Tras un año y dos meses en prisión, Farruquito consigue el tercer grado: a partir de este, jueves sólo tendrá que acudir a la penitenciaría hispalense Sevilla II para dormir. Su buena conducta y el pago de la indemnización a la familia de la victima han sido determinantes para esta concesión.

El caso del ‘bailaor’ Juan Manuel Fernández Montoya alias Farruquito ya es conocido por todos. Si no es así, os refrescamos la memoria. El 30 de septiembre de 2003, el flamenco atropellaba a Benjamín Olalla, de 35 años de edad, y se daba a la fuga. Conducía borracho un BMW de alta gama sin carné de conducir y sin seguro.
Casi tres años después del mortal atropello, Farruquito era condenado a tres años de prisión y a pagar una multa de 102.483 euros a la viuda de Olalla y 8.275 euros a cada uno de los padres de la víctima. La condena no contemplaba el pago de fianza como vía para eludir la cárcel, ya que los cargos atribuidos eran de homicidio imprudente.
Tras más de un año a la sombra, Farruquito tiene un motivo para sonreír. Ayer se aprobaba la reducción de su condena al tercer grado, esto significa que, desde este jueves, podrá hacer su vida fuera de la cárcel, donde sólo tendrá que regresar para dormir. Hasta ahora cumplía una pena en régimen de segundo grado, lo que le autorizaba a salir de la prisión treinta y seis días al año. Conseguir el tercer grado en sólo un año y dos meses de condena no es sencillo. Según exponen desde la Dirección de Instituciones Penitenciarias, esta concesión se debe a la buena conducta y la evolución ‘positiva’ del artista, junto con el hecho de que haya pagado la indemnización correspondiente a los familiares del fallecido.
Mucho más duro lo habría tenido ‘Farruquito’ si hubiera sido juzgado con el nuevo Código Penal vigente: en vez de tres años hubieran sido cinco, la multa podría haber ascendido hasta 288.000 euros y se le hubiera retirado el carné durante diez años.