jugador de 1,99m,
poderoso, musculado. Un alero todoterreno. El
Barça en aquel entonces sufría de la sobredosis de escoltas, un mal endémico
que supuso la muerte del proyecto duskista. Quién no tenía un alero alto no
podía competir en Europa. No era el único, habían varios de su perfil. Incluso
de su propia generación. En esta
temporada han podido coincidir los mejores, Lubos Barton, Carlos Jiménez, Andy
Panko y Andrés Nocioni. Sin embargo el más especial de todos ellos era de
raza afroamericana, estaba jugando en Corea hasta que una llamada de Alfredo
Salazar lo recuperó para el baloncesto europeo y ser ese jugador diferencial.
Su nombre era Pete Mickeal. Era el mejor de todos.
Mickeal pudo
venir al Barça para rescatar el dubitativo proyecto duskista. La sobredosis de
escoltas acechaba el perímetro del Barça. Finalmente
esas dudas posibilitaron su llegada al Baskonia. Jugador temperamental,
extremadamente competitivo. Con Neven Spahija llegó a su máximo nivel en el
Baskonia. Vino para sustituir a Fred House. El Real Madrid era campeón de liga con Joan Plaza como entrenador y
Charles Smith como tres influyente. Spahija, un entrenador entre lo
transgresor y emocional estaba completando su primera temporada en ACB
procedente del Lietuvos Rytas y necesitaba un jugador de su perfil. Arrollaron
desde el primer momento y construyeron un equipo que llegaría a la final de la
liga ACB. El Barça, para ese perfil había pensado en adaptar a Ersan Ilyasova,
al menos ese era el plan, superaba
contra pronóstico al que tenía que ser el rival a batir. La Penya de Aíto, Rudy, Ricky y Pau Ribas, ya habían ganado la Copa del
Rey en el Buesa Arena. En la cresta de la ola. El Barça completaba su
milagro ganando en el Olímpic de Badalona.
Fue a partir de entonces que Xavi Pascual
conoció verdaderamente a Pete Mickeal. Llevaba
tres meses como entrenador del Barça y para colmo tenía el factor cancha a
favor. Mejor imposible. Sin embargo Pascual cometió un error de inexperiencia,
cuando ascendió como entrenador habló de olvidar los tics del pasado -lo que
comenzó a motivar las primeras líneas en sus inicios como entrenador-. El tic del pasado se fundamentaba en la
adaptación de Ilyasova cono alero alto. El Barça no tenía relevos y seguía
resintiéndose de los escoltas. En esa final de la Liga ACB el Barça perdió un
título pero ganó criterio para el futuro. Fue de la peor forma posible.
Spahija, a través de Pete Mickeal no sólo había conseguido ridiculizar el
planteamiento de Pascual sino que le propinó la mayor meada táctica que se le
recuerda al entrenador azulgrana.
Pascual al finalizar el segundo encuentro
en rueda de prensa estaba tocado y hundido. Un servidor reconoce que quizás
falló las formas en la elaboración de la exposición de la pregunta en la
conferencia de prensa "tienes un problema con Mickeal, lo has
probado todo, has puesto a Grimau, has puesto a Acker, has puesto a Basile,
pero al único jugador que tenías para hacer frente a Mickeal era Ilyasova y no
lo has utilizado, ¿por qué?". Pascual al siguiente partido, el
decisivo, optó por poner a Ilyasova como alero en el quinteto titular. El
experimento resultó un fracaso, duró tres minutos. El Barça manifestó el coladero y perdió la Liga ACB. Pascual desde
ese momento ya supo lo que necesitaría para tener un equipo absolutamente
competitivo.
Mickeal llegó una temporada después al
Barça. Joan Creus apostó por la
contratación de un jugador de semejantes características pero diferente perfil,
Lubos Barton. El checo ofrecía muchas cosas, todas centradas en la labor
oscura. Mickeal sin embargo aportaba un plus como jugador. Jugador con liderazgo, algo carente en el Barça, tremendamente
competitivo, racial y lo más importante, ahuyentaba el miedo. Llegó una
temporada más tarde con el objetivo de conseguir la Euroliga. Acompañaría a
Ricky Rubio, Boniface Ndong y Terence Morris para liderar una propuesta hasta
ahora inédita en el club. La estética anglosajona. Intensidad defensiva,
inmediatez en las transiciones, espectacularidad. El Barça tenía un jugador a
pleno rendimiento que no tenía antídoto en el mercado. Se desató la locura en
el Real Madrid. El proyecto Messina
hacía aguas por la carencia del antídoto. El Barça arrasaba y Mickeal
opositaba para remplazar a Audie Norris como el mejor jugador norteamericano en
el Palau Blaugrana. Para la memoria su partido contra Los Angeles Lakers en el
Sant Jordi y su enfrentamiento con Kobe Bryant.
Una lesión de rodilla y una enfermedad
pulmonar mientras hacía la recuperación en Miami. Un semáforo en rojo para alguien que disfrutaba de la alta velocidad. El
Barça se quedó sin su líder espiritual. Navarro y Ricky quedaron desprotegidos.
