
El mundo entero lleva cuatro días de luto: Michael Jackson fallecía el 25 de junio pasando de mito a leyenda. El ‘rey del pop’ tenía muchas caras: la joven promesa de los Jackson Five, la estrella del pop, el negro que pasó a ser blanco, el cantante acosado por las acusaciones de pederastia, el dueño y señor de Neverland…
Su declive comenzó en los albores del siglo XXI pero, a pesar de ello, cuando en una discoteca sonaba ‘Billie Jean’, ‘Smooth Criminal’ o cualquiera de sus temas, los jóvenes gritaban aquellos ‘himnos’ como hipnotizados. Michael era un genio que, poco a poco, fue sucumbiendo al reverso tenebroso a golpe de bisturí y pérdida de la razón. Su vida es el ejemplo de que entre el genio y la locura la frontera es ínfima.
Tras cincuenta y un años de existencia, Jackson nos decía adiós, dejando tras de sí deudas millonarias, un gran dolor en el corazón de sus familiares y seguidores y muchas propiedades. Entre ellas, una excéntrica colección de coches: el ‘rey del pop’ adoraba los automóviles y, sobre todo, los de juguete. El famoso cantante era el Peter Pan del siglo XX.
La crisis de los 30 le llevó a comprar la finca californiana ‘Neverland’ y convertirla no sólo en su residencia, una mansión de 1.300 metros cuadrados estilo Tudor, sino también en un parque de atracciones y un zoo. En su ‘País de Nunca Jamás’ particular, ‘Michael Jackson Pan’ atesoraba sus réplicas de automovilísticas de juguete. Pero no eran sus únicas posesiones sobre ruedas. En colaboración con nuestros colegas de MyAutomovil.com, viajamos por su extenso garaje, que bien podría ser una atracción más de ‘Neverland’.
Las limusinas de Michael Jackson
Como buena estrella del pop, el cantante poseía una impresionate colección de limusinas con las que se paseaba en público. La más destacable de ellas era una Rolls Royce Silver Seraph de 1999, que diseñó el propio artista. Tan ostentosa pieza lucía incrustaciones de oro de 24 kilates en la lujosa tapicería de cuero y, por supuesto, un minibar siempre lleno. La Silver Seraph montaba un motor V12 de 5,4 litros y 322 CV, el primer V12 que construía la marca británica desde 1939.
Menos exclusivo y más antiguo era el Rolls Royce Spur II (1989), aunque, como señalan en MyAutomóvil.com, este modelo supuso un antes y un después en la historia de las limusinas: fue la primera en llevar ABS de serie, un motor de gasolina de inyección, llantas de aleación y una tapicería blanca que contrastaba con el negro de la carrocería.
Su ‘limocolección’ se completaba con un Lincoln Town Car de 1988, que hizo las veces de coche presidencial con George Bush padre pero en color blanco. Este modelo fue fabricado ‘ad hoc’ para el cantante por DaBryan Coach Builders. Equipaba un motor V8 5.0 de transmisión automática y se caracterizaba por un inverosímil equipamiento para la época: un impresionante equipo de audio de lujo, dos televisores Sony, minibar, techo solar y cristales divisorios.
El cuarto automóvil de Jackson de lujo era un Cadillac Fletwood Series 60 de 1954. El mismo coche con el que se grabó la famosa película, ganadora de un Oscar, ‘Paseando a Miss Daisy’.






Sus coches del ‘día a día’
A diferencia de la gran parte de famosos, Michael Jackson no contaba con decenas de superdeportivos. De hecho, pasando por alto las impresionantes limusinas, sus coches de uso diario sorprenden por ser de lo más ‘normal’. No obstante, las furgonetas que tanto le gustaban escondían en su interior un equipamiento propio del vehículo del Equipo A.
Su furgoneta Ford Econoline de 1993 contaba con asientos de piel en riguroso negro, pantallas individuales para cada asiento y una consola de videojuegos (de las míticas). Junto a ella, y con menos parafernalia, estaba el todo terreno GMC V Jimmy de 1988.



Excentricidades automovilísticas: los coches de ‘Nunca Jamás’
Todos ellos representan el comienzo del ocaso del artista. Tras las incontables operaciones quirúrgicas para volver blanca su piel y cambiar sus rasgos afroamericanos, Michael se convirtió, para muchos, en una especie de monstruo. Su débil estado de salud se unió a una gran inestabilidad emocional: la gran estrella se empeñó en no crecer y disfrutar de una infancia sin fin con su parque de atracciones particular y con su colección de coches de juguete.
Una de las piezas más conocidas era el GMC High Sierra ‘tuneado’ como un camión de bomberos, que se utilizaba para ese fin en Neverland, aunque, afortunadamente, nunca tuvo que apagar ningún fuego. Otra de las maravillas de Jackson era una Harley Davidson Touring de 2001 del cuerpo policial, con la que seguro que el cantante se paseaba por el parque de atracciones como el sheriff local. Y para recorrer Neverland, utilizaba a menudo un carro de golf personalizado con motivos de Peter Pan.
Pero además, destacan de sus posesiones infinidad de coches de juguete, como la réplica de un Dodge Viper dedicado a Los Simpson, un carrito de helados estilo años 50 bautizado Neverland Valley (el valle de Neverland), un carruaje de caballos del siglo XIX alimentado por energía eléctrica, un cuidado Jaguar verde o una réplica retro de un triciclo Sky King.














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