El pasado 16 de febrero, el grupo automovilístico BMW confirmó su intención de eliminar 850 empleos en la fábrica de Mini en Cowley (en el condado de Oxford). Los trabajadores afectados fueron avisados ese mismo día, aunque hay fuentes que aseguran que se les comunicó una hora antes de que finalizaran su turno.
La mayor parte de los empleados que se irán a la calle corresponde al turno del fin de semana y estaban contratados en la compañía a través de una agencia, es decir, subcontratados. Fuentes de la empresa también indicaron que el número de días de producción de la fábrica se reducirá de los siete que hay en la actualidad a cinco una vez que el proceso de recorte culmine el 2 de marzo. Por su parte, las personas con contrato indefinido que trabajan en el turno de fin de semana serán recolocadas en los días laborables.
Según la empresa, esta drástica decisión ha sido tomada debido a la mala situación en la que encuentra la industria del motor en el Reino Unido, con un fuerte descenso en las ventas de coches, lo que ha provocado a su vez una notable caída en la producción. Antes del anuncio de estos despidos, Mini tenía una plantilla formada por 4.500 trabajadores en este país.
Lanzamiento de naranjas y manzanas
Los trabajadores reprobaron que no se les avisase con mayor antelación y, según los sindicatos, reaccionaron con protestas que los llevaron a lanzar manzanas y naranjas a la dirección. También expresaron su malestar con las propias centrales sindicales, a las que recordaron que ‘están para defender los intereses’ de los empleados.
Esta crítica situación de la industria del motor en el Reino Unido también se repite en otras zonas del mundo. Sin ir más lejos, en España ya hay aprobados diversos Expedientes de Regulación de Empleo en Nissan, Seat y PSA (recientemente aprobado para la fábrica de Villaverde, en Madrid).
El país más poderoso del planeta, Estados Unidos, tampoco es indemne a la casi agónica situación económica y financiera internacional. Después de que dos de sus grandes grupos automovilísticos, General Motors y Chrysler, recibieran ayudas oficiales suministradas por la Administración Obama, estos dos gigantes del motor han comunicado que están al borde de la bancarrota, que necesitan más dinero público y que prevén despedir a 50.000 trabajadores más.