Llegó Zeljko Obradovic, rey de los intangibles y se focalizó en las otras dos
estrellas y Pascual desde entonces no ha vuelto a ser el mismo. Pánico en los
planteamientos y propuestas conservadoras. La génesis. Se ganó la Liga ACB y la
Copa del Rey. Apearse de la Final Four
de la Euroliga en el Palau Sant Jordi fue el punto de inflexión tanto en el
planteamiento técnico como en la continuidad del proyecto. El balcanismo
como herramienta, la especulación en lugar de la proposición.
Mickeal es un jugador que no aglutina
voluntades en el vestuario sino que representa mejor que nadie al mercenario
que ejecuta trabajando a sueldo. Si Navarro se considera la estrella -ahora
también el capitán y el líder-, Mickeal ha sido el líder emocional. La vaca
sagrada. El jugador que mejor simboliza
a quién hace uso de la ficha del color rojo del ya famoso parchís instalado en
el parvulario azulgrana. El rojo,
color que aúna la energía que corre por el cuerpo y la fuerza vital. También el
materialismo en su máxima expresión, siendo
el jugador beneficiario de la segunda ficha más alta en el vestuario con 2
millones de euros. Es cuando entra David Carro un auténtico especialista en
salpimentar las negociaciones en los despachos. Carro, el agente del primer fichaje de Creus, André Barrett y agente
del que tenía que ser el fichaje que garantizara el relevo generacional en el
Barça con Rudy Fernández. Especialista en la exposición de los
inconvenientes utlizando a los medios, primero por no resolver la fiscalidad
del jugador -diferente a la del País Vasco-, segundo por filtrar un acuerdo con
el Real Madrid, aprovechando que al tratarse de un jugador extracomunitario no
estaba sujeto al derecho de tanteo al finalizar su contrato. Jugada maestra
aprovechando la sumisión de Pascual hacia el jugador generando una inquietud
similar a la que vivió en esa final de la Liga ACB contra el Baskonia.
Se renovó a Mickeal no sólo manteniendo el
salario del jugador -cosa que no sucedió por ejemplo con Ndong- sino también
garantizando dos años de salario. Mickeal
fue la exigencia de Pascual cuando Creus ya había llegado a un acuerdo con la
otra ficha roja del parchís, Chuck Eidson también por dos millones de euros al
año. Sorprendió de Joan Creus, más por su libro de estilo, que confiara las
dos plazas extracomunitarios a dos jugadores que en teoría juegan en la misma
posición y deberían competir en minutos. A pesar de la polivalencia de Eidson.
Mickeal es un jugador que hasta hoy lo ha
dado todo en el Barça. Como líder nunca se ha escondido. El problema de Mickeal es su poca sintonía entre lo que le pide la
cabeza y lo que responden sus piernas. Mickeal quiere pero ya no puede.
Jugador muy trabajador, exigente tanto en el vestuario como consigo mismo. Siempre se molestaba por los cambios porque
quería más tiempo para seguir intentándolo. La lesión de rodilla le ha
afectado a su explosividad como jugador. Su racialidad tan característica. Si
al parchís se puede jugar de forma lúdica intentando que lleguen el máximo
número de fichas al centro del tablero, recorriendo las 68 casillas que
componen el trayecto desde el inicio al fin de temporada, Mickeal es el ejemplo de ficha que abusa de la hostilidad comiéndose el
resto de fichas que una vez instaladas en el trayecto se ven abocadas a la
casilla inicial aguardando su turno. Kosta Perovic, CJ Wallace e Ingles los
más damnificados, seguramente los que más críticas han recibido esta temporada.
A Mickeal se le ha dado la confianza,
partidos y minutos que muchos jugadores habrían deseado. Mickeal como ficha roja es uno de los responsables directos de la
cumbre con Pascual para cortar las alas a Marcelinho como nuevo referente.
Navarro es una cosa el resto de jugadores eran otra. El origen de la
balcanización. Marcelinho como recién llegado pagando un peaje. Todas las fichas han aceptado tanto la
situación de Mickeal como su carácter. Le necesitaban para competir. Antídoto a los miedos y las inseguridades. Todos conscientes
que ya no sincroniza su mente con sus piernas. Lo saben sus compañeros, lo sabe Pascual, lo sabe Joan Creus, lo saben
los directivos, lo saben los periodistas y lo saben los aficionados. Y,
exigente como es, también lo sabe Mickeal.
Mickeal es un jugador que ha dado mucho al
Barça. En mi opinión, junto con Audie
Norris, merece el absoluto reconocimiento por parte del club. Un
reconocimiento que no tiene que ver con la duración de su contrato. La
situación de Mickeal debe ser asunto prioritario para la próxima temporada. Mickeal no se merece perder el
reconocimiento y estima del aficionado. Ha dado mucho puesto que con su
llegada se constituyó el verdadero punto de inflexión de un equipo traumatizado
con la cultura de la derrota a la ambición por llegar a las cotas más altas.
Ese fue Mickeal y por esa razón el club debe tener sensibilidad con él. A Mickeal, nómada de pensamiento se le debe ofrecer el Palau Blaugrana como su segundo hogar. Hablar
directamente, negociar, gestionar la ira y canalizarla. El club piensa en convertirlo en el tercer extracomunitario para jugar
sólo la Euroliga. Discrepo, es el turno de decidir el abandono de Mickeal
del Palau Blaugrana. El club, siempre, por encima de las personas, por muy importantes que sean.
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