
Ya le habías visto leyendo un libro al revés o buscando armas de destrucción masiva en una cena de navidad... pero Bush se supera. La última: estuvo
a punto de inmolarse con un coche de hidrógeno. Aparte de las dudas sobre la inteligencia del presidente estadounidense, la anécdota sirve para plantearse la seguridad de estos vehículos.
“Plug it in, fire it up, Mr. President”. El director de Ford, Alan Mulally, tuvo que saltarse todo el protocolo y correr detrás del presidente de los Estados Unidos. Bush estuvo a punto de inmolarse, aseguran, cuando enchufaba un Ford eléctrico y de hidrógeno.
Era en una demostración en Nueva York. Bush debía enchufar el coche y punto. Sin embargo, alguien se dejó un cable suelto. Mulally se dio cuenta, pero parece que Bush no, ya que iba presto a tirar de él y enchufar el cable de la electricidad en el del hidrógeno.
¿Son los coches de hidrógeno a prueba de presidentes del Gobierno?
Este combustible es muy peligroso: estamos ante un gas muy inestable y volátil (de no aislarse bien, se convierte en una bomba incendiaria). Debe conservarse a una temperatura extremadamente baja (a unos 253 grados bajo cero) o a una presión muy alta.
El hidrógeno tiene que enfrentarse a la historia. En 1937, un gran dirigible alemán,
el Hindenburg, repleto de este gas, estalló en pleno vuelo: murieron 35 personas. Esta especie de “Titanic de los zepelines” sirvió para apartar el hidrógeno de los vuelos aerostáticos y sustituirlo por el helio. Muchos se preguntan si este mal no podría trasladarse a los automóviles.
Sin embargo, con el paso de los años, se ha descubierto que el Hindenburg ardió por los materiales utilizados en la construcción de la aeronave. No por el hidrógeno. Es cierto que éste es un gas altamente inflamable y muy explosivo, pero –según muchos expertos-, tratado adecuadamente,
no resulta más peligroso que el petróleo y la gasolina almacenada en el depósito de los coches.
Hace años que hemos controlado muchos de estos inconvenientes –existen multitud de submarinos y de cohetes que se mueven por hidrógeno-. Además, los fabricantes de vehículos han desarrollado duras pruebas para estos vehículos: en algunas, se incluyen disparos de bala a los coches, para ver si llegarían a arder. En este sentido, el Gobierno japonés cuenta con un organismo encargado de estos tests, el Japan Automobile Research Institute (JARI).
Por si fuera poco, este gas y el sistema de pilas de combustible lleva años utilizándose para generar electricidad en los transbordadores espaciales y los astronautas se beben (literalmente) el agua que se desprende como residuo. No hay ningún problema.
¿Qué intereses tiene Bush?Parece paradójico, pero
el presidente de EE.UU., George Bush, cuya familia ha hecho una inmensa fortuna gracias al negocio del petróleo, es uno de sus principales defensores. Eso sí, muchos lo acusan de un doble juego: cara a la galería defiende la independencia energética de su país frente a los estados árabes y se anota una medalla medioambiental, pero –por otro lado- garantiza el futuro de las petroleras en el negocio del hidrógeno, ya que también se puede obtener a partir de hidrocarburos. Conoce qué opinan sus detractores:
Con las pilas de combustible puestas.