Ante la creciente población de conductores mayores de 60 años, Ford idea un traje que imita las limitaciones de los ancianos a fin de poder desarrollar habitáculos ad hoc para los mismos.
¿Qué tal se le da a tu abuelita conducir? Aunque te parezca increíble, no estamos hablando de algo puntual, la población mundial envejece y, por ende, los conductores son cada vez más mayores. Las cifras lo confirman. En nuestro país, ya en 1998 los automovilistas mayores de 60 años eran 1.919.845 y en 2006 ascendían a 3.165.920. En total, hablamos de un 65 por ciento de conductores que rozan la jubilación. Y no sólo nos referimos a aquellos que se sacaron el carné en sus años mozos, sino también, a intrépidos abuelos y abuelas que han decidido sacarse el permiso con más de 60 años: en 2006 12.155 ancianos se sacaron el carné, de los cuales, casi 800 superaban los 74 años. Las razones son evidentes: el florecimiento de zonas comerciales en las áreas periféricas, la lejanía de los seres queridos que emigran a las grandes ciudades o la posesión de segundas viviendas son algunas de las causas que hacen de la licencia de conducción un elemento indispensable para desarrollar la vida diaria.
Esto se extrapola a una menor seguridad en la carretera, ya que las habilidades de un anciano son menores en todos los sentidos. Sus movimientos son más lentos, responden con mayor tardanza ante imprevistos, sus reflejos están mermados y su visión es claramente más reducida. Según datos de un estudio realizado en EEUU, el número de accidentes podía crecer entre un 130 y un 300 por cien en veinte años. Por este motivo los fabricantes han comenzado a invertir en I+D para adecuar los vehículos a las carencias de este segmento que representa más de la mitad de la población mundial de conductores.
Destaca la norteamericana Ford que ha desarrollado un traje, el Third-Age Suit (cuya traducción en castellano es “traje de la tercera edad”), que sirve para estudiar los efectos de la vejez en los conductores. Éste está diseñado para limitar los movimientos, ya no solo para salir o entrar del vehículo, sino también para conducirlo. Se completa con unos guantes que reducen la sensibilidad de las manos y unas gafas que merman la visión e imitan el principio de cataratas, algo común en personas de esta edad. De esta manera, los ingenieros comprueban en sus propias carnes las carencias de estos veteranos conductores y, con la información obtenida, pueden diseñar un habitáculo adecuado para nuestros mayores. Con estos datos, están trabajando para reubicar los mandos del vehículo a fin de hacerlos más accesibles y mejorar el tacto de los mismos. También trabajan para que las puertas y el maletero se abran con menor esfuerzo.
También para embarazadas
Junto a éste, también han diseñado otro dispositivo, el Empathy Belly, un traje que imita las dificultades a las que se enfrentan las embarazadas a la hora de coger el coche. El traje está conformado con una bolsa de agua que puede rellenarse hasta un máximo de 15 kilos e imita el cuerpo de una embarazada en avanzada fase de gestación. Con éste, pretenden mejorar las plazas del vehículo para hacerlas más cómodas y accesibles. El gran reto es conseguir adaptar el habitáculo del vehículo a estas personas que, sin ser discapacitadas, tienen reducida su movilidad.