Si algo podríamos vincular a la trayectoria deportiva de Ricky Rubio es
el concepto de precocidad. Precocidad en su debut profesional, con 14
años; también en su consolidación en la élite baloncestística, con
apenas 17 años; ya con la mayoría de edad la precocidad viene dada como
profundo fenómeno de masas. Precocidad profesional y pionero en muchas
formas. En cómo un jugador de 18 años, que principalmente debería ser
sumiso a las voluntades del club que le ha firmado, no solo se ha
rebelado ante esa situación sino que se ha enfrentado a algo impensable
en un jugador joven, europeo, blanco y para colmo base en el
establishment baloncestístico de la NBA.
Su carrera empezó marcada por dos conceptos,
inocencia por su debut, perversión por querer ambicionar retos mayores.
Existe en estos momentos una corriente crítica y reaccionaria por este
segundo aspecto. Corriente generada desde el entorno baloncestístico.
Los primeros que empujaron a dar ideas al jugador para llevar a la
Penya a los tribunales no fueron los agentes ni los familiares, sino
que tuvo su origen hace dos años por parte de la prensa de Madrid
haciéndose eco de un posible interés del Real Madrid en pagar la
cláusula de rescision cifrada. Tenía 16 años. Del imberbe Rubio hemos
pasado al fenómeno Ricky, incluyendo campañas de marketing enfocadas al
público norteamericano que desde los Juegos Olímpicos de Pekín
descubrieron un valor creciente por explotar. Podríamos decir que Ricky
Rubio es el primer jugador europeo en generarse un valor como marca
antes de su debut en la NBA. Primer jugador europeo, blanco, y para
colmo base.
Como valor, la marca Ricky, ha dado un inmenso poder negociador a los agentes del jugador.
Trecet lo comentaba en su blog hará ya unos días, su reflexión se resume en la insistencia de marcar la pauta a los
general manager
estadounidenses. Nunca antes se había observado que un jugador
rechazase ser número 2 del draft; lo habitual era admitirlo pero el
entorno de Ricky siempre ha tenido prejuicios para valorar su futuro en
Memphis, o en Ocklahoma. Lo sorprendente no ha sido ni el rechazo, ni
los prejuicios, sino el desprecio hacia una posición que habría sido
más histórica que el número 1 de Andrea Bargnani o el número 3 de Pau
Gasol. Y lo tenía todo de cara para que así sucediera. La realidad es
que Ricky rechazó todas las anteriores propuestas a favor de ir a
Sacramento, donde ya se había postulado como nuevo fichaje de los Kings.
Nunca sabremos que movió a Sacramento a no elegir a Rubio. Se habla de
la falta de entrenos, de la cláusula de rescisión con su actual club.
Del hermetismo y sobretodo del choque de mentalidades entre la forma de
entender el negocio, y sobretodo el draft, por parte de americanos y
europeos. Quizás para comprender que cuatro equipos hayan renunciado a
un jugador más curtido profesionalmente que los otros cuatro
seleccionados. Decisiones más políticas que deportivas que se añaden a
la apatía del entorno del jugador catalán por situarse en una posición
alta. Para Ricky, cuestión económica al margen, el draft no ha sido más
que una categoría numérica. Primera vez por mi parte que asisto a algo
así.
De ahí al número cinco del draft. Una posición que se cuestiona en un
entorno mediático como el europeo que precisamente no puede valorar a
muchos jugadores situados en las primeras posiciones en la historia del
draft. Bargnani fue número 1 en el 2006, Darko Milicic fue número 2 en
el 2007 y sólo superado por Lebron James, y Pau Gasol número 3 en el
lejano 2001. Sólo tres jugadores en posiciones de privilegio en más de
sesenta ediciones de este sorteo. Ningún base europeo, y menos con sus
características, había sido elegido tan alto como Ricky Rubio. Y eso
sin tener en cuenta que ha sido posible en un equipo que no ha jugado
esta temporada en la Euroliga y que esta temporada no ha ofrecido un
nivel competitivo tan alto como la temporada pasada. Ricky ha sido el
principal sustento de un equipo huérfano de líderes, como Aíto y Rudy.
Ribas, pese a su fenomenal temporada y a su evolución, no ha dado ese
paso al frente para que su compañero no ejerciera en su soledad.
Se habla de la cuestión económica, que el jugador se quiere marchar por
dinero a la NBA. La cuestión no debe centrarse en este aspecto. Para
analizar a un jugador debemos comprender varios elementos que definan
su situación, tanto deportiva como mediática. Quedándose en Badalona
ambas quedarían muy cuestionadas. Aquí es el club, en lugar de imponer
debe proponer al jugador un proyecto atractivo. Ahora mismo, se puede
entender al jugador como a su entorno, las inquietudes que puedan
surgir. Ricky es de los jugadores peor pagados de la ACB y sin embargo
su cotización es de las más altas de la competición. Cierto es que el
club le ha dado mucho al jugador, pero Ricky con los años ha confirmado
que la apuesta no sólo ha sido positiva, sino que ha sido de las más
rentables de la historia de la Penya. Sólo en este aspecto la
rentabilidad debe ser compartida. Ganarían todos, el jugador como el
club por la proyección que se tiene de él en Estados Unidos.
Cuestión deportiva, y es la que más escuece. El contexto es delicado
para equipos como la Penya, que tienen casi imposible jugar en la
máxima competición, la Euroliga. Ricky, jugador protagonista que ha
ganado títulos y medallas en su temprana carrera, merece tener un
proyecto deportivo serio. La situación de la Penya de un año a otro ha
dado un vuelco importante. De ser un equipo protagonista a ser un
equipo comparsa. Ricky en este aspecto, por su crecimiento deportivo,
no merece ser utilizado como herramienta formativa para promocionar a
otros jugadores de la cantera del club. El contexto económico en la ACB
tampoco ayuda, más cuando se está viviendo un auténtico carrusel de
dificultades presupuestarias que comienzan en Valladolid, continúan en
Granada y prosiguen en Valencia. Más que exigir el cumplimento del
contrato se debería estimular al jugador para permanecer en la Penya.
Si no existen estímulos y no existe un compartimiento de
rentabilidades, ausentes de sinergias de entendimiento de ambas partes,
a falta de NBA, lo lógico a esperar es un traspaso. Más que repetirse
situaciones como las de Sergio Rodríguez o Pau Gasol, Rubio seguiría el
camino de otros ilustres jugadores formados en la Penya, léase Raúl
López que recaló en el Real Madrid para luego más adelante marcharse a
Utah. Madrid no es la única opción, ya que Creus en el Barça siempre lo
ha contemplado como un jugador apetecible para su club. Durante los
últimos meses se ha instalado una rumorología alrededor de una
hipotética oferta a Villacampa por Ricky.
El primero en disparar fue Kantinu dos meses atrás.
A día de hoy no está confirmada, pero desde el entorno baloncestístico
aseguran que puede resultar ser una acción propia del mercado
baloncestístico más que una opción real. Una oferta de
"quita y pon "
. Oferto para sondear el valor de mercado, quién ofrece y preferencias
del jugador y del equipo. Lógicamente si Joan Creus oferta por tres
millones de euros a la Penya, así como Maceiras por parte madridista
hiciese lo mismo, el jugador se quedaría en la ACB.
Desde mi opinión, basada en lo que se me aporta, entre los que me lo
niegan y los que me lo afirman, pese a que los discursos más coherentes son los que
me niegan la posibilidad lo podemos resumir en lo siguiente: hay interés en el Barça. Los
motivos los contaré mañana, siempre y cuando la actualidad no me
contradiga; se debería poner en duda la voluntad del jugador en
cambiar de equipo en Europa. Los intentos del entorno del jugador
insisten en arañar un pacto con la Penya para jugar en la NBA. Si Ricky
marchara a un grande de la liga ACB sería por la negación de todas las
partes que están interviniendo: bancos que conceden la póliza bancaria,
sponsors que son los activos que está presentando el entorno para
conseguir ahora mismo tres millones de dólares -¿acaso alguién cree que
realmente Ricky tiene ahora mismo tres millones de dólares en su cuenta
bancaria?- Los bancos no cederán nunca sobre los activos futuros, sino
los presentes ya firmados. Luego, todos sabemos por lo publicado que el
contrato firmado por la Penya está como garantía de una deuda
tributaria que asciende a cuatro millones de euros -no dólares-.
Conociendo mínimamente a Creus, que no quiso ofertar por Jasikevicius
sabiendo lo que cobraba cada temporada, no contemplo que oferte por
cuatro millones para luego tener él mismo que apagar otro incendio la
próxima temporada, por tanto, lo real en estos momentos pasa por dos
destinos, Estados Unidos o Badalona, lo otro sería una opción utópica,
aunque no difícil de producirse.