La potencia sin control no sirve de nada. El famoso eslogan de Pirelli bien podría servir para definir al protagonista de nuestro post: un Corvette de los años 60 tuneado capaz de rendir… ¡2.400 CV! Este coche inconcebible en Europa, es obra de Rob Saboury, un norteamericano que se ha propuesto rozar el imposible en lo que a potencia se refiere. Y es que en EEUU este modelo sí que puede circular ‘tranquilamente’ por carretera. A su lado el SSC Ultimate Aero 2009 (1.287 CV), el Bugatti Veyron (1.001 CV) o la preparación más bruta de un deportivo europeo, como por ejemplo el Porsche Carrera GT de 9ff (900 CV), parecen simples ‘corderitos’.
Estéticamente recuerda al Batmóvil de la mítica serie de los años 70, sí aquella en la que Batman tenía ‘barriguita’. Muy americano de principio a fin, lo cierto es que no cuenta con un diseño precisamente agraciado. Y es que la estética se ha dejado de lado para dotarlo con los elementos necesarios que le permitan incrementar al máximo su velocidad. Ejemplo de ello son el capó elevado o los cilindros laterales. Las ruedas llaman la atención, ya que Saboury ha decido montar unas monstruosas gomas atrás frente a las extremadamente delgadas que van delante (para qué más, si van a durar un suspiro sobre el asfalto).
El motor es un sorprendente V8 sincronizado con un doble turbo y permite a esta locura sobre ruedas alcanzar los 337 km/h de punta. Obviamente, ha sido concebido para participar en las carreras de ‘drag’ tan puramente americanas. Y ya cuenta con su primer récord en la tipología del cuarto de milla (400 metros), que recorre en 6,95 segundos, y en el octavo de milla (200 metros), que cubre en sólo 4,56 segundos. Seguramente, estas impresionantes marcas las consiga gracias a que en aceleración no tiene rival: alcanza los 100 km/h en sólo un segundo, ¿es eso posible? Esta bestia necesita para frenar nada menos que 800 metros y lo hace ayudado por dos paracaídas que van ubicados en su parte trasera.
A su creador no le falta humor: en los espejos retrovisores de su ‘criatura’ ha serigrafiado la frase ‘los objetos en el espejo están perdiéndose’. Saboury define su Corvette no como un coche de calle que pueda competir en una carrera, sino como un coche de carreras que, además, está homologado para circular por carretera. ‘Es tan emocionante’, añade, ‘que casi se te olvida pisar el freno’. No lo dudamos, aunque, desde luego, sólo los que tengan mucha sangre fría se atreverán a ponerse a sus mandos en la calle.