
La que se ha armado en el Vaticano.
Lanzaron una pastoral sobre los pecados al volante y Ferrari se ha dado por aludido. Ellos podrían incumplir el quinto mandamiento del buen conductor. Pero...
¿quién quiere ir al cielo si en la tierra puedes llevar un Cavallino?No lo recogen las tablas de Moisés, pero los
10 Mandamientos del Conductor tiene una pastoral para ellos solitos. El 5º dice exactamente: “Que el automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio y ocasión de pecado”. Vamos, que
nada de presumir con coche. Y hasta ahí podíamos llegar... ha dicho Ferrari.
Amadeo Felisa, uno de los máximos ejecutivos de la marca, ha aclarado que
comprarse un Ferrari no es pecado, aunque sí pueda ser considerado un símbolo de status y, por supuesto, que provocarán envidia al prójimo.
Sus compradores, asegura Felisa, se decantan por sus deportivos, pero que, si fuera por ser los más deseados del garaje, ¡qué más da!
Si fuera pecado, “uno debe pecar de vez en cuando”. O, si no, hagamos la prueba: ¿Te comprarías un Ferrari aunque fueras directito al fuego del infierno?
Seguramente todos diríamos un SÍ... El problema que, a veces, con querer pecar no basta